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Daniel Alejandro Morales Sánchez, el ‘pana’ de todos

Este estudiante de 11 años se ha apropiado de su cultura venezolana para ser el alma del Colegio Santander Sede D de Bucaramanga. Según cuenta, llegar a la institución le ha permitido planear una nueva vida.

Daniel Alejandro Morales Sánchez posee un talento para el canto, empezó tocando la guitarra, y actualmente va a clases de violín. Baila cada vez que canta. /FOTO MARÍA HERNÁNDEZ CÁRCAMO

En Colombia, se registran 819.034 migrantes del vecino país, según la inscripción en el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos (Ramv). Lo anterior debido a los cambios sociales, económicos y políticos que afronta el gobierno del presidente Nicolás Maduro y que se han agravado desde 2015.

Pero a los emigrantes no solo los acompaña la estigmatización de un país que va en declive. Cada uno llega con historias particulares; algunas más alegres que otras, pero siempre buscando en tierras ajenas una vida mejor.

Esta es la historia de Daniel Alejandro Morales Sánchez, de 11 años, quien luego de vivir varios años separado de su padre, llegó a Bucaramanga para encontrar muchas razones para emprender una nueva vida.

El padre de Daniel, Alexander Morales, fue el primer en arribar a tierras santandereanas. Lo hizo en 2015. En Venezuela tenía un negocio de venta de quesos, embutidos y salchichones, pero eso quedó atrás. Ahora trabaja en un taller de latonería y pintura.

Dos años más tarde fue el turno de su hijo mayor, Gabriel, quien era estudiante de Ingeniería en la Universidad de Carabobo. Él quería continuar con su carrera, pero solo le validaron el título de bachiller, y debido a esto decidió trabajar y olvidarse de su graduación. Por último, llegó Omaira Sánchez, madre de Daniel, el 31 de marzo de 2018.

El propósito de ambos era construir un nuevo hogar teniendo en cuenta que tuvieron que aquí estaba el resto de la familia.

Provienen de Carabobo, que junto a los estados de Táchira, Zulia, Barinas y Lara son los que registran un mayor número de ciudadanos venezolanos en condición de migrantes.

Aunque la comunicación era por teléfono, para Daniel fue difícil afrontar esos dos años sin su familia; lo perseguía la angustia de no saber en qué condiciones estaban.

Alexander Morales es el único colombo-venezolano, ya que su esposa como sus dos hijos son del país vecino. Ellos optaron por sacar la nacionalidad colombiana para residir legalmente.

Omaira Sánchez entró al país en calidad de turista y sólo tiene 90 días para estar en territorio colombiano. Debe salir antes del 29 de junio porque si se llega a pasar de la fecha estaría de ilegal.

Borrón y cuenta nueva

En la foto se observa a Daniel ayudando a un compañero de clases. “Bondadoso, simpático, amigable, cariñoso, inteligente, honrado”, son algunos de las características que sus compañeros resaltan en él. /FOTO MARÍA HERNÁNDEZ CÁRCAMO

Daniel estudió seis años en Venezuela. Ahí era reconocido por ser uno de los mejores estudiantes de la Unidad Educativa Teolinda Romero de Díaz. Estaba feliz de estar en ese colegio porque conocía a todos los que lo integraban y porque era su territorio.

Llegó y no llevaba más de una semana cuando empezó a estudiar en el Colegio de Santander Sede D, en donde hay 5 niños venezolanos. En total, son 109 alumnos (59 niñas y 50 niños) de ese país los que se forman en las distinta sedes de dicha institución. De acuerdo con la información entregada por la Oficina de Gestión del Riesgo, 1.113 niños se encuentran matriculados en la ciudad. El trámite fue adelantado por los padres en la Secretaría de Educación del municipio.

En el salón de clase, su principal obstáculo ha sido no conocer la historia de Colombia. “En mi país uno sabía porque el 19 de abril era importante (día de la Independencia), uno recordaba las fechas. Acá yo sólo sé que fue libertada por Simón Bolívar y nada más”, expresa sentado al lado de su madre, en su actual vivienda, ubicada en el barrio Los Cuadros, a 20 minutos de su lugar de estudio.

Su fuerte son las matemáticas y el español. En escritura soy bueno, escribo en cursiva, y me va bien con los signos de puntuación, soy uno de los mejores”. Sus compañeros le piden ayuda para resolver algunos problemas. Según afirma, el conocimiento es el mejor regalo para compartir.

La directora de grupo, Esther Julia Zárate Real, asevera que es niño habilidoso, “no sabe casi de historia, pero siempre está pendiente de preguntar quién fue él, qué hizo, cosas así que son las que lo ayudan a ser un buen estudiante y a entender la historia del país cada día”.

El mayor temor de su mamá era que lo trataran mal, porque “sí he sabido del rechazo hacia nosotros. Por fortuna, no nos ha tocado”, comenta Sánchez.

De todos modos, Daniel “iba con la mejor actitud” y no esperaba mucho de esa semana. Pero su sorpresa fue otra al ver que la mayoría de sus compañeros tenían curiosidad por saber de él: de dónde venía. Le hicieron varias preguntas de su país de origen y del mismo modo, datos curiosos sobre su cultura.

Los niños se sorprendieron al saber que en su antiguo colegio no había una tienda, que la jornada de estudio era más larga, que el sistema de calificación era distinto y que tenía menos de 30 compañeros de clases debido a que habían emigrado a otros países.

Talentos: la música

No sabían que este joven, que actualmente va a clases de violín, posee una gran habilidad para el canto. Descubrieron esto en un descanso cuando Daniel decidió cantar porque se lo habían pedido, debido a esto lo llaman ‘Kaleth Morales’; Kaleth porque es el nombre de su cantante favorito y Morales, es su primer apellido. En algunas ocasiones lo llaman Diomedes Díaz.

De ahí en adelante sus compañeros tanto del salón como del colegio le piden que cante en algunas durante los 30 minutos que dura el recreo, donde aprovechan para jugar al ponchado, escondite, venados y cazadores, la lleva y al fútbol.

Otro grupo lo acompaña improvisando con los pupitres unos tambores. Además de esto, es reconocido por la forma en la que baila, siempre acompaña sus melodías con un baile típico.

Los niños se concentran en escucharlo porque, de acuerdo con sus mejores amigas Luisa y Sharol, “es un don que pocos tienen y él sabe desarrollarlo muy bien” También, resaltan que es un “caballero y siempre está pendiente de nosotras”. Este tipo de actividades ha provocado que sea más abierto y menos tímido.

Por María Hernández Cárcamo

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Universidad Autónoma de Bucaramanga