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Al ritmo del rojo, amarillo y verde, jóvenes venezolanos se ganan la vida

Un trío de bailarines se presenta en los semáforos de la ciudad y exponen a los conductores cortas coreografías de break dance. Dicen que están en tránsito, pues aspiran llevar su talento a otras ciudades de Colombia y Latinoamérica.

El break dance es un estilo de baile urbano que hace parte de los 4 pilares fundamentales de la cultura hip-hop. Esta danza nació en la década de los 70, en los suburbios de Nueva York, Estado Unidos. /FOTO YEIDER YORNEY ESPINOZA GÉLVEZ

El amarillo antecede la transición a rojo, el cual da la señal de inicio. Los vehículos se detienen, la música suena y la cebra peatonal se convierte en la pista de baile. Naiber Sequera Mujica, más conocido como ‘Chongo’, hace la entrada, sus pies se intercalan de atrás hacia adelante, uno seguido del otro, mientras cruza los brazos y su sonrisa resalta mientas el sudor baja por el rostro.

Luiyer Castillo Hernández lo sigue, y seguro de sus movimientos se lanza de picada hacia el asfalto caliente sosteniendo el cuerpo en los dos brazos y logrando equilibrar las piernas que permanecen en el aire. En ese momento Arnoldo Mujica Franco los acompaña y anima.

Antes de que cambie el semáforo y se anuncie a los conductores que los motores pueden acelerar una última acrobacia: Luiyer gira en un solo brazo; su movimiento se congela, y los tres posan ante su público de automóviles, como si les fueran a tomar una foto.

La amistad y el baile

Estos amigos y bailarines de semáforo provienen de Barquisimeto, Venezuela, que practican break dance (estilo de baile urbano) en distintos sectores de la ciudad. Así se ganan la vida, en cada función recogen monedas, billetes y sonrisas, como cuentan.

Con los 40 mil pesos diarios que en promedio reciben pagan el arriendo, logran alimentarse y envian dinero a sus familiares que residen en el vecino país.

Pero hay algo más, un objetivo personal de por medio, los tres danzantes hacen parte de uno de los crews o clan de baile, destacado en su ciudad natal, llamado Alianza Brother Crew. El grupo se formó hace aproximadamente 14 años, como iniciativa de algunos bailarines que querían generar un espacio para la cultura hip-hop, la cual venía expandiéndose por todo el país.

Venezuela es uno de los mayores exponentes latinoamericanos del baile urbano. En 2009 se convirtió en el primer país latino en lograr ganar la Lg Bboy Championship. Además, son participantes activos de competencias internacionales como la Red Bull BC One, la Chelles Battle Pro o competencias nacionales como el Festival Breaking Venezuela.

Primera parada

En su llegada a Bucaramanga los tres jóvenes han participado en competencias, han bailado en eventos y han sido la imagen de anuncios publicitarios. /FOTO YEIDER YORNEY ESPINOZA GÉLVEZ

En el transcurso de los primeros cuatro meses de 2018, algunos b-boys (bailarines de break dance) venezolanos, comenzaron a llegar a diferentes partes del país en pequeños grupos. Según el último balance de Migración Colombia, cerca de 935 mil ciudadanos venezolanos han ingresado a Colombia, cifra comparable con el número de pobladores de Bucaramanga y Girón.

El primero en llegar al país fue Arnoldo, junto a dos compañeros más; posteriormente Luiyer, quien se dirigía a Bogotá, pero debido a unos inconvenientes decidió quedarse en la capital santandereana. Hasta el momento el grupo estaba conformado por cuatro personas, pero dos decidieron partir a la capital colombiana y Cali.

Luiyer y Arnoldo quedaron solos. Ya con una aparente estabilidad económica, Arnoldo decide darle apoyo a otro “pana” Naiber -‘Chongo’- para que viaje.

Ya con el trío organizado, comienza el baile. La rutina inicia antes de que el sol raye el horizonte se preparan un desayuno ligero, empacan el bafle, las vendas, una gorra y un botellón plástico de dos litros de agua. A las 6 de la mañana el grupo sale en las bicicletas que compraron hace un mes. Con suerte encontrarán alguno semáforo vacío, si no es así, pueden seguir buscando en los 171 cruces peatonales que hay en la ciudad.

Los lugares donde comúnmente bailan son las intersecciones semafóricas de la calle 105 en Provenza, sobre el puente de Conucos o en la carrera 33 con calle 56. La jornada va hasta las 11:30 de la mañana o antes, esto depende de lo que hayan ganado.

Retornan a su casa en el barrio Provenza, almuerzan, y nuevamente se preparan para salir. A las 2 de la tarde el sol y el asfalto dificultan el contacto continuo con el piso, y si la jornada ha estado calurosa, la lluvia les arregla el día, pero, “se nos moja el bafle y ahí si quedamos jodidos”, dice Arnoldo.

El sueño de bailar

Luiyer dice que se siente atraído por las películas de baile urbano que su mamá acostubraba a mirar en la televisión. En compañía de su primo hacían maniobras, saltos, vueltas y botes. Fue así como sus padres se sorprendieron al ver lo que su hijo hacía en casa y le confesaron que ellos también bailaron break dance en su juventud. “Mi mamá comenzó a bailar y mi papá se paró en una mano”, recuerda.

Después de un tiempo asiste al CPC un teatro en Barquisimeto, donde varios bailarines se reunían. En ese lugar conoce Naiber, quien hasta el momento no le llamaban ‘Chongo’, quien parecía un fantasma, pues llegaba silenciosamente a los entrenamientos observaba algunos pasos, los repetía un par de veces y sin que nadie lo notara se marchaba. Los dos entablan una buena relación. Después de llevar entrenando unos meses en el CPC, los jóvenes son invitados a Alianza Brother Crew, donde conocen a Arnoldo, quien ya llevaba tiempo entrenado en el grupo.

El verde esperanza

El semáforo cambia a verde e inicia la carrera por sus sueños. El break dance dejó de ser un pasatiempo y tomó la fuerza de un estilo de vida. Los tres personajes afinan en que el baile los transformó, cambió su mente, su estilo y el rumbo de sus vidas.

Las expectativas que tenían de niños cambiaron, ya no soñaban con ser futbolistas, miembros de la guardia o militares, ahora se imaginaban en una pista de baile representando la bandera de su país.

El danzar fue el imán que los alejó de una triste realidad de un país donde, según el Observatorio Venezolano de Violencia, el 42,8% de los actos delictivos cometidos en el estado de Lara, -su capital es Barquisimeto- son perpetrados por jóvenes entre 15 y 24 años de edad.

Aún recuerdan que en la Alianza Brother Crew logrando buenos resultados en diferentes competencias nacionales, sin embargo, los días se volvían eternos para entrenar, había horario de entrada, pero no de salida. Todos enfocados en ser los mejores, y de llevar en alto el nombre de su país. Tras el inicio de la crisis en 2013, las oportunidades para vivir bailando disminuyeron completamente y los b-boys comenzaron a buscar oportunidades fuera de las fronteras.

Para Luiyer, ‘Chongo’ y Arnoldo el semáforo está cambiando, el amarillo es el receso para devolverse a Venezuela, a compartir las fechas especiales de Navidad con sus familias. Esperan que la luz pase a verde en 2019 y así continuar su recorrido en escala por diferentes ciudades de Colombia y de Latinoamérica. En cada parada, aseguran, siempre lucharán por su sueños.

Por Yeider Yorney Espinoza G.

yespinoza@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga