Inicio Conflicto Al encuentro con ‘El Testigo’, Jesús Abad Colorado López

Al encuentro con ‘El Testigo’, Jesús Abad Colorado López

Hasta el 28 de abril de 2019 está abierta la exposición en el Claustro de San Agustín, Bogotá, organizada en cuatro salas: ‘Tierra callada’, ‘No hay tinieblas que la luz no venza’, ‘Y aun así me levantaré’ y ‘Pongo mis manos en las tuyas’.

Estudiantes de la Universidad del Rosario visitan la exposición “El Testigo” junto al comunicador social y reportero gráfico, Jesús Abad Colorado. La actividad se realizó el 21 de noviembre. / FOTO HAZZAS ELO

Se  sostiene  en  dos  muletas mientras  un  grupo  de  estudiantes y profesores de jurisprudencia de la Universidad del Rosario lo escuchan y lo observan casi sin parpadear. Son las 3 de la tarde. A las 4 tiene programada una entrevista y a las 5 otra. Sin que lo note, el pasillo del Claustro de San Agustín que conduce a las cuatro salas donde están expuestas las fotografías se llena de visitantes con cámaras y celulares en la mano.

Ancianos, jóvenes, estudiantes de colegio -que van por las tareas que les dejan en clase-, amigos y universitarios quieren saludarlo. Todos aguardan el turno, todos quieren preguntar algo sobre su experiencia, esa que por más de dos décadas fue recapitulando con su cámara fotográfica, al seguir el rastro de hombres, mujeres y niños que vivieron -algunos aún viven- en medio del conflicto armado. Pero él toma el turno y lanza una pregunta a los que han terminado el recorrido: “¿Qué  significa esto  para  ustedes?”.

Un  silencio  incómodo  salta en el ambiente. Nadie se atreve a responder, hasta que Michelle, una de las estudiantes rosaristas que no supera los 19 años dice: “Para mí es un acercamiento a lo que nosotros ignoramos. Me estás enseñando que esto no es ajeno, que esto pasó en el país”.

Se podría pensar que para una población que ha vivido cincuenta años en medio de un conflicto armado poco queda por aprender sobre la guerra y la violencia. También se podría especular que, en las ciudades capitales, la confrontación no se vivió de la misma manera como en las comunidades apartadas y azotadas por guerrilleros, paramilitares y la Fuerza Pública, y que, por esto, como lo menciona la escritora y poetisa Piedad Bonnett, “la memoria no es sino una suma caprichosa de partes a la que hoy le damos un sentido y mañana otro”.

Desde que se inauguró la exposición, en octubre pasado, la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia, encargada de la administración del Claustro de San Agustín, ha registrado la visita de cerca de 3 mil personas. Esto los llevó a prolongar la muestra en el lugar hasta abril de 2019. / FOTO HAZZAS ELO

Cierra los ojos y sonríe. Jesús Abad mira al resto del grupo. Alguien comenta que esto se debería enseñar en los salones de clase, que el colombiano debe tomarse  en  serio  su  historia  y que, al hablar de la memoria del que tiene, ni en Noruega ni en Finlandia ni en Dinamarca. Y ahí es donde uno dice, ¿cuál ha sido el proyecto realmente político que han tenido? El resultado de lo que hay  en  esta  exposición  debería de tocarle a ellos, y por eso hay una fotografía de un espejo roto en esta exposición en donde uno tendría que decir que, ahí se tienen que mirar el pedazo de culpa que tienen ellos como líderes de Colombia”.

Lo simbólico

Bajo la curaduría de María Belén Sáez de Ibarra, “El Testigo” recoge imágenes que Abad Colorado, que incluso, no había publicado.

En total son 500 fotografías las que  se  pueden  apreciar  durante el recorrido por las cuatro salas dispuestas para dar a conocer este material, un homenaje a las víctimas de la guerra en Colombia.

Según cuenta el también comunicador  social,  egresado  de la  Universidad  de Antioquia,  la selección se hizo entre los años 1992 y 2018, y recogen sucesos de desplazamiento, masacres, tomas guerrilleras, desmovilizaciones, marchas por los desaparecidos, minas antipersona y actos simbólicos a favor de la paz en distintas ciudades del país.

La curadora María Belén Sáez de Ibarra junto a Jesús Abad Colorado durante el recorrido por el claustro. Sáez asegura que muchas imágenes se quedaron por fuera de la muestra y que espera que Colombia las conozca en un libro que se publicará en el segundo semestre de 2019. / FOTO HAZZAS ELO

“Aquí no hay vencedores ni tampoco vencidos”, comenta frente a una cámara y dos reporteras que lo entrevistan para un medio capitalino. “Esta es una exposición que busca dejar una huella en los ojos de quien la ve”, acota.

La exposición está dividida en cuatro salas: ‘Tierra callada’, ‘No hay tinieblas que la luz no venza’, ‘Y aun así me levantaré’ y ‘Pongo mis manos en las tuyas’, y es también una investigación que a largo plazo quedará condensada en un libro que, según el autor, espera publicarse en el segundo semestre de 2019.

“El trabajo de Jesús Abad Colorado tiene la capacidad de manifestarse desde la estética, él logra con su lente recoger imágenes que retienen el instante de conflicto, todos  deberíamos  dar una  respuesta  inmediata,  ojalá, de repudio, sin hablar de buenos, malos, seguridad, uniformes, banderas, política, ricos o pobres.

Pero él responde: “Estas fotografías ya no van a cambiar, ya fueron hechas, son parte de una memoria que ojalá no se repita. La guerra en algunos lugares de Colombia todavía no se ha terminado, hay regiones que están viviendo un posconflicto, y hay otras especialmente donde hay cultivos ilícitos que persisten muchos factores de violencia”.

Jesús Abad Colorado asegura que el mal en una nación como Colombia es que “no hemos pensado en los campesinos, no hemos pensado que este país es negro, es indígena, que este país es eso: pluriétnico y multicultural”. / FOTO HAZZAS ELO

Y así abre de nuevo un capítulo en su historia personal. Ya no con una cámara en mano, en medio de la selva, en canoas cruzando ríos, en medio del fuego cruzado de las comunas de su natal Medellín o siguiendo el paso de un grupo de desplazados.

Pareciera que su oficio ahora es el de narrador y que tiene dentro de sí una voz cuya misión es contar en primera persona por qué  es  “El  Testigo”,  la  voz  de las víctimas, de los victimarios, a lo mejor, el mensajero que trae respuesta de aquello que parece no tenerlo, y más aún, cuando la guerra tiene quien la respalde y la siga justificando.

Sin  soltarse  de  las  muletas -por una cirugía de rodilla lo acompañan-, eleva el tono de su voz y dice: “No convirtieron a Colombia,  con  toda  la  potencia la historia, son fotos para la memoria de un pueblo, fotos que recogen ese relámpago en el que se ilumina la historia. Un instante y un sentimiento que podrían generar  una  transformación  en las personas que visiten la exposición”, comenta la curadora Sáez de Ibarra.

La despedida

Son las 5:30 de la tarde. En una de las salas aún hay espectadores apreciando el trabajo de Abad Colorado. Llama la atención que uno de esos espacios la muestra incluye la proyección de imágenes y su historia escrita, las cuales no fueron incluidas dentro de los muros de la exposición.

Marcha de estudiantes por la paz, octubre 5 de 2016, en Bogotá. /FOTO JESÚS ABAD COLORADO

El silencio reina. Acomodados en bancas de madera, cinco hombres ven las fotos de campesinos, grupos armados, mujeres llorando,   uniformados   encapuchados y dando órdenes, animales      maltratados, montañas vestidas de neblina  y  bordeadas por hombres armados, guerrilleras  con  bebés en    brazos,    indígenas ocultos  en  sus  casas de tabla.

Al asomarse por una ventana, frente al Claustro, se ve el Palacio de Nariño y a pocos pasos se ubica el Capitolio Nacional.

Un anciano expresa, “qué contradicción. Y nosotros acá reconstruyendo la historia y los de afuera nos quieren contar otra”. Jesús Abad  sonríe  no  sin  antes despedirse con un abrazo a los que aún lo siguen, lanzando un corto discurso: “El día que entendamos y nos hagan entender el sistema educativo, la clase política y las mismas iglesias cristianas de este país, que debemos tratar a todo mundo con respeto, a mirar de frente y a los ojos, no a mirar de una forma soberbia a los demás, vamos a ser mejores, porque la gran riqueza del país es esa, es pluriétnico y multicultural. Hemos sido racistas y clasistas, y  muchas  veces  el  centro  mira a la periferia con desdén y con desgano, y no hemos entendido que nuestra riqueza está en cada una de esas regiones que esperan ser incluida dentro de los planes de desarrollo. Merecen unos mínimos de educación, de respeto, de salud y de un trato digno, que es el que no le hemos dado a la gente”.

Por Xiomara Karina Montañez

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Universidad Autónoma de Bucaramanga