Por: María Angélica Uribe – muribe258@unab.edu.co, Luz Adriana Prada – lprada608@unab.edu.co y Tania Selene Valencia tvalencia722@unab.edu.co
En los últimos tiempos, se ha hecho común que los estudiantes y profesores hablen sobre la IA: que si usan ChatGPT para que les hagan por completo sus trabajos o si solo es una ayudita extra, que si se ha desarrollado una dependencia a este “instrumento” o si simplemente se está automatizando el conocimiento. Tanto dentro como fuera de las aulas, esta “herramienta” ha generado un debate lleno de opiniones encontradas, que pueden ser un tanto controversiales. Pero, a todas estas, ¿Qué es la IA?

Bueno, la inteligencia artificial es un campo de la informática que se centra en desarrollar sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como el aprendizaje, la toma de decisiones, el reconocimiento de patrones y la resolución de problemas; es decir, las máquinas imitan el proceso cognitivo que tienen los humanos. Esta funciona mediante el uso de algoritmos y datos; son conjuntos de instrucciones que permiten a las máquinas aprender y mejorar su rendimiento con el tiempo.

En el mundo de la IA existen varios tipos; sin embargo, se pueden clasificar principalmente en dos: la débil, que son sistemas diseñados para tareas específicas, como asistentes virtuales o sistemas de recomendación, tipo el algoritmo de TikTok o el sistema automatizado de WhatsApp; por otro lado, está la fuerte, que son máquinas que tienen la capacidad de entender y razonar imitando a un ser humano. De este tipo no existen ejemplos porque aún están en desarrollo.
En la actualidad, la IA tiene múltiples aplicaciones. Según el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, en Colombia, el 1,8% de las empresas utiliza inteligencia artificial. Esto resalta la oportunidad de crecimiento de esta tecnología en diversos sectores.
La inteligencia artificial ya ha comenzado a transformar los procesos empresariales, optimizando tareas rutinarias, mejorando la eficiencia y potenciando la toma de decisiones a partir de grandes volúmenes de datos. Esta transformación digital no solo representa un avance tecnológico, sino también una herramienta de competitividad para las empresas que buscan adaptarse a un mercado cada vez más globalizado y digital.
¿Confiar o no en la IA? Ventajas y desventajas
Según un informe de la revista Forbes, un 64% de la población se siente segura al interactuar con esta tecnología. Conforme más empresas hagan uso de la IA en sus operaciones, su influencia en la sociedad será cada vez más notoria, alterando nuestra manera de trabajar, relacionarnos y consumir información. No obstante, este avance también trae consigo importantes desafíos éticos y educativos que será necesario abordar.
El impacto de la inteligencia artificial es claro en múltiples aspectos de la vida cotidiana, con efectos tanto positivos como negativos. Facilita procesos que antes requerían mucho tiempo y esfuerzo. Desde asistentes virtuales que ayudan a gestionar agendas hasta sistemas de recomendación que personalizan experiencias de compra, esta tecnología permite que las personas optimicen su tiempo y accedan a servicios adaptados a sus necesidades.
Sin embargo, la IA también presenta desafíos. Uno de los principales problemas es la dependencia que puede crear, afectando la capacidad de las personas para resolver problemas por sí mismas. Esto es especialmente relevante en el ámbito educativo, donde los estudiantes pueden volverse perezosos al tener acceso a herramientas que completan tareas de forma automática. Según Alejandro Anderlic, director de Asuntos Gubernamentales y Políticas Públicas de Salesforce en Latinoamérica, “la tecnología no es ni mala ni buena, depende del uso que le demos. Un uso ético y responsable requiere poner en práctica valores como la confianza, inclusión, igualdad e innovación. Tenemos que movernos porque la tecnología avanza rápido, pero tenemos que hacerlo con cuidado, hacerlo juntos y nunca olvidar poner a los usuarios en el centro”.

Dentro de este debate también ha surgido la pregunta de si las personas deben alarmarse por el desarrollo que ha tenido o deben confiar en ella. Pues, si los grandes de la tecnología como Bill Gates, Elon Musk y Mark Zuckerberg no se han puesto de acuerdo para resolver esta inquietud; nosotras, simples mortales que solo vemos la punta del iceberg y tenemos un conocimiento casi nulo de la situación, no podremos decirle si debe o no alarmarse, pero sí podemos mostrarle el panorama. Aquí están las dos caras de la moneda.
De acuerdo con Confianza en la Inteligencia Artificial, un estudio global sobre los cambios en la percepción pública de la IA en 2023, más de la mitad de la población desconfía de los sistemas. Un 61% de las personas expresa dudas sobre su seguridad y equidad, y solo la mitad considera que los beneficios superan a los riesgos potenciales. Expertos en el campo han advertido que el desarrollo de una IA superinteligente podría representar un riesgo existencial para la humanidad, comparándolo con amenazas globales como pandemias o guerras nucleares.

Por otro lado, estos sistemas ofrecen oportunidades significativas como mejora en productividad, ya que pueden optimizar procesos y aumentar la eficiencia en diversas industrias. La clave para utilizar esta herramienta radica en encontrar un equilibrio entre aprovechar sus ventajas y mitigar sus riesgos, porque, como lo afirma Diego Fernández Slezak, doctor en Ciencias de la Computación (UBA) en una conferencia de TEDxRiodelaPlata, la IA, como toda tecnología potente, trae enormes beneficios, pero también algunos riesgos.
Cuando se habla de inteligencia artificial, tiende a generarse un pánico colectivo debido a los titulares en los noticieros o los teléfonos rotos de “nos vamos a quedar sin trabajo”, “los robots nos van a dominar”, etc. Sin embargo, no se trata de caer en un régimen en donde se le obedezca a las máquinas, un pensamiento que se viene dando desde la revolución industrial, pues, como todo ciclo en la vida, algunas cosas aparecen, otras desaparecen y las demás se adaptan, en este caso a la IA y su vínculo con la humanidad.

Una investigación científica realizada en 2023 por Godman Sanch, que es uno de los principales grupos de banca de inversión y valores a nivel mundial, dio como resultado que la inteligencia artificial podría hacer el 25% del trabajo que hacen actualmente los humanos. Lo anterior, tendría como consecuencia la pérdida de 300 millones de puestos de empleo en la Unión Europea y Estados Unidos.
Entre las ocupaciones laborales que podrían ser reemplazadas por la inteligencia artificial se encuentran: el diseño gráfico, las artes visuales, los roles administrativos y los cajeros de banco, ya que estas funciones son en su mayoría sistematizadas. Esto se debe a que la IA generativa tiene la capacidad de crear imágenes y gráficos de manera rápida y eficiente, lo que puede disminuir la demanda de diseñadores y artistas para tareas rutinarias.
Asimismo, muchas tareas administrativas, como la organización de documentos y la elaboración de informes, pueden ser automatizadas mediante software que procesa datos con mayor precisión y velocidad que un ser humano. En el caso de los cajeros de banco, la automatización ha transformado su papel, permitiendo a los clientes realizar transacciones a través de máquinas expendedoras y aplicaciones móviles, reduciendo así la necesidad de intervención humana en estas tareas.
Sin embargo, no todo está perdido, ya que las profesiones que requieren la creatividad como enfoque principal, tales como la investigación científica y el desarrollo de estrategias, seguirán siendo relevantes. Del mismo modo, los empleados que demanden habilidades interpersonales, en áreas como la enfermería, la consultoría y el periodismo de investigación, también estarán protegidos ante el avance de la inteligencia artificial.
Hablando de periodismo, ¿Cuál es su impacto con la llegada de la IA?
En junio de 2024, el Reuters Institute y la Universidad de Oxford realizaron un estudio con participantes del Reino Unido, México y Estados Unidos. Los resultados mostraron que el 36% de los encuestados no se sentía a gusto consumiendo noticias escritas por humanos con la participación de la inteligencia artificial. Por otro lado, un 19% no presentó ninguna incomodidad con notas periodísticas generadas principalmente por IA bajo supervisión humana.
Manuel Alejandro Guerrero, presidente de Orbicom, una organización de investigación académica mundial, y profesor de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, señala algunas medidas para lograr un periodismo más ético y responsable en relación con la inteligencia artificial. Entre ellas, destaca la implementación de protocolos y la influencia de los criterios de quienes están a cargo de los medios de comunicación.
«El uso de la inteligencia artificial en los medios de comunicación depende de los reguladores y de los criterios éticos de las organizaciones periodísticas. Muchos medios priorizan la rapidez y la monetización sobre la verificación de la información, lo que afecta la calidad de los contenidos. Es fundamental que los periodistas reciban capacitación en el uso de esta tecnología y en sus implicaciones éticas, para asegurar un uso responsable que beneficie la relación con sus audiencias».





