Colgó el hábito por una vida común

Luego de servir a Dios por más de 14 años e impulsada por algunas inconformidades con la comunidad monástica, Edith Álvarez decidió dejar a un lado su vida religiosa para volver al mundo cotidiano.

Por Lizeth Juliana Triana Rincón / ltriana837@unab.edu.co

Colombia se ha destacado por ser un país ampliamente católico. Según cifras de la encuesta global de IPSOS 2023, el 59 % de los colombianos pertenecen a esta iglesia.

En nuestro país existen varias órdenes religiosas de monjas, como las Hermanas de la Caridad, las Hermanas de la Presentación, las Carmelitas, las Hermanas Clarisas, entre otras. Las monjas tienen presencia en diversas regiones de Colombia y pueden encontrarse en áreas tanto urbanas como rurales. En cuanto a su distribución geográfica, puede variar según la ubicación de las congregaciones religiosas y las necesidades de las comunidades a las que sirven.

El 15 de enero de 2001, a sus 20 años, Edith Yolima Álvarez Vásquez, tras sentir el llamado de Dios y en búsqueda de un estilo de vida diferente, se unió a la comunidad Divino Amor, donde recibiría su formación como monja. 

Sin embargo, 14 años después, luego de algunos inconvenientes, decidió renunciar a seguir portando el hábito, pero no abandonar la fe.

¿Cuál fue la razón para convertirse en monja?

Quería un estilo de vida distinto, no ser solamente profesional, casarme, tener hijos y seguir con mi trabajo. No quería eso, yo deseaba algo más. Entonces, me empecé a inclinar por la vida religiosa, porque vi que ahí podía alternar tanto la parte profesional como social. Me llamaba más la atención estar ayudando. Aunque ya antes había sentido eso, lo llamamos nosotros un llamado de Dios.

Desde pequeña Edith estuvo involucrada con la religión, pues su primaria la cursó en una escuela católica /FOTO SUMINISTRADA EDITH ÁLVAREZ

¿Cómo fue la reacción de su familia cuando se enteraron de que quería ser monja?

No tuve apoyo de mis papás y eso lo hizo difícil, especialmente porque mi papá decía que yo tenía que ser profesional. Pero yo sabía que dentro de la comunidad tenía la posibilidad de estudiar; sin embargo, él no entendía eso. Mi mamá, por su parte, era más callada, pero yo sé que de una u otra forma tampoco le gustaba. Prácticamente me fui escapada de la casa a los 20 años.

¿Cuál fue la experiencia más significativa durante los años en los que perteneció a esa comunidad?

El día en que hice mi consagración. Todavía recuerdo que fue el 16 de enero en la Iglesia la Consolata en el barrio Mutis. Es como si te estuvieras casando, aunque mi papá no fue, pienso que por rabia; a mi hermano le tocó entregarme al altar. Yo creo que la noche anterior, ninguna de las que nos íbamos a consagrar pudo dormir. Me acuerdo de que mi hermano me llevaba del brazo y yo sentía que caminaba en el aire, es algo que a uno le queda, que a mí me marcó y que yo dije: “Señor, para toda la vida”.

¿Qué fue lo más difícil o desafiante que encontró siendo monja?

Se me presentaron muchas dificultades con la madre formadora. Hacía algo y le parecía que no era, decía algo y tampoco. Presentaba una exposición y no le gustaba. La verdad es que nunca lo entendí. Cuando me tocaba hacer los oficios, nunca le agradaba. Entonces decía y sentía que la hermana tenía sus preferidas; sin embargo, tantos regaños me ayudaron a forjar mi carácter.

Una de las “pruebas” por las que pasan las novicias antes de su consagración es el voto de silencio por dos años. Tiempo en el que podrán hablar solo cuando se les indique /FOTO SUMINISTRADA EDITH ÁLVAREZ

¿Cómo fue el proceso de decidir retirarse de la vida religiosa?

Mi retiro se da porque un día escuché a unas hermanas hablando de mí y cómo la comunidad prácticamente no me quería. En ese momento yo estaba en Aguachica (Cesar), pero me iban a cambiar. Según lo que escuché, la verdadera razón de mi traslado era que yo no me “callaba». En ningún momento me metí con nadie, pero sí me gustaba luchar mucho por la fundación en la que estaba, allí me llené de confianza y opinaba si algo no me parecía. Me acuerdo de que esa noche me fui para mi habitación a llorar.

Al otro día solicité llamar a Italia para hablar con la Madre General para decirle que no aceptaba el cambio. Ella me dijo que por qué, si yo ya había dicho que sí, y le dije: “Madre, dígame la razón real por la que me están sacando”. Y no me quiso decir. Entonces le pedí el año sabático al que tenemos derecho y tampoco me lo dio. A raíz de esto le anuncié que renunciaba.

Las monjas en Colombia no solo se dedican a actividades religiosas, también están involucradas en proyectos de desarrollo comunitario, trabajo con poblaciones vulnerables, asistencia humanitaria en zonas de conflicto y otras iniciativas sociales.

¿Cuál era su plan al dejar el convento?

Lo que les ha pasado a amigas mías que han sido religiosas, es que ellas salen y lo primero que llegan es como a buscar un hombre, a una persona. Y se han estrellado porque hoy en día no se sienten realizadas. En cambio, cuando salí tenía mi concepto que era llegar a tener un buen trabajo, hacer mis cosas, a no depender de nadie. Eso fue lo que me propuse y lo que he logrado.

¿Si tuviera la oportunidad de volver, lo haría?

No (risas), no sé si de pronto en un universo paralelo sigo siendo monja, pero ahorita si me dan la oportunidad de volver, no, ya no, o sea, tendría que cambiar muchas cosas. Pero, como digo, busco un estilo de vida distinto. Pero en parte eso no fue lo que encontré, aunque sí te puedo asegurar que la vocación todavía la tengo. Además, aún hay cosas que le hacen falta a la comunidad, por eso es por lo que en este momento no regresaría a la comunidad, ni a esa ni a ninguna.

Edith durante algunos años ejerció como profesora de religión, caligrafía y ortografía. /FOTO SUMINISTRADA EDITH ÁLVAREZ.

¿Hoy ha cambiado algo en las comunidades religiosas cuando alguien desea unirse a ellas en comparación a cuando usted lo hizo?

Me doy cuenta de que los chicos que ahorita están ingresando, no entran porque realmente sienten un llamado, sino que buscan estar acomodados y estar en una parroquia. Eso lo digo porque me han contado mucho lo que está pasando con la misma comunidad donde estuve. Después de que no podíamos tener ni un celular ‘flechita’ y que hacía un escándalo por teléfono, hoy en día a las chicas que ingresan llegan con el último celular de moda y ya no les dicen absolutamente nada. Y pensar que antes teníamos que pedir permiso hasta por un vaso con agua.

¿Cuáles consejos le daría a alguien que está considerando entrar en la vida religiosa, pero tiene dudas?

La vida religiosa es linda y hermosa, pero es dura y necesita que uno se acoja mucho a la oración. Muchos me piden consejos y siempre les digo que quemen bien todas sus etapas, la de tener amigos, novio, de ir a bailes, salir a discotecas; les recomiendo que hagan todo eso para que cuando ingresen, entren con pie firme y no vayan a empezar a manquear por cosas que no son y anhelar lo que ya no pueden tener.

Universidad Autónoma de Bucaramanga