7 años de un NO histórico a la paz en Colombia

Domingo 2 de octubre de 2016, ese día 6 millones de colombianos le dijeron No a la paz. No importó la sangre de 450.664 fallecidos, tampoco se escucharon los gritos de auxilio de 100 mil desaparecidos. 50,23% de los votantes dijeron No al acuerdo de paz con las hoy extintas Farc-EP; el 62,59% ni se interesó en salir, total, ¿qué importaban más muertes, más desaparecidos y más violencia en este país?

Por: Camila Del Vecchio Sosa / cdel213@unab.edu.co

Cada 2 de octubre debería ser un día para arrepentirse de ese fracaso como sociedad en el que la Colombia del rencor, odio y manipulación le ganó el pulso a la otra Colombia que le apostaba a la paz y a la reconciliación. Cuando me asignaron este escrito no entendía. Para mí no tenía sentido haber insistido en continuar el conflicto armado más antiguo que tenía América Latina, entonces comencé a preguntar… 

Me encontré con todo tipo de excusas. Una fue que la pregunta era confusa. “¿Apoya el acuerdo final para la terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera?” Ese pedacito, el de una paz estable y duradera, decían que volcaba las votaciones directamente al Sí. Sin embargo, no es necesario que la pregunta fomente el Sí; el solo planteamiento de apoyar la paz y terminar un periodo de violencia hace concluir que la gente dirá que Sí. Entonces,¿lxs colombianxs no querían una paz estable y duradera? 

Lo anterior me dejó aún más confundida, ¿estas personas no querían la paz? Después de increparlos me decían que sí la deseaban, pero que no así. Que los guerrilleros tenían que pagar por cada uno de sus actos. Que hace algunos años cierto gobierno de mano firme y corazón grande ya los tenía “casi acabados”. ¿Pero esa guerra contra la guerrilla no fue la que hoy dejó 6.402 ejecuciones extrajudiciales? 

El perdón es más fácil decirlo que sentirlo. ¿Se puede construir una paz fundamentada en el odio y el castigo? ¿Dimensionaron, acaso, que eso no significaban más muertes, más desplazados, más desaparecidos, más recursos destinados a la guerra y no a la educación, la salud y el medioambiente? 

En los territorios en los que ganó el sí están más del 50% de las víctimas del conflicto y eso es una lección de historia y paz que no podemos olvidar, allá no importó el pago o no pago de dinero o cárcel, allá importó el fin de la guerra. En Bojayá (Chocó) el sí ganó con un 95,78%, en Caloto (Cauca) con 72,9%, en Miraflores (Guaviaré) con el 85,65%. ¿No era preferible un acuerdo imperfecto, a que no hubiese acuerdo?

Ninguna encuesta daba al No como el ganador. La derecha se volcó contra la paz, usando palabras como: terrorismo, castrochavismo, impunidad, violencia, ideología de género. Todxs se imaginaban como Venezuela o Cuba si aceptaban el acuerdo que llevaría a las FARC a la Casa Nariño. Han pasado siete años y lo que he visto son 355 excombatientes (a enero de este año) asesinados luego de la firma del acuerdo de paz y un partido (Comunes) que sigue castigado en las urnas. 

Si el grupo político que ondeó la bandera del No puede sentir remordimiento, debe tener pesadillas cada día, pues jugaron e hicieron campaña con el cuerpo y memoria de millones de muertos y desaparecidos, y sus acciones y palabras los volvieron a sepultar. 

El lector puede pensar que me dejo llevar por mis sentimientos al mostrar a Colombia como una nación guerrerista. Y sí, tengo muchas emociones, pero esto no significa que no pueda ver que perdonar y olvidar sin castigar no nos gusta; que seguir la idea de un líder es más fácil que enfrentarnos a nuestra razón; y que al final todxs queríamos la paz, pero no supimos cómo es que dijimos que No. 

Somos el retrato de los escritos de Gabriel García Márquez, la costumbre nacional de responder con violencia dicta lo que hacemos. La normalización de la muerte en La hojarasca; la perpetua calma de La crónica de una muerte anunciada y las mil generaciones de Aurelianos son los colombianos que no logramos despertar de esa pesadilla violenta. Nos dan oportunidades, pero preferimos seguir en el bucle sinfín de las verdaderas máquinas de guerra.

Hoy no se celebra, hoy hay que leer nuestra historia, desde antes del conflicto, para que jamás vuelva a ganar el No a la paz, para que la violencia sea cada vez una realidad más lejana y para que la no repetición se haga costumbre. 

Universidad Autónoma de Bucaramanga