Por René Palomino Rodríguez* / [email protected]

El invitado central del Festival de Cine Zombi que se realizó del 4 al 6 de noviembre en Bucaramanga, fue el director caleño Jairo Pinilla, de 69 años. Durante la sesión inaugural de este certamen realizado en el Auditorio ‘Alfonso Gómez Gómez’ de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Unab), se presentaron tres de sus cortometrajes. Uno de ellos fue “Pacto con el diablo” (2006), en donde Pinilla aborda con tono de comedia la historia de un hombre desempleado, que desesperado halla la manera de conseguir dinero vendiéndole el alma al diablo, pero este le envía un emisario que le dice que él tampoco tiene plata.

El segundo fue “Robo macabro” (1980), que cuenta cómo un par de ladrones durante el velorio de una mujer joven, se dan cuenta que el cadáver porta un valioso anillo. Esperan hasta la noche para abrir el mausoleo y retirar la joya, sin embargo, la joven los sorprende, inesperadamente abre los ojos y se levanta del ataúd pidiéndoles ayuda para salir del cementerio.

El tercero que se proyectó fue “Minuto fatal” (1974), que gira alrededor del suspenso y que da cuenta de la historia de una familia adinerada que espera su cuarto hijo. El padre, un ginecólogo, pretende practicarle un aborto a su esposa y de paso esterilizarla, pero el destino le juega una mala pasada a la familia, y a partir de una serie de sucesos van muriendo cada uno de sus hijos.

Posteriormente, se proyectó su obra más conocida, “Funeral siniestro” (1977), largometraje rodado en una finca de la Sábana de Bogotá que narra la historia de una madrastra malvada que, luego de la extraña muerte de su marido, busca deshacerse de su hijastra y de cualquiera que intente interponerse en sus planes para quedarse con la totalidad de la herencia.

A Jairo Pinilla le han impuesto diversos apelativos: “El maestro del suspenso” y “El pionero del cine B en Colombia”, entre otros, lo cierto es que es un director que se le ha medido a hacer de todo por el cine, desde preparar tintos para sus actores, trapear el set, hasta actuar y hacer la cámara, como dice, “aprendí a hacer cine porque no tenía plata”. Es así como tuvo que aprender a hacer cada uno de los diferentes oficios dentro de esta industria. Sus conocimientos en ingeniería electrónica le ayudaron a entender el mundo técnico detrás del cine. Por ejemplo, para el montaje de “Funeral siniestro”, le estaban cobrando 10 mil dólares por cortar los negativos del filme en un laboratorio de Venezuela, hecho que lo obligó a internarse en la sala de montaje durante meses para poder cortar y organizar su primer largometraje.

El director de cine colombiano Ciro Guerra hizo “Documental siniestro”, dedicado a Pinilla y que se puede ver aquí: https://vimeo.
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. / FOTO RENÉ PALOMINO

Esta extraña pasión por producir películas hizo que se ganara el respeto de los más famosos directores colombianos. Luis Ospina disfrutaba encontrárselo en eventos y festivales para hablar de cine y escucharle sus anécdotas, porque Pinilla habla de forma incesante y atropellada sobre cine.

Hace unos años, Ciro Guerra lo buscó en su casa y le propuso hacerle un documental: “Documental siniestro”. Este encuentro, similar al que tuvo Françoise Truffaut y Alfred Hitchcock en los años 70, en donde un joven director francés busca a el legendario director inglés para hacerle una entrevista de tres días sobre su obra, en parte, para reivindicar el valor de Hitchcock para la historia del cine, ya que en ese momento era menospreciado por la crítica, su cine era considerado como un cine menor.

En ese momento, Guerra, tal vez también buscaba otorgarle a Pinilla un lugar en la historia de la cinematografía nacional, para que las nuevas generaciones conocieran su valentía a través de sus filmes: películas aventureras, pioneras, que asumían con bajos presupuestos efectos de ciencia ficción, estéticas de suspenso y terror; con no actores y con guiones que él mismo terminaba el día anterior, aún con todos estos factores en contra, Jairo Pinilla fue el rey de la taquilla en Colombia entre los años 70 y los 80.

De todo este recorrido quedan simpáticas anécdotas, entre ellas, una que compartió con varios profesores en los pasillos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Mientras aprendía cine haciendo cortos, una de estas historias llegó a una congregación de monjas, que le propusieron a Pinilla hacer la película. Él les solicitó un monto alto para que las religiosas desistieran, ya que no se consideraba aún listo para rodar una película en serio; pero, sorprendido, recibe la noticia que la congregación pagará la totalidad de la producción. Más que alegrarse, se preocupa porque la historia tampoco le gusta mucho; sin embargo, la termina y la entrega a las monjas la producción “Cita con la época” (1971). Desilusionado, siente que ha cumplido con un trabajo y no está satisfecho con su evolución cinematográfica. Semanas después recibe una nueva llamada de las reverendas, quienes le dicen que hay que hacer rápidamente un afiche de la película. Este les pregunta para qué, y le responden que es necesario porque ha sido premiada en Milán, Italia.

Actualmente, este legendario director prepara su octavo largometraje, dice que será la primera película rodada en 3D en Colombia, y que aborda temas como la drogadicción y el satanismo, parte de esta experiencia se puede ver en el documental “La venganza de Jairo” de Simón Hernández.

Cuando le queda tiempo, con sus 69 años recorre festivales y universidades instigando a los jóvenes cineastas a que se lancen a hacer cine sin tanto protocolo, sin tanta revisión de guion.

*Docente del programa de Artes Audiovisuales de la Unab.

Universidad Autónoma de Bucaramanga