Paloma Bahamón, quien además es docente de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab. /FOTO SUMINISTRADA

Walt Whitman tiene uno de los versos más inquietantes y recordados de la poesía universal. En su libro Hojas de hierba canta: “¿Qué de bueno hay en medio de estas cosas? Respuesta: Que estás aquí – que existe la vida y la identidad. Que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso”. En estas palabras del poeta norteamericano, recordamos el valor de la esperanza y la cotidianidad de las desventuras. Existen días llenos de pesares y angustias, pero también los hay vestidos de flores y rayos de sol.

Asimismo, Whitman nos dice que como seres humanos tenemos la capacidad de contar nuestra manera de sentir, percibir, pensar o recordar el mundo. Por eso, cuando encontramos soñadores que saben hacerlo, se debe celebrar su contribución. Este es el caso de la poeta colombiana Paloma Bahamón, quien en el 2014 publicó Aguafuerte: un sincero y penetrante libro de 63 poemas que deja visualizar una pasión poética inquietante y muy humana.

En sus versos se construye un mundo lleno de figuras de antaño, de imágenes conmovedoras que muestran un pasado añorado, un pasado que aún quema el cuerpo como el hierro ardiente en la piel. Bahamón convoca figuras de amigos, familiares, poetas, escritores y personas que han dejado una huella imborrable en su trashumancia. No importa si algunas de ellas ya descansan en el silencio eterno o aún deambulan por las tablas de este drama que llamamos vida; todos aún son habitantes en el cuerpo de la poeta. Todos aún se van de viaje y parecen regresar a su memoria para hacer parte de un conmovedor mundo poético. Con sus metáforas y símiles, los trae de regreso a su regazo.

Sin embargo, en ocasiones la espera no es placentera. La voz de la poeta se rompe y el dolor aflora. Se extrañan los lugares, se añoran otros tiempos, otros colores y se sufre por la ausencia de los que seres amados. Quizá, sin pretenderlo, su poesía logra demostrarnos que el pasado fue mejor porque hubo personas con las cuales entonamos una canción de Janis Joplin, leímos un poema de Alejandra Pizarnik, discutimos sobre historia, filosofía o sobre la sombra del agua o la guerra de los olvidos.

Estos recuerdos dejan ver, a través de la ventana del tiempo, que no olvidamos el amor ni el dolor, pero sí, quizá, el rostro de los amados. Seguramente, es en la soledad de la poesía donde más duelen los recuerdos, donde sus paisajes, sus sonidos o sus historias, se transforman en monstruos, miedos o muertos. Mientras leemos a Bahamón descubrimos que, aunque el pasado es melancólico, la esperanza emana de cada palabra. En sus poemas sentimos que nadie está solo, que la poesía es la compañía silenciosa de los que amamos y que el pasado es un eco de ángeles que viene desde muy lejos a darnos esperanza. En definitiva, podemos percibir que para la poeta siempre perteneceremos al pasado y al presente, y que al construir un verso somos la voz de muchos sin importar el tiempo o el espacio.

En cada verso de Aguafuerte, la muerte se disfraza de vida; en cada poema, el mundo se construye de nuevo. Bahamón ha aceptado la respuesta de Whitman y ha escrito un nuevo fragmento en la historia del Cosmos. Ahora, parte de su pasado es nuestro pasado, parte de sus experiencias se grabarán sempiternamente en nuestras experiencias.

Por Julián Mauricio Pérez G.*
jperez135@unab.edu.co
* Docente de Expresión y Literatura.
Departamento de Estudios Sociohumanísticos y programa de Literatura Virtual, de la Unab.

 

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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