Por Gabriela Páez Pinto – gpaez776@unab.edu.co

“Bucaramanga, la ciudad de los parques”, un sobrenombre que escuchamos, pero que, a causa de las esculturas urbanas vandalizadas han ocasionado que este dicho poco a poco vaya acabando. Algunas de estas obras tienen grietas, calcomanías pegadas, están oxidadas o llenas de grafitis. Se encuentran en medio de los parques convertidas en testigos mudos del paso de los años, pero que ya nadie las ve. Lo que alguna vez fue símbolo de arte y encuentro, hoy se ha convertido en el reflejo del descuido, de inseguridad y de olvido. 

El problema generado no es solo el daño visible, sino lo que hay detrás de estas acciones. Muchas de estas esculturas se vandalizan porque la gente no las siente como algo propio, por falta de cultura ciudadana y poco compromiso por parte de las autoridades. Cuando los parques se ven descuidados y sin mantenimiento, se vuelven espacios fáciles de abandono. 

En la noche, la situación empeora. La poca iluminación y la falta de presencia de vigilancia, hacen que estos lugares se conviertan en puntos de consumo o de robo. Las familias ya no se sienten seguras visitándolos y esto deja el espacio aún más vacío, más expuesto al deterioro. 

Maricela Gamboa, quien trabaja hace 15 años en el Parque San Pío, cuenta que, en la escultura de La Gorda Botero, finalizando el día, grupos de personas se reúnen a su alrededor a consumir: “La cultura ha sido atropellada más que todo en las noches y esto hace que las ventas también se vean afectadas por la falta de seguridad”. Aunque ella y los vendedores que se hacen en este espacio público durante el día intenten cuidar el parque, siempre se está expuesto al peligro o a que algo suceda. 

La escultura de Botero en Bucaramanga, afectada por actos de vandalismo que han deteriorado su valor cultural. /FOTO GABRIELA PÁEZ P.

Esta escultura fue entregada al municipio el 23 de diciembre del 2010 como parte de la celebración de cumpleaños de la ciudad. Representa la visión del arte sobre la belleza, el volumen y la forma humana exaltando las curvas, la sensualidad y la presencia del cuerpo femenino como símbolo de fuerza y plenitud. 

Desde su instalación, la escultura ha sido blanco de constantes agresiones. Durante la marcha del feminismo realizada el 8 de marzo del 2025, vallas de protección fueron derribadas y la obra pintada con aerosol, dejando huellas de manos y manchas visibles al público. La Alcaldía de Bucaramanga y Gildardo Rayo secretario del interior de la ciudad, han llegado a calificar este hecho como “actos vandálicos contra el patrimonio cultural”. Por otro lado, en el 2023, la ciudad invirtió aproximadamente $182 millones de pesos para su restauración, se encontraba con partes rotas y grafitis que dañaban su pintura. 

Maricela, aunque lleve mucho tiempo en este parque trabajando, dice que el peligro se siente constantemente, cuenta que: “Acá había una biblioteca pequeña y yo traía a mi hijo a que leyera ahí mientras yo trabajaba, con el paso de los días uno mismo veía como llegaban personas a robarse los libros y se iban a la Gorda Botero y se quedaban allá consumiendo, pero nadie decía nada ni avisaba, hasta dañaron las instalaciones de la biblioteca y luego la quitaron”. 

No todos se atreven a hablar abiertamente de lo que pasa en la ciudad. Un vendedor ambulante que se encuentra trabajando en el Monumento de la Hormiga, prefirió mantener su nombre en reserva, pero esto no impidió que contara cómo se han presenciado robos con armas y constantes grupos de consumo en la hormiga. 

La hormiga, un blanco fácil de vandalismo y falta de cuidado ciudadano. /FOTO GABRIELA PÁEZ P.

“La policía viene seguido acá, se han reportado muchos casos de robos e incluso con cuchillos, de delincuencia y de consumo de drogas en las bancas al lado de la hormiga durante las noches”, aunque esta escultura se encuentra al frente de un centro de convenciones de eventos y actividades constantes en la ciudad, este se ha convertido en un espacio de inseguridad en las noches y su paso por ahí genera miedo o desconfianza.

La hormiga, que representaba la identidad santandereana, se encuentra hoy en día con basura, stickers pegados o encuentros de grupos sociales para consumir. 

Las esculturas, más que adornos, son parte de una historia y recuperarlas no significa limpiarlas o pintarlas, sino devolverles el valor que alguna vez tuvieron en la mirada de la gente.