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Bárbara, un retrato no narrativo de la enigmática cantante francesa

Jeanne Balibar personifica a Brigitte, la actriz que le da vida a Barbara, la desaparecida y enigmática cantante francesa. Esta suerte de meta-cine es una propuesta de Mathieu Amalric. /FOTO SUMINISTRADA

Monique Andrée Serf, más conocida como ‘Bárbara’, fue una cantante y compositora francesa de origen judío. Su nombre artístico proviene de una de sus abuelas, es de origen ruso y nació en Odessa. Entre los años 60 y 70 es reconocida por su figura y aspecto, para algunos inquietante y dramático, también por su particular estilo para cantar. Entre sus obras más reconocidas están Chapeau bas, Amours incestueuses, Je ne sais pas dire y Göttingen, canciones que conforman la banda sonora de esta película.

La cinta es protagonizada por la actriz Jeanne Balibar, quien da vida a Brigitte, una cantante que interpreta a Bárbara en una película, y tiene un extraordinario parecido con ella. Balibar es dirigida por su exesposo, el también actor Mathieu Amalric, quien además escribió el guion, y él mismo interpreta a Yves Zand, el director de la película biográfica sobre la desaparecida cantante quien se obsesiona por el personaje y la actriz.

En la mayoría de los casos las biopics o películas sobre personajes célebres se convierten en recuentos de sus vidas, dan cuenta de sus procesos creativos y de sus vidas íntimas, en este caso, Amalric, propone algo distinto. Es una cinta más experimental, no es una narración lineal, sino que la obra se entreteje de secuencias que podrían sugerir cierto orden sonoro, y en general construyen fragmentos del universo que envuelve a este personaje. De hecho, en el pasado festival de Cine de Cannes, este filme obtuvo el premio a Mejor narrativa poética en la sección Un Certain Regard.

El contenido insinúa ciertos aspectos de la vida de Bárbara, entre ellos, una relación difícil con su madre, y algún abuso en su infancia, pero lo que más se destaca es su enigmática figura, siempre cambiante, difícil de describir o de representar de una misma forma. Tal vez por esto, Amalric  propone esta cinta en donde un director está obnubilado por el personaje y por quien la interpreta. , y la actriz se sumerge de lleno en su papel, a tal punto que comienza a pensar y actuar como la cantante.

La puesta en escena en tono poético entreteje imágenes de Brigitte (Balibar) interpretando a Bárbara, en ambientes nocturnos y melancólicos, pero de pronto se encienden las luces y emerge toda una parafernalia del equipo de filmación.

La cámara juega mientras Brigitte actúa con sensualidad y elegancia las interpretaciones de Bárbara. Las imágenes de la protagonista se sobreponen a las de la cantante, el texto de las canciones reconstruye pasiones y ausencias, el universo de Brigitte y de Bárbara se funden en uno solo; es difícil para el espectador identificar quién es quién, pero ese aspecto es secundario.

A comienzo del Siglo XX, personajes como Dziga Vertov, afirmaban que el cine que heredaba las formas narrativas de la literatura debería morir. El cine como arte estaba obligado a encontrar en las imágenes en movimiento, y posteriormente en el sonido, su potencial expresivo y poético. Tal vez por eso películas como estas no son fáciles de ver para un espectador desprevenido, porque más allá de querer narrar los intríngulis en la vida de una cantante francesa de pensamiento liberal, el director propone un retrato a partir de su música y de sensaciones, tal vez a primera vista inacabado o imperfecto, pero con una cuidados puesta en escena.

Por René Palomino Rodríguez

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Universidad Autónoma de Bucaramanga