Delfina trabaja por los recuerdos

"A final de cuentas, puedo decir que lo hago por amor".

Por Jorge Daniel Badillo Durán (jbadillo828@unab.edu.co)

Cada mañana, como ya es costumbre, Delfina Flórez Sánchez, de 50 años, se prepara muy temprano para una jornada laboral más en la que espera cumplir con su objetivo diario. Ella es vendedora ambulante y madre soltera de un joven de 20 años.

Nacida en el páramo de Berlín, específicamente en el municipio de Tona, Santander, el 23 de abril de 1974, creció rodeada de campo y dentro de una familia conformada por su madre, Alicia Sánchez Gutiérrez; su padre, Ernesto Flórez Santamaría; y sus siete hermanos, divididos en tres hombres y cuatro mujeres. “Allá la vida es muy diferente”, menciona Delfina, con un tono de melancolía que inmediatamente excusa al decir: “Cuánto diera por volver a vivir esos tiempos”. 

Delfina vendiéndoles empanada y café con leche a los empleados de La Peluquería, ubicada en la carrera 37 con calle 52. / FOTO TOMADA POR JORGE DANIEL BADILLO DURÁN

¿Cómo fue su vida en el páramo de Berlín?

¡Dura! La vida en el campo siempre es así. Uno mismo debe rebuscarse el sustento diario, pero es muy distinto a como uno lo hace en la ciudad. En principio, yo soy la hermana mayor y como mis papás salían casi a las 3:30 de la mañana para ir a labrar la tierra, a mí me despertaban a esa hora para que estuviera pendiente de mis hermanos. En realidad, eso no era difícil, fue una rutina que muy rápido aprendí y a la cual me acostumbré. 

El verdadero camino empedrado apareció cuando murió mi mamá a causa de un infarto que no le dio oportunidad de nada. Entonces, a raíz de eso, cuando tenía alrededor de diez años, me tocó hacer las veces de ella y salir con mi papá, así que mis hermanos se quedaban prácticamente solos.

¿En alguna ocasión pudo ir a alguna escuela?

¿Escuela? ¡No, para nada! (entre risas). Siempre estuve en la casa y nunca tuve ese privilegio de ir a estudiar y aprender. Mi única fuente de aprendizaje era lo que mi papá me enseñaba a diario. Inclusive, de mis siete hermanos, solo uno pudo contar con ese beneficio.

¿Cómo ocurrió su llegada a Bucaramanga?

Con catorce años, hubo una sequía terrible en el terreno que nosotros cosechábamos y mi papá tomó la decisión de que yo me viniera sola para la ciudad porque no había otra opción. Me dijo que podía vender empanadas, tinto, aromática y que era algo que daba buenas ganancias. La idea no me disgustó y sin pensarlo dos veces y a esa edad, me vine para Bucaramanga. Al inicio, vivía en una casa muy humilde junto con mi tía paterna, Florentina, en el barrio “Campohermoso”. 

¿De qué forma comenzó como vendedora ambulante?

Cuando llegué a la ciudad, en 1988, con el poquito dinero que traía, compré lo necesario para poder vender (carro de mercado, café, carne, arroz, masa para empanadas, aromáticas y termos para mantener caliente los líquidos). Para lo que me alcanzó fue suficiente, logré hacer una base y con eso un día me dije: “Voy a salir a caminar, a ver hasta dónde llego y qué puedo conseguir”. Así fue cómo empecé. Los primeros días fueron los más difíciles porque en esa época no era como ahorita que uno con el celular se puede guiar y llegar a cualquier lugar. Aparte de que estaba recién llegada, me tocó aprender a las malas.

¿Cuál es su rutina diaria?

Cuando ya tengo todo listo, salgo a la calle y como no tengo punto fijo, camino alrededor de unos 10 kilómetros diarios, desde el barrio el Álvarez, que es donde vivo ahora, llegando al parque San Pío, luego por todo cabecera y de ahí me devuelvo nuevamente hasta mi casa. 

Luego de los años, ¿por qué seguir en este oficio?

Por costumbre (acompañado de una leve risa). Ya después de tanto, el próximo año cumplo 37 de estar trabajando en esto y, a final de cuentas, puedo decir que lo hago por amor. Esto requiere de mucho: siempre me levanto a las 3:30 de la mañana para preparar lo que voy a vender, pero de cierta manera lo hago porque recuerdo que a esa misma hora me levantaban para cuidar a mis hermanos. 

Delfina Flórez Sánchez posando frente a su carrito lleno de termos con tinto, aromática y café con leche. / FOTO TOMADA POR JORGE DANIEL BADILLO DURÁN