Desde Venezuela, los ciudadanos que buscan migrar hacia Colombia se comunican con familiares, amigos y conocidos para que los ayuden a ubicarse en la ciudad. Los grupos de Whatsapp son los más usados para acceder a la información. /FOTO CRICHELLY NIÑO

Por Crichelly Niño Moreno / [email protected]

Pisos de tierra, casas de madera y la ausencia de servicios públicos como agua, luz y gas natural. A estas viviendas están llegando algunos de los 62 mil venezolanos que emigran a tierras santandereanas, especialmente, a Bucaramanga.

De acuerdo con la segunda caracterización presentada en mayo por el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (IEP-Unab), Girón después de Bucaramanga y Floridablanca, es el tercer municipio del área metropolitana en recibir a los emigrantes. Llegar a un asentamientos humanos es tal vez el punto de partida para la búsqueda de trabajos informales, la explotación infantil y la invasión de territorios como opciones de vivienda, según María Eugenia Bonilla, directora de la entidad.

Actualmente el fenómeno migratorio se reconfigura. Es decir, hasta hace un año era notoria la llegada de personas solas; sin embargo, como reveló la caracterización, los extranjeros buscan la conformación de sus familias y a los pocos meses de vivir en la ciudad, piden a sus familias que viajen y se establezcan así sea temporalmente. “En la mayoría de los casos, la mujer es la responsable de sacar adelante el núcleo familiar”, comenta Bonilla.Uno de los barrios que acogen a los venezolanos son el Rincón de Girón (asentamiento La Unión), así como Ribera del Río, Bellavista, Acapulco y Arenales.

Mauricio Peñuela, personero de Girón, explica que la mayoría de los venezolanos no tienen acceso a los servicios de salud, seguridad social y educación, y alegan que es por la falta de documentación. No obstante, pueden solicitarlos, solo que no lo hacen por temor a ser deportados. “Las mujeres que están en gestación y en proceso de parto son atendidas en el área de urgencias de la Clínica de Girón y deben enfrentar las condiciones precarias en las que vivirán sus hijos, porque una vez nacen deben registrarlos para definir su situación legal, y no siempre lo hacen”, añade el funcionario.

Las historias de Jeisson Villamizar y Maryori González, evidencian las condiciones en las que viven estas personas.

De acuerdo con la Personería de Girón, dad social y educación, debido a la falta la mayoría de los venezolanos que migran no tienen acceso a los servicios de salud, seguridad y documentación legal. /FOTO CRICHELLY NIÑO

No pensó vivir en casas de tabla

Para Jeisson Villamizar no ha sido fácil el proceso de instalarse en una de las 20 casas de tabla en el sector La Unión, ubicado en el barrio Rincón de Girón. Llegó a este lugar a través de un grupo de WhatsApp, el cual recibió información de diferentes zonas en los que podía vivir con poco dinero.

Viajó hace cinco años a tierras colombianas con el propósito de conseguir un empleo y no ha sido fácil, por esto terminó en este lugar en el que completa el último año. Según cuenta, las condiciones son precarias, especialmente para los niños, cuyos padres los exponen a todo tipo de enfermedades porque no tienen recursos económicos y se ausentan todo el día en busca del sustento.

“A duras penas alcanzan a comer”, dice Villamizar, quien agrega que en el lugar faltan valores y persiste la mala convivencia. “La gente es egoísta y si uno se descuida, se roban las cosas. Los venezolanos que quieran llegar a estos lugares en busca de información o vivienda, deben estar agrupados y evitar cargar objetos de valor”, agrega.

Maryori González es una venezolana de 23 años, madre de dos niños (uno de cuatro años y otro de seis meses). Vive en un rancho levantado con retazos de machimbre (tablones de madera ensamblados) y láminas de zinc. Viajó a Bucaramanga buscando una alternativa para sacar adelante a sus hijos, quienes presentaban síntomas de desnutrición por la mala alimentación en Venezuela, ya que, como evidenció el estudio del IEP-Unab a partir de las entrevistas a mil ciudadanos de ese país, el arroz y la arepa son los alimentos más asequibles en ese país.

Como no pudo cubrir los gastos de una vivienda en otro sector, llegó a La Unión. Villamizar le ayudó a ubicarse. “No tengo quien me cuide a los niños y no puedo dejarlos solos. Trabajo todo el día para que ellos no aguanten hambre”, explicó esta mujer.

¿Y las ayudas?

Según Juan Carlos Rueda, director del Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales (Sisbén), en Girón, las condiciones expuestas en la ficha de registro marcan un “precario índice de calidad de vida”; servicios públicos como el gas natural, televisión por cable y línea telefónica están ausentes en estas zonas. Además, el estado físico de las viviendas aumenta la necesidad e incomodidad de los residentes. El único servicio fijo con el que cuentan es la recolección de basura cada mes, cuyo costo no supera los diez mil pesos por vivienda.

Como ocurre en otros municipios del área metropolitana, las fundaciones, organizaciones e iglesias son los que acogen en un primer momento a los migrantes.

La Secretaría de Vivienda de Girón aseguró no tener censo de los venezolanos que viven en asentamientos en el municipio. El último registro que se hizo fue para la reubicación de las invasiones existentes en agosto del 2018. Además, la entidad no ha hecho ningún plan de evaluación y ayuda para la población migrante que vive en estos sectores.

Alba Pereira, encargada de la fundación Entre Dos Tierras”, ubicada en el barrio San Alonso, en Bucaramanga, dijo que debido al desconocimiento acerca de la situación que se vive en los asentamientos existentes, las alcaldías y las recientes fundaciones conformadas, no han podido realizar un trabajo de inspección y ayuda.

“Nuestra función es recibir a los venezolanos que llegan desde la ciudad de Cúcuta, se les brinda la alimentación y hospedaje durante tres días, y luego se van para Perú, Bolivia, Chile o Ecuador. Es todo lo que se hace”, indicó.

La Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (Adra) adelanta un proyecto que brinda servicios de salud a los venezolanos residentes en Girón. Sandra Rincón, gerente de la iniciativa, aseguró que en una actividad realizada en marzo de este año se registraron 600 representantes o cabeza de familia, acompañados en promedio con cuatro integrantes.

La mayoría no reciben asistencia médica productos de aseo personal, colchones, utensilios de cocina y medicamentos tales como antibióticos y analgésicos. Niños menores de cinco años fueron diagnosticados con parasitosis, desnutrición y virosis.

Universidad Autónoma de Bucaramanga