La crudeza del mundo y el rostro de la miseria se pueden ver reflejados en las caras de las personas que a diario se observan en las calles buscando entre la basura algo que comer.

Cuando el embarazo es producido en condiciones de indigencia, el impacto directo es en la calidad de vida, donde no hay posibilidad de la formación de una familia o los cuidados necesarios que un recién nacido necesita. El flagelo va desde la embarazada que duerme en el piso, come desechos, consume alucinógenos y alcohol, hasta el futuro de los bebés que alcanzan a nacer.

Heidy Liliana Suárez es una mujer de 32 años que tiene tres meses de gestación y vive en los alrededores de la avenida Quebradaseca. La mayor parte del tiempo está drogada o alcoholizada. Su adicción más fuerte es el bazuco, que consume sin importarle la vida que se desarrolla dentro de su vientre. Contó sin temor que es drogadicta y que no se acuesta con cualquiera.

El bazuco y el bóxer son los alucinógenos más usados por los habitantes de la calle en el centro de la ciudad debido a su bajo costo. /FOTO CAROL RIAGA

Aunque está segura que su actual pareja es el padre del hijo que espera, afirmó que está sola porque él no demuestra ningún. Relató que en ocasiones ha tomado la decisión de interrumpir su embarazo dándose golpes en el estómago hasta sangrar y poder ir a un hospital a que le practiquen el aborto.

Esta no es la única historia que se cuenta en dicha zona de la ciudad, está la de Rosa Castellanos, quien tiene 21 años y ha dado a luz a dos hijos.El primero lo tuvo a los 13 años y se lo quitó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, mientras dormía con el recién nacido en un andén.

La segunda la regaló porque temía que también se la quitaran y nunca más la pudiera volver a ver. “Hace un tiempo la vi de lejos, ya tiene dos años. La vi limpiecita, bien vestida. Lloré de rabia y nostalgia porque ella nunca me va a reconocer como su madre y nunca la voy a poder recuperar”, contó.

A las historias de Heidy y Rosa se suma la de María Álvarez. Asegura que se fue de la casa desde los 15 años porque su padrastro la maltrataba. Actualmente tiene 42 y está embarazada de su octavo hijo. Aunque abandonar un bebé es un delito en Colombia, los últimos tres que dio a luz los regaló a la primera persona que se los pidió porque como ella misma relata, “consumo drogas y me la paso borracha, no puedo darles leche, pañales o un techo y les toca es ir al sol con uno”.

Sus otros hijos también viven en la calle y son drogadictos, quienes roban y tienen cicatrices en su cuerpo, debido a las riñas que protagonizan. Es por esto que María no quiso que los tres niños que regaló tuvieran el mismo destino que tienen los otros.

María se lamenta de todas las embarazadas que están en indigencia. Dijo que “esta vida no es para eso, estar en ese estado da mucha hambre y antojos. Le toca a uno ir a los restaurantes pero la gente no nos da nada y nos miran como un bicho raro.

Aparte del trato de las personas del común que la miran despectivamente, se añade el trato de la Policía, que, según ella, no se apiadan ni siquiera por el estado en que se encuentra. “Algunos policías nos maltratan, nos corren del lugar donde estemos se esté o no en embarazo. Le pegan a uno con bolillo si no nos queremos mover, por eso es que nosotros también somos ariscos”, comentó.

También tiene que cuidarse de los otros habitantes de calle porque entre ellos mismos se roban la droga para consumirla o venderla. Aunque esté embarazada, María acepta que se ha peleado a cuchillo por no dejarse quitar el bazuco que normalmente guarda en la ropa interior que lleva puesta.

Manifestó que en los 27 años que ha vivido en la calle ha visto mujeres que dan a luz sobre el pavimento porque ninguna lleva control prenatal. Así como también ha visto bebés que mueren de frío o madres que llevan a sus recién nacidos y los abandonan en basureros o lugares solitarios para que el destino haga de las suyas.

Andrés Felipe Archila, médico general, trabajó en el Hospital del Norte, donde atendió varios casos de embarazadas indigentes relacionados con el desarrollo fetal. Explicó que los riesgos del consumo de drogas en este estado dependen de la etapa en la que esté.

“Si es antes o durante las primeras semanas, se expone a la malformación del feto y defectos del tubo viral neuronal. Si es después de las 10 semanas, se puede presentar bajo peso o restricción del crecimiento intrauterino en el feto. Al momento del parto al niño le puede dar hipoglucemia, convulsiones y síndrome alcohólico fetal, como si fuera una dependencia al consumo”, dijo el médico.

Jorge Nieto, subsecretario de Desarrollo Social de Bucaramanga, afirmó que hay programas intra-murales, que son para los habitantes que quieren salirse de la calle, donde se les ubica en un sitio con hospedaje y comida para hacer rehabilitación. Los extra-murales son los habitantes que no quieren salir de su condición, a los que se les brinda atención primaria en salud y salud hospitalaria. A ellos los recogen, los llevan a un sitio donde les hacen exámenes médicos, los asean y les cortan el pelo, la barba y las uñas.

Sin embargo, “hay la sensación de que no se hace nada, pero se hace mucho. Lo que pasa es que es una población muy difí- cil. Es como una puerta giratoria donde entran y salen. Uno los baña y los pone bonitos pero a las dos horas ellos están tirados otra vez en la calle consumiendo drogas y sucios, entonces es difícil”, declaró el subsecretario Nieto.

Por Carol Andrea Riaga Gómez

Criaga@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here