Los campesinos del sector conocido como ‘Antena RCN’, de la vereda Santa Bárbara, ubicada a 20 minutos del barrio Lagos del Cacique, consumen agua con bacterias como coliformes y E.coli, las cuales producen vómito, náuseas, fiebre y diarrea. Los residentes explican que el agua llega a los tanques de sus viviendas desde un aljibe ubicado en la parte alta de la vereda y que no cuenta con filtros para procesar el líquido. La solución dada por la Universidad de Santander (UDES) es la instalación de un sistema que costaría 8 millones de pesos, dinero que, según las familias, debe costear la Alcaldía de Bucaramanga, ya que es una promesa sin cumplir de la administración pasada. No obstante, la Junta de Acción Comunal explica que si bien es necesario un acueducto veredal, existen otras prioridades como la instalación de cámaras de seguridad y el mejoramiento de las vías. /FOTO JHON JAIRO BALLESTEROS

En la vereda Santa Bárbara de Bucaramanga viven desde propietarios de restaurantes y casas de alquiler de dos y tres pisos que cuentan no solo con una vista privilegiada de la ciudad, sino que tienen servicios básicos y uno que otro privilegio como regar los jardines.

Pero también habitan campesinos en pequeñas parcelaciones que algunos residentes aseguran, “se han levantado a puchos”, donde para su desgracia no llega agua potable.

Aunque en los mapas la vereda aparece como un solo terreno, sin divisiones ni clasificación alguna, los campesinos reconocen dos sectores: ‘La Pared’ y ‘Antena RCN’.

Para acceder al primero no hace falta más que llegar a las instalaciones de la Universidad de Santander, Udes, y mirar el andén del frente. Sin afán, a 20 minutos de recorrido a pie se encuentra el último sector.

Santa Bárbara limita con el cementerio Jardines La Colina y con Lagos del Cacique, barrio estrato seis de la ciudad. Sin embargo, el panorama para algunas personas de este asentamiento rural es diferente. Incluso, ambos sectores tienen marcadas diferencia. En ‘La Pared’, por ejemplo, se escucha el bullicio de los universitarios y el ruido de los carros que suben y bajan por las vías pavimentadas, sus habitantes cuentan con gas natural, servicio de aseo y acueducto.

En contraste, el día a día en ‘Antena RCN’ es diferente, incluso hasta el aire que se respira, pues predomina en el ambiente el olor a tierra húmeda, distinto al olor de humo de cigarrillo que deben soportar los residentes en ‘La Pared’. Los sonidos no vienen de los bares cercanos a la universidad sino de las chicharras, los gallos y las ranas que se hacen sentir. Escondidas dentro de árboles y matorrales se encuentran las pequeñas casas de las 15 familias a las que no les pasa el camión de la basura, no les llega gas natural, no tienen acueducto ni alcantarillado y lo que es más delicado, no tienen agua potable. El líquido amarillento y marrón que deben consumir las 60 personas que allí habitan les baja de un aljibe ubicado en la parte alta de la vereda y durante el recorrido no pasa por ningún filtro ni proceso de tratamiento.

“Sabemos que lo que estamos consumiendo no es potable pero no tenemos alternativa”, afirma Darío Rafael Rodríguez Puerta, residente de la zona, mientras saca con sus manos barro y trozos de residuos naturales que quedan en el tanque de almacenamiento que distribuye agua a su casa y a las de sus vecinos.

“No podemos comprar botellones porque sale muy caro y no tenemos la plata. Nos toca utilizar lo que le sobra al señor de la finca de arriba. Es verdad, el tanque queda sucio, el fondo es negro y le salen larvas, pero lo único que podemos hacer es lavarlos cada ocho o 15 días, y purgar seguido a los niños”, explica Rodríguez.

Yolanda Jerez Anaya también vive en esa zona y todos los días baja desde su casa hasta la entrada de la Udes a vender helados y ensaladas de frutas.

La única agua limpia que consume durante el día es la que bebe cuando está en su trabajo. “Cuando estoy en mi casa me toca tomarla así como baja del nacimiento. Ahí hemos encontrado basura y animales muertos, le tiran faras, perros y hasta cerdos pequeños. Hemos tenido enfermedades y los médicos dicen que es porque el agua trae mucho parásito”. María Consuelo Moreno González es docente de Consultoría Social de la Udes y conoce de cerca la situación de esta población. Al preguntarle repite con tono de preocupación que las pruebas hechas al líquido como parte de un estudio microbiológico adelantado por estudiantes de Ingeniería Ambiental y Microbiología Industrial de esta universidad, han concluido que “el líquido vital no es viable sanitariamente pues tiene presencia de bacterias como coliformes y E.coli”.

Los estudios además de advertir sobre la mala calidad, recomiendan que es necesaria la implementación de sistemas de filtración como medida para mejorar la potabilidad del recurso.

“La JAC nos tiene abandonados”

Según los campesinos de ‘Antena RCN’, aún no tienen agua potable por culpa del mal manejo de los proyectos que gestiona la Junta de Acción Comunal (JAC), pues aunque la Alcaldía de Bucaramanga, en la administración pasada, a cargo de Luis Francisco Bohórquez Pedraza, aprobó la instalación de dos tanques con filtros, ellos no se vieron beneficiados.

“Solamente montaron uno en la parte de abajo, en ‘La Pared’, la plata se quedó allá. El proyecto decía que era para los dos lados y no cumplieron”, aseveró Johanna Calderón Delgado, habitante de la vereda. “Hace cuatro años que los de esa zona tienen la ‘rosca’ en la Junta y todo lo planean para ellos”.

Consciente de la injusta realidad, Jerez Anaya prepara los pedidos de los hambrientos universitarios y agrega, con rabia, que los tienen descuidados. “¿Por qué abandonan a los que somos realmente campesinos? Nosotros no tenemos nada, ellos ya son un barrio más, tienen todo y las ayudas se las siguen dando a los que no son del campo”.

Frente a los señalamientos, Arley José Quintero Callejas, presidente electo de la JAC, sostuvo que se ha tenido en cuenta a toda la gente, pero que como tanto el anterior presidente como él son de ‘La Pared’, se le ha dado prioridad a proyectos de pavimentación y otras gestiones para ese lugar.

Asimismo admitió que existe una división entre la comunidad. “Hace tres años se hizo la gestión para poner el acueducto veredal con Corpoblanca y en ese tiempo hubo gente de ‘Antena RCN’ que no estuvo de acuerdo por el costo, pues tocaba pagar un millón doscientos mil pesos más los recibos mensuales. Nosotros sí pagamos y por eso actualmente tenemos agua potable y un tanque de tratamiento”, añadió.

Con la explicación del líder de la JAC pareciera que los campesinos están condenados a tomar agua no potable por la única razón de no tener los recursos y las influencias suficientes. Como si este problema no fuera suficiente, Quintero Callejas expresa que en este momento lo más importante para la vereda es la instalación de cámaras de seguridad, prioridad cuestionada por los habitantes que se sienten excluidos.

“Yo prefiero tener un vaso de agua limpia que una cámara, hay prioridades pero en la Junta no entienden eso. ¿Por qué no invierten esa plata en un tanque para este sector?”, manifestó Calderón Delgado.

Proyecto universitario, posible solución

Un grupo de 24 personas, entre estudiantes y docentes de los programas de Ingeniería Ambiental y Microbiología de la Udes, trabajan en un proyecto para mejorar la calidad del agua que consumen estos campesinos.

La idea consiste en la instalación de una planta de tratamiento que tiene la capacidad de surtir diariamente 100 litros a cada integrante de las 15 familias. “Al principio diseñamos un filtro para poner en los grifos pero resulta que el agua salió tan mala que no sirvió. Lo único que la puede potabilizar es una planta y la universidad tiene una, esa es la que pensamos llevar a la vereda”, explicó Moreno González, vocera de la iniciativa.

Según Manuel Epalza Contreras, docente investigador de esa universidad, esta planta fue el resultado de una tesis de grado en la que se demostró que el sistema es eficiente para sacar el recurso en condiciones potables.

“Aplicamos el Índice de Riesgo de Calidad de Agua, Irca, desarrollado por el Instituto Nacional de Salud y después de seis meses de monitoreo comprobamos que el líquido que saca la planta es óptimo y viable sanitariamente”, agregó.

La implementación de este dispositivo tendría un costo aproximado de ocho millones de pesos y podría demorar entre dos y tres meses. “Estamos discutiendo el tema de los costos que este proyecto le generaría a la universidad pues el sistema requiere de la vigilancia de los tanques, paneles solares, baterías y demás dispositivos electrónicos que son costosos”, aclaró Epalza Contreras.

Sector invisible para las administraciones

Los habitantes del sector ‘Antena RCN’ al parecer son invisibles para las administraciones municipales. El Plan de Desarrollo 2012-2015 de Luis Francisco Bohórquez Pedraza, llamado ‘Bucaramanga Capital Sostenible’, aunque reconocía las deficiencias en calidad del agua que presentaba el sector rural y planteaba la implementación de sistemas de potabilización, pasaron los tres años de mandato y a este sector de la ciudad nunca llegó nada.

Según el primer documento del Plan de Desarrollo 2016-2019 de Rodolfo Hernández Suárez, llamado ‘Gobierno de los Ciudadanos y las Ciudadanas’, “todas las veredas cuentan con acueducto y algunas tiene más de uno”. Irónicamente lo afirmado en dicho documento va en contravía de la realidad que vive Santa Bárbara, pues están ignorando que esta zona siempre ha carecido de este servicio.

Frente a esta situación, la respuesta de la Alcaldía es que aún no se tiene conocimiento del caso de Santa Bárbara en específico, pero que sí se tienen contemplados trabajos en todas las veredas. “En el Plan de Desarrollo hay diez puntos enfocados en el seguimiento y acompañamiento de los problemas rurales de la ciudad, acueductos veredales, tuberías y plantas de tratamiento. No hay nombres de veredas como tal porque hay que esperar que se apruebe el Plan para entrar a mirar los lugares con detenimiento”, declara el secretario de Salud y Medio Ambiente municipal, Raúl Salazar Manrique.

Añade que lo que debe hacer la comunidad es acercarse a la Alcaldía y dar a conocer el problema para que ellos desde las Secretarías de Salud e Infraestructura entren a estudiar el caso y planteen posibles soluciones.

Por Jhon Jairo Ballesteros C.
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Universidad Autónoma de Bucaramanga