Por: Karol Guarín / kguarin501@unab.edu.co
Entre la catarsis de la vida y las palabras de Piedad Bonnett hay una línea casi indefinida, pues por medio del relato de sus memorias se pueden observar las vivencias que la formaron, no solo como escritora y poeta, sino como mujer. Ella logró iluminar, a través de sus experiencias, el Gran Salón, en Neomundo.

Bonnett fue recibida con aplausos para hablar sobre su reciente obra “La mujer incierta”; un libro que nace del cuestionamiento del cuerpo, la enfermedad y la muerte. Asombrada por la cantidad de personas que asistieron, comenzó hablando de cómo Bucaramanga «tiene un significado” para ella, ya que aquí vivió por un tiempo cuando se encontraba internada en el Colegio La Merced. Esos momentos los relata en sus páginas.
“Es un mensaje que trasciende tanto para las nuevas generaciones como a la de los años 50, entonces es esperanzador”, afirmó Elsa Linares, visitante de la feria.
“No conozco el libro, pero sí conozco la literatura de Piedad” y “tengo una fijación por su poesía”, son algunas de las impresiones por parte del público, porque no haber leído el libro no era condicionante para disfrutar las palabras de la autora; “una literatura muy sensible y me gusta que conmueve”, comentó Carlos Posada, comunicador social y participante del evento. Ir a ‘ojo cerrado’ conociendo sus obras anteriores es una característica de sus lectores.

Hablar del cuerpo como el alma y la salud mental, son temas que toca con profundidad a lo largo de las 250 páginas, pues, Bonnett menciona que le ha interesado “desde siempre” porque es un misterio.
Acontecimientos de la infancia, como la infección vaginal que tuvo de pequeña, le abrieron las puertas a reflexionar sobre la vergüenza o el pudor que le tenemos al cuerpo, en especial el de la mujer que está cobijado por el tabú; desde el nombrar órganos como las tetas o la vagina, hasta conocerlas para identificar enfermedades.

Su pudor no atraviesa solo lo corporal sino también sus escritos, pues como bien dice, se reserva muchos aspectos de su vida y “los escritores no tienen derecho a vaciar todas las intimidades”.
Ángélica Carreño, estudiante de literatura y parte del público, señala que el “equilibrio que ella misma menciona entre destapar su sensibilidad poética pero tener unas situaciones que callan para relacionarnos a nosotros con nuestras mismas experiencias de vida” es lo que identifica a esta escritora.
Comparte de manera abierta sus episodios de pánico, destacando que no nacen de una cosa real, por el contrario, nacen de afuera “que eso es lo más aterrador”. “Las personas estamos diseñadas para oler el peligro, pero las ansiosas podemos inventarnos peligros inexistentes, no lo hacemos en conciencia”, explica Bonnett.
Los participantes del evento indicaron que abordar temas de salud mental por medio de la literatura es importante, pues “es una forma amena de llegar al público sin hacerle ver como algo que no se puede superar, sino que se le puede hacer frente”, dice Pablo Javier Mogollón, estudiante de psicología. De igual manera, Pablo destaca que es interesante cómo Piedad le da nombre a las situaciones o hace unas breves descripciones de cómo suceden, “me parece que su explicación es muy acertada”.
De igual forma, se considera una persona rebelde, aclarando la rebeldía desde el “poner en duda y desafiar”, es decir, una perspectiva opuesta a la sumisión. “La rebeldía es un instrumento extraordinario”, dice Bonnett, pues señala que las revoluciones y los cambios de paradigma nacen de aquellos capaces de transgredir “ciertas cosas”. No obstante, precisa que tiene un límite, dado que si se combina con rabia y se convierte en resentimiento, puede llegar a ser autodestructivo.

Desde Periódico 15 tuvimos la oportunidad de conversar con la escritora. Durante la entrevista, exploramos los orígenes de su obra, sus reflexiones sobre el cuerpo, la muerte, y la construcción de su identidad a través de las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida. A continuación, les compartimos algunos fragmentos destacados de nuestra conversación.
Periódico 15: ¿Cómo nace “La mujer incierta”? Es decir, ¿La estructura del libro está ordenada de la forma en como lo comenzaste a escribir?
Piedad Bonnett: Sí, porque empecé con una escena que es aquí en Bucaramanga, en el Colegio La Merced. Yo en el internado, a las dos de la tarde con una infección vaginal, una niña de 14 años que no sabe ni qué es eso, ni por qué le dio. Esa imagen que se me impuso durante la pandemia, como todo el mundo estaba con el tema del cuerpo, la enfermedad, me recordé en esa soledad, acostada en ese dormitorio donde había 50 camas de niñas internas. Yo sola a las dos de la tarde con mi mamá en otra ciudad. Esa fue la imagen perfecta del abandono y el extrañamiento, entonces con eso quería empezar el libro. Finalmente no lo empecé así, pero yo quería escribir sobre el cuerpo, la relación con el cuerpo, con la enfermedad. Ya el libro cogió por otros caminos, se abre a otras realidades, etcétera.
En tus páginas hablas del matrimonio y la familia, de los hechos que narras ¿Qué hacen que hoy seas la persona que eres? Por ejemplo, haber tenido tu primera hija a los 20 años, cuando aún estabas en la universidad.
Pienso que la vida te va presentando dilemas y te va enfrentando encrucijadas en que tienes que tomar decisiones que nunca sabes si son las adecuadas. Si me tocara retroceder y volver a construir una vida, de manera más racional digámoslo así, con menos cosas fortuitas por el camino o con más apoyo, fíjate que yo elegiría otra vez la maternidad temprana. ¿Por qué? Porque te hace amigo de tus hijos, porque tienes todavía mucha energía y un poquito de irresponsabilidad, porque cuando tienes 40 años y tienes un hijito de 5, tu responsabilidad es tan grande, que yo creo que que te absorbe una etapa de la vida que está destinada para otra cosa, para lo laboral. Me parece una opción mejor a los 40 años estar con los hijos ya crecidos y dispuesto a enfrentar la vocación que escogiste.
Ahora que hablamos de tus padres, tú heredas algo de ellos ¿Qué tiene la Piedad Bonnett de hoy que heredó de sus papás?
La disciplina, la honestidad y ver el trabajo como una cosa que llena de dignidad la vida. Eso es, de alguna manera, lo que yo les debo; y creo que no me hizo daño, finalmente, que me criaran con tanto rigor, que en su momento sí fue fuerte que me hicieran muchas exigencias y que no me comprendieran, no tenían los elementos para entenderme. Pero creo que lo que consiguieron al final era lo que estaban buscando, una mujer trabajadora que ama lo que hace. Una persona honesta como ellos querían que fuera.

Al final de algunos capítulos tienen apartados de “La espera”, yo lo veo como cartas a tus papás, ¿Cómo nacieron estas secciones?
Más o menos sí son cartas. Mira que mientras escribía este libro yo los visitaba, y veía cosas tan particulares del envejecimiento y de eso que es la despedida. La espera se llama así porque están esperando la muerte, porque están quietos en su casa sabiendo que la muerte puede llegar de un momento a otro; pero pasaban cosas tan conmovedoras y decían cosas, de pronto tan significativas, que yo empecé a consignarlas y encontré que en mi libro cabían perfectamente, porque yo estaba hablando del cuerpo. Por consiguiente, ese cuerpo es el del deterioro verdadero. También era un homenaje, aunque ellos ya no van a poder leer esas cosas, ni yo me atrevería a leerlas ahora.
En tu libro mencionas que de pequeños la muerte nos aterra, que la vemos como algo lejano a nosotros. A través de tus vivencias y de lo que consignas en tus páginas ¿Crees que has visto la muerte de otra manera?
Uno no llega nunca a naturalizar la muerte. Es decir, tú sabes que vas hacia tu propia muerte, estás asistiendo al deterioro de tus padres y estás esperando que mueran en cualquier momento. Sin embargo, yo creo que por más que te prepares, la muerte es una cosa que como no la entiendes del todo, siempre te golpea muy fuerte y siempre te causa temor. Es como entrar a una oscuridad tremenda, a una disolución, en realidad. Entonces eso no deja de ser lo más importante que hay en la vida, es la muerte. La muerte y el amor, dos cosas gigantescas y misteriosas.

Sin duda, el tema del cuerpo, en especial el de la mujer ha sido un tabú. Desde pequeñas se nos prohíbe, nombrar las partes del cuerpo, como las tetas o la vagina, pues es tomado como sinónimo de vergüenza, que es lo que tú llamas pudor ¿Crees que esta idea establecida ha provocado que nuestro cuerpo no haya sido un foco de estudio? En la medicina, por ejemplo.
No, yo creo que lo que pasó es que por fin nos abrimos al cuerpo de la mujer, que por fin se está explorando eso. Todo esto de las toallas higiénicas, de todas las formas habidas y por haber, me parece como una conquista maravillosa. Cuando yo tuve la menstruación ni siquiera había toallas higiénicas que pudieras comprar, imagínate el salto tan brutal, ¿no?
Entonces, yo creo que las mujeres sí hemos conquistado muchas cosas a veces por nuestro propio trabajo y nuestra propia lucha, pero a veces también porque el mundo consumista encontró que éramos un objeto perfecto, no necesariamente en el mejor sentido. Pero sí tenemos un protagonismo que no teníamos antes.
Según lo que dices, hemos creado un camino para nosotras, pero ¿Crees que todavía falta por construir?
Yo creo que las mujeres muy urbanas, hemos conseguido mucho, pero las mujeres en la ruralidad y en las regiones más apartadas siguen siendo víctimas tremendas del machismo, bueno, del machismo en las ciudades también, pero las mentalidades no han evolucionado suficiente, entonces son mujeres todavía sometidas a sus propios prejuicios.
Tú resaltas una frase de Jean-Paul Sartre que dice “Lo importante no es lo que hacemos de nosotros, sino lo que hacemos nosotros mismos con lo que hicieron de nosotros” ¿Qué significa para ti?
En este libro yo volví a mi origen, eso no estaba cuando empecé a escribir, eso no estaba entre mis planes, pero el libro me llevó allá. Cómo me criaron, cómo me educaron, qué exigían de mí. Terminé hablando de la clase media a la que pertenezco, o a la que pertenecí porque la educación y todo eso nos va llevando a un ascenso social. Me di cuenta, de lo que trataron de hacer de mí, con todo lo bueno y todo lo malo; y cómo yo no he hecho sino luchar para deshacerme de las prohibiciones, de los tabúes, de una cosa muy opresiva de la educación que me dieron. Entonces esa frase es muy sabia de Sartre.
Lo importante no es lo que hicieron de nosotros, que sería un determinismo, sino lo que nosotros logramos romper con lo que hicieron de nosotros y construirnos distintos a esos que nos querían moldear o que nos moldearon.

Mencionas la rebeldía en las distintas etapas de tu vida, ¿Eso fue un determinante para lo que estás haciendo hoy?
Absolutamente. Me hubiera gustado ser más rebelde todavía en mi adultez. Yo creo que esa rebeldía de la adolescencia era natural, innata. Yo nací rebelde, pero ya después la vida te exige unas cosas, te lleva por unos caminos y no siempre tienes la fuerza suficiente para romper esos nortes. Hubiera querido ser escritora mucho antes, pero no tuve la fuerza, ni el empeño, ni la confianza. Sí pienso que yo soy producto de todas mis elecciones.
Entonces es lo que yo hice con mi vida, a partir de lo que hicieron de la mía porque si no me hubieran dado. Si no me hubieran dado lectura que me dieron desde chiquita, respeto por el lenguaje, amor por el lenguaje, posibilidad de ir a la universidad, si mi mamá hubiera insistido en que yo no fuera a la universidad si me hubieran educado para el matrimonio, yo a lo mejor no sería la escritura que soy.
¿Qué tienes hoy que siempre quisiste tener?
Lectores. Porque yo desde los 16 años quería ser escritora, pero me parecía imposible. Este libro lo que cuenta son mis incertidumbres y mis inseguridades, como no creía que yo podía, como me sentía frustrada porque la vida laboral, la vida matrimonial, todo eso me quitaba el tiempo para lo que quería hacer. Después de tantas vicisitudes, pero de un empeño y una obstinación.
¿Cómo podríamos, a través de la vida, reconstruirnos, reconocernos y aprender de nosotros mismos?
Hay dos caminos, uno es el arte, o sea, básicamente la palabra. Tal vez el cine y la literatura porque la pintura es otra cosa, la música es otra cosa, pero el arte está para que nos reconozcamos. Y la psicología, no estrictamente procesos psicológicos, sino de introspección que te permita recorrer tu propia vida. Lo que pasa es que si tú haces una introspección sin ayuda o sin ponerlo en la palabra es dificilísimo, se te disuelve. Hablando con otros, tú puedes contar de todo y reconocer cosas, pero quedan todos fragmentadas. En un evento terapéutico tú vas poniendo orden y vas sacando conclusiones. O escribiendo, me parece la mejor manera.





