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El crimen de Rodrigo Lara Bonilla y la impunidad oficial

El más reciente libro de Alberto Donadio Copello revela la impunidad oficial sobre la muerte de quien fue el ministro de Justicia durante el ataque inminente del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, en los años 80. Durante un conversatorio en Bucaramanga, un escolta de Lara Bonilla se presentó y le dijo al periodista que aún existen detalles que no se conocen.

Alberto Donadio muestra algunas de las fotografías encontradas en el expediente que explican la trayectoria de las balas que le quitaron la vida a Rodrigo Lara el 30 de abril de 1984. / FOTO LAURA ESPINOSA – REVISTA PLATAFORMA UPB
El expediente sobre la muerte de Rodrigo Lara Bonilla reposó sobre la mesa de centro en la sala de la casa de Alberto Donadio Copello durante los últimos años. 34 carpetas de tapas negras y rojas, unas sobre otras, sobrevivieron a una mudanza desde Bogotá a Bucaramanga, hasta que se transformaron en el libro “El asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, la verdad que no se conocía”.

Donadio convivía con el material desde 1995 cuando un grupo de funcionarios del Instituto de Medicina Legal le pidieron con- seguir el expediente judicial por el homicidio del Ministro de Justicia, ya que al ellos participar de la autopsia sabían que la verdad oficial no ofrecía plena certeza.

Transcurrieron 33 años después del magnicidio y gracias a la investigación de este periodista, el caso toma un nuevo rumbo que podría borrar la historia que se difundió por décadas, incluso, la Fiscalía General de la Nación anunció que exhumará los restos de Lara Bonilla para realizar una nueva necropsia.

Con la información en sus manos Donadio Copello pensó en escribir varias historias. El expediente no solo conserva información sobre la muerte de quien fue uno de los líderes más queridos y recordados de la política nacional y que dio golpes importantes al Cartel de Medellín y a su jefe, Pablo Escobar Gaviria. También da cuenta que se planeó un segundo atentado en Neiva para quitarle la vida a Lara Bonilla en caso de no ser asesinado por sicarios en Bogotá y conserva la historia de un piloto que controlaba las pistas para los aviones de fumigación al servicio del narcotráfico, que buscaba 50 millones de pesos para mandar asesinar a este liberal.

Sin embargo, como aseguró en su conversatorio en la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga el pasado miércoles 16 de marzo, “no tomó un fotografía al expediente”, porque de ser así “uno no explica ni resume cuáles son los hallazgos importantes”, ya que “la función del periodista es traducir una cosa concreta y sencilla, ponerla en dos frases”.
Alberto Donadio, uno de los padres del periodismo de investigación en Colombia.  / FOTO LAURA ESPINOSA – REVISTA PLATAFORMA UPB
Alberto Donadio, uno de los padres del periodismo de investigación en Colombia.
/ FOTO LAURA ESPINOSA – REVISTA PLATAFORMA UPB

Se concentró en explicar la trayectoria de las balas que atravesaron el vehículo Mercedes Benz y el cuerpo de Lara Bonilla, en contar que Trino Peña Toloza, conductor del ministro, no murió ni sufrió heridas pese a los disparos de ametralladora de los sicarios en motocicleta, y en encontrar explicaciones a por qué la escolta llevó el carro con el abogado hasta su casa y pidió un botiquín para curarlo, y no directamente a una clínica para auxiliarlo.

Estos y otros detalles hacen parte del más reciente libro publicado por Alberto Donadio Copello, bajo el sello de la editorial Sílaba. Señor lector: si le interesa conocer quién puso en contacto a Donadio Copello con los funcionarios de Medicina Legal; lo que encontró el antropólogo forense Máximo Alberto Duque Piedrahíta al revisar el expediente en una labor encomendada por Rodrigo Lara Restrepo, hijo de Lara Bonilla, quien no daba con el paradero del expediente en el juzgado donde reposaba.
Rodrigo Lara Bonilla. / FOTO TOMADA DEL LIBRO DE DONADIO
Rodrigo Lara Bonilla. / FOTO TOMADA DEL LIBRO DE DONADIO
Si le inquieta entender por qué esta valiosa investigación cambia la historia de la Colombia de los años 80, cuando el narcotráfico no solo permeó a la sociedad antioqueña, sino las instituciones públicas y la política nacional; si desea enterarse de lo que pensaba Fabio Ochoa, padre de los narcotraficantes conocidos como los hermanos Ochoa (Jorge, Fabio, Juan David y Luis) sobre Alberto Uribe Sierra, padre del expresidente Álvaro Uribe Vélez, y recordar –o conocer- por qué un hombre de 37 años se jugó la vida por combatir la corrupción, por denunciar la violación a los derechos humanos y las desapariciones forzadas, debe leer este libro.
Si bien las nuevas revelaciones sobre la muerte de Rodrigo Lara Bonilla encontradas por Alberto Donadio no fueron titulares de primera plana en la prensa nacional, o no generaron debates en las redes sociales, si dejan una gran lección a la sociedad que Daniel Samper Pizano, durante su más reciente visita a Bucaramanga, resumió en esta frase: “la historia no solo da información, también da formación”.

“Fui escolta de Lara Bonilla”
Luis Fernando Rodríguez Rivero se levantó en medio del público que escuchaba a Donadio durante su conversatorio en la Universidad Pontificia Bolivariana. Tomó el micrófono y se presentó. Entre las muchas cosas que dijo aseguró que tenía 73 años, que había trabajado con el desaparecido DAS como escolta y que trabajó con el ministro hasta el domingo 29 de abril de 1984, un día antes de su asesinato.

Luis Fernando Rodríguez Rivero, su nieto Luis Fernando Rodríguez Pineda y Alberto Donadio Copello. / FOTO XIOMARA MONTAÑEZ M.
Luis Fernando Rodríguez Rivero, su nieto Luis Fernando Rodríguez Pineda y Alberto Donadio Copello. / FOTO XIOMARA MONTAÑEZ M.

“¡Noticia, noticia, mataron al Ministro Lara Bonilla!” escuchó por radio. Intentó conocer más información, pero prefirió presentarse temprano ante sus jefes y esperar las órdenes. De inmediato fue asignado como escolta de la viceministra encargada de ese entonces, Nasly Lozano, quien ocupó el cargo por menos de un mes. Finalmente, el gobierno nombró a Enrique Parejo González en reemplazo de Lara.

Por un tiempo no siguió en el ministerio. Pasó a proteger a periodistas de El Espectador y de El Tiempo. Donadio, quien le pidió que lo esperar para seguir conversando sobre los hechos, le preguntó si había hablado con Domingo Adonay Velásquez, conductor de Rodrigo Lara y quien resultó ileso durante el atentado, después de lo ocurrido.
Rodriguez Rivero solo dijo: “Él se salvó de puro milagro. Es lo que puedo decir”.

Junto con su nieto, Luis Fernando Rodríguez Pineda, estudiante de primer semestre de Comunicación Social en la UPB, acordaron una nueva cita en la que además de compartir obleas, este pensionado del DAS le aseguró que aún tenía mucho por contar.

Por Xiomara K. Montañez M. 
xmontanez@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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