Por Karina Vélez / karinavgx@gmail.com
Especialista Senior de comunicaciones Telefónica Movistar
Vivo en un país que cargó durante décadas con la sombra del conflicto. Cuando alguien buscaba su nombre en Google —o ahora lo “chatgepeteaba”— aparecían titulares de bombas, muertes y dolor. Esa era la etiqueta inevitable.
Por eso me conmovió tanto ver que los Campeonatos Mundiales de Ciclismo de Ruta se celebraran en Kigali, Ruanda. Una ciudad que, hasta hace poco, era sinónimo de genocidio en la memoria global. Al teclear su nombre, lo primero que aparecía era sangre y dolor.
Estos días Ruanda mostró otra cara: la música en las calles, los aplausos que acompañaban a cada ciclista, los colores vibrantes de un pueblo decidido a cambiar su narrativa. Me detuve en los gestos invisibles: los campos de formación, las bicicletas donadas, los niños que ahora pedalean hacia un futuro distinto.
El deporte no pregunta de qué color es tu piel, ni qué pasaporte cargas; solo te invita a sumar fuerza, a rodar juntos. Esa es la verdadera revolución silenciosa. Hoy, cuando alguien busque Kigali, encontrará primero un Mundial de ciclismo. El genocidio sigue allí, imborrable, pero junto a esa memoria ahora hay otra historia: la de un país que sonríe, compite y se levanta.
Gracias, Kigali, por recordarnos que siempre hay una segunda página que escribir.

El público ruandés celebró una semana de ciclismo profesional asistiendo masivamente a cada una de las pruebas que se celebraron en los Mundiales de Ciclismo de Kigali, entre el 21 y el 28 de septiembre. /FOTO CORTESÍA PIPE CANO

El mexicano Isaac del Toro (21 años) fue el mejor latinoamericano en la prueba de ruta de los Mundiales de Kigali, en el puesto 8. /FOTO CORTESÍA PIPE CANO





