Bucaramanga… ¿La más cordial?

En Colombia es muy común que cada municipio tenga consigo un apelativo que le distingue. Es una denominación que refuerza su identidad al ir más allá del nombre a rajatabla y que se arraiga en el imaginario con facilidad, tanto de sus residentes como de quienes la visitan.

Por Juan Sebastián Riaño / jriano771@unab.edu.co, María Camila Tapias / mtapias691@unab.edu.co y Jeana Marcela Padilla /jpadilla554@unab.edu.co

Bucaramanga, conocida por muchos como la Ciudad Bonita o la Ciudad de los Parques, fue alguna vez llamada “la ciudad más cordial de Colombia”. En los años 70 del siglo pasado la capital santandereana ostentaba un título que, de alguna forma, reflejaba la calidez de su gente.

En esa época, la ciudad ganó renombre por la amabilidad y hospitalidad de sus habitantes y se convirtió en un destino atractivo para aquellos que no solo deseaban explorar, sino también experimentar un clima de compañerismo y amabilidad. 

Durante décadas, Bucaramanga fue el ejemplo de la cortesía y la gentileza en Colombia. Según se recuerda, los lugareños se distinguían por su disposición para ayudar a los visitantes y su trato respetuoso hacia sus conciudadanos. Esta reputación trascendió fronteras municipales y departamentales, convirtiendo a la ciudad en un punto de referencia para el resto de Colombia. 

Sin embargo, los tiempos han cambiado y junto con ellos, aquella esencia de Bucaramanga parece haberse eclipsado por la apatía y falta de civismo, algo propio de la sociedad contemporánea. Lo que para mucha alguna vez fue “un bastión de cortesía y convivencia”, hoy se ve empañado por una realidad distinta: la pérdida gradual de la cultura ciudadana.

Este fenómeno, que en realidad no es algo nuevo, se manifiesta de diversas formas en la vida cotidiana. Desde el incumplimiento de normas de tránsito básicas (como respetar los espacios de parqueo) hasta la falta de respeto en el espacio público (una discusión cualquiera), pasando por la proliferación de conflictos y actitudes que podrían considerarse poco solidarias. ¿Alguien puede no sentirse identificado con algo tan simple como hacer más de una fila en el supermercado para ahorrar tiempo?

A partir de aquí planteamos varias preguntas: ¿En verdad Bucaramanga fue la meca de la cordialidad de antaño? ¿Qué cambió? ¿Por qué parece que el civismo en la ciudad se perdió? ¿Qué podemos hacer al respecto? 

Universidad Autónoma de Bucaramanga