¿Aceptas pasar tu vida al lado de Jesús?

Por Andrea Julieth Acevedo Ortega – aacevedo528@unab.edu.co / María Alejandra Godoy Torres – mgodoy620@unab.edu.co

Faltando un cuarto para las cinco de la mañana, cuando la gracia de un nuevo día comienza a manifestarse en el silencio, Carmen Emilse Jerez Flórez se alista para comenzar su jornada como novicia en la Orden de la Visitación de Santa María de Málaga Santander. Tan solo 40 minutos después, se tocan las 10 campanadas: “De esta forma se le da llamado al coro para realizar la oración del Ángelus, para posterior a ello hacer el oficio de laudes”, comenta mientras explica que esta es una de las oraciones diarias de la iglesia Católica.

El monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María, sede
Málaga, Santander está ubicado a la salida del municipio, por la carretera para Concepción.  /FOTO PROPORCIONADA POR LA HERMANDAD.

Cuando el reloj marca las 7 de la mañana, en este monasterio malagueño, ocho hermanas —seis solemnes y dos novicias— se reúnen para la Eucaristía, seguida por la acción de gracias y el Santo Rosario. “Nosotras somos una entidad contemplativa, es decir, realizamos oración en el claustro estableciendo así una conexión con el Señor», dice Amparo Isabel Veloza Gómez, quien es la Madre Superiora de esta comunidad religiosa desde hace tres años. Solo después de este encuentro matutino con lo sagrado, llega el desayuno.

Mientras las hermanas profesas se dirigen a sus diversas «oficinas» –la bodega, la cocina, la panadería– donde fabrican el vino, las hostias, el pan y realizan las distintas labores del hogar; las estudiantes se sumergen en sus clases: “Allí aprendemos sobre el catecismo, la vida e historia de nuestros santos padres, la Sagrada Biblia y las constituciones de la orden, que son reglamentos establecidos dentro de la misma comunidad”, afirma la hermana Carmen Jerez, de 49 años, quien lleva dentro de este proceso 3 años.

“Acostumbramos a ofrecer una semana de experiencia para que puedan conocer el ambiente antes de decidir”, comenta la Madre Superiora. FOTO PROPORCIONADA POR LA HERMANDAD.

Las dos aprendices se diferencian de sus compañeras debido a su velo blanco, que caracteriza su primera etapa de formación. Sin embargo, el proceso de la toma de hábito puede tardar dos o tres años, pues este se divide en fases que le permiten a la aspirante acostumbrarse de manera progresiva sin tener un choque de realidad. “Acostumbramos a ofrecer una semana de experiencia para que puedan conocer el ambiente antes de decidir”, comenta la Madre Superiora. Las mujeres que deciden continuar su formación pasan a la etapa de postulantado, que dura aproximadamente dos años y es donde crean cambios necesarios en sí mismas para poder iniciar la vida religiosa. Al finalizar estos “años de prueba”, las postulantes pasan a su noviciado, donde, tras la reunión capitular, la joven recibe sus nuevos hábitos y toma a una de las hermanas solemnes como su maestra para los siguientes seis años.

Infografía producida por María Godoy y Andrea Acevedo.
Fuentes: Madre Superiora Amparo Isabel Veloza Gómez

Para la hermana Erika Johana Cuadros Vásquez, de 21 años y originaria de Concepción, Santander, la decisión de ser postulante vino por una intervención directa de Dios, quien le fue mostrando lo que es la vida religiosa: “En pandemia, yo estaba cursando mi último año de colegio, sin saber muy bien lo que era; me dejé llevar por este deseo de entrar a la comunidad”. 

La Orden de la Visitación de Santa María acoge a las mujeres sin importar su estado de salud, situación económica o edad, pues como subraya la Madre Amparo: “Lo importante es el alma, que tengan buen espíritu y deseo de servir a Dios”. Fundada en 1610 por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca Frémyot de Chantal, la comunidad nació para responder a la profunda necesidad de guía espiritual de la época. La mentora lo resume al afirmar que “todas las órdenes surgen por una necesidad”.

La Orden de la Visitación de Santa María fue fundada en 1610 por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca Frémyot de Chantal. FOTO PROPORCIONADA POR LA HERMANDAD.

Actualmente, la Orden se extiende por los cinco continentes, contando con alrededor de 4.500 monjas en 130 monasterios. Sin embargo, varias sedes de Europa han cerrado debido a la escasez de vocaciones. 

Frente a esta situación, las principiantes de la congregación malagueña reafirman su promesa de seguir por el camino del servicio a Dios. “Recuerdo mi vida como era antes y eso me da fortaleza para seguir; nunca en mi vida me había sentido tan feliz como ahora; uno gana mucho al seguir a Dios”, asegura la hermana Erika Cuadros. Este sentimiento es compartido por la líder espiritual del lugar, quien refuerza la idea de que las luchas de la vida no se acaban al entrar a la comunidad: “Siempre van a existir, pero entre más grandes sean las dificultades, más nos acercamos y lo conocemos a Él”, termina. 

La guía espiritual refuerza la idea de que las luchas de la vida siempre van a existir, pero entre más grandes sean las dificultades, más nos acercamos y lo conocemos a Él. FOTO PROPORCIONADA POR LA HERMANDAD.

“Siento que aún me falta mucho por aprender; algunas veces presento dudas, pero estoy segura de que poco a poco el Espíritu Santo y la gracia de Dios me darán la confianza necesaria para seguir adelante y comprometerme de por vida”, manifiesta la hermana Carmen Jerez. Mientras que la más joven de ellas consolida su compromiso con la vocación: “Con la ayuda de Dios, yo me siento preparada para dar ese próximo paso y seguir a Dios por el resto de mi vida”, concluyó.