Por Juana Gabriela Rueda Parra | jrueda400@unab.edu.co
María del Carmen Pineda sonríe con la serenidad de quien ha aprendido que los libros no solo se escriben, también se esperan. A su lado, reposan ejemplares de sus cuentos y novelas, como si fueran hijos que la han acompañado en distintas etapas de su vida. Habla pausado, como si cada palabra tuviera el peso de una memoria: la niña que en la escuela redactaba cartas de amor para sus amigas, la joven que ganó concursos de leyenda en la universidad, la mujer que viajó leyó y dejó páginas dispersas, hasta reencontrarse con ellas cuando sus hijos ya habían crecido. “Yo siempre escribía, pero lo dejaba por ahí. Solo ahora, con el tiempo y la calma, decidí recopilar todo lo que había quedado guardado”, confiesa.
De ese regreso nació Andar los Caminos, un libro de quince cuentos que es, como ella misma lo describe, una metáfora de la vida. Los relatos se tejen en la geografía santandereana: desde el calor de Barrancabermeja hasta la neblina del Páramo de Berlín. “Recorrí los caminos de Santander, escuché las voces de los campesinos y entre sus relatos encontré los elementos míticos que luego transformé en cuentos modernos”, explica. Sus historias oscilan entre lo cotidiano y lo fantástico, con apariciones de la Patasola, la Madremonte o el Diablo, figuras legendarias que se entrecruzan con problemas sociales como el secuestro o la violencia intrafamiliar. En uno de los cuentos, un hombre se ahoga en el río y, en el relato final, es él mismo quien narra desde la muerte. La vida y la ficción se confunden hasta que lo imposible se vuelve natural.
Ese equilibrio entre lo real y lo imaginario se refleja también en su trayectoria como escritora. Pineda no se abrió camino con la auto publicación, sino a través de concursos, talleres y reconocimientos. En España fue seleccionada en las antologías de Pluma, Tinta y Papel y Premio Orola. En Bucaramanga, publicó cuentos gracias al taller de Relata de la UIS. Y en dos ocasiones obtuvo la Beca Bicentenario, con la que publicó Andar los Caminos y la novela infantil Melú, el gato tigre y los gatos del bosque. “Ese libro lo escribí para mi nieto Alejandro, que vive en México. Era mi manera de acompañarlo en la distancia, de transmitirle valores y enseñarle a cuidar a los animales y al medioambiente”, cuenta. La dedicatoria lo resume todo: ‘Para Alejandro, el niño feliz que sabe poner mi mundo de cabeza’.
En Melú aparecen gatos traviesos, un señor búho que todo lo sabe, zarigüellas en extinción y peces de colores. Son personajes que encarnan valores y dilemas que los niños deberán enfrentar en la vida adulta: el respeto por la naturaleza, la empatía hacia los animales y la capacidad de redimirse después de cometer errores. Para Pineda, la literatura infantil no es un pasatiempo, sino una herramienta formativa: “El papel de la literatura infantil es preparar a los niños para lo que viene, enseñarles a enfrentar situaciones reales a través de la ficción”, asegura.
Su curiosidad creativa no se detiene. Durante la pandemia, inspirada por su hijo —doctor en astrofísica—, escribió un cuento infantil sobre astronomía. Él revisó los datos científicos, ella les dio forma poética. “Obtuvo un puntaje altísimo en un concurso nacional, pero aún no lo publicó porque es muy corto”, comenta, con la ilusión de ver ese manuscrito convertido en libro.
Entre sus páginas y proyectos se asoma una convicción firme: la lectura como llave para comprender el mundo. “La lectura le abre a uno puertas para ver otras opiniones, para ver el mundo desde otras miradas. A mí me transformó como mujer y me acompañó en momentos difíciles”, recuerda, mencionando Mujeres que corren con los lobos como un libro que le dio fuerza en un periodo complejo de su vida. Esa certeza la llevó también a compartir espacio en Vericuetos, una antología que reunió a 28 cuentistas santandereanos y que, de manera especial, fue publicada en español y francés. Allí aparece uno de sus relatos más emblemáticos, El ángel borracho.
No todo ha sido publicado. En su escritorio guarda una novela que, por ahora, permanece inédita. “Tiene mucho de mi vida, demasiado, y siento que debo camuflar eso antes de mostrarla. Mi deseo es publicar una muy buena novela”, confiesa. Esa mezcla de pudor y esperanza revela que su escritura aún tiene caminos por recorrer.
Escucharla es caminar con ella; recorrer las veredas de Santander, escuchar las leyendas que sobreviven en la voz de los campesinos, imaginar animales que enseñan valores, ver el universo a través de un cuento infantil y sentir que la literatura es siempre un puente entre lo vivido y lo soñado. María del Carmen Pineda no solo escribe cuentos y novelas; escribe rutas de memoria y de futuro, donde cada historia es también una forma de andar la vida.

María del Carmen Pineda durante la entrevista, compartiendo su trayectoria literaria y la inspiración detrás de sus obras. | Imagen extraída de la WEB





