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Edison Muñoz: el sangileño que triunfa con el tiple

Al tiplista santandereano Edison Muñoz Camacho le gusta hablar en sus ratos libres sobre filosofía y antropología. / FOTO LUCÍA ESTUPIÑÁN

Por Lucía Estupiñán
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Corría el año 2015. En el teatro Sogamoso se celebraba el Festival de Teatro Sugamuxista. Era la primera vez que Edison Muñoz Camacho iba a un evento sin la compañía de sus padres. Disfrutaba la experiencia de conocer otro pueblo con una cultura un poco diferente a la suya.

Edison viajó de San Gil a Sogamoso con su amigo y acompañante del tiple, Nicolás Márquez, a concursar. Estaba calmado, a pesar de que el teatro estuviese lleno. Se sentía confiado con sus interpretaciones que lo llevaron a ganar su primer premio: el Trofeo Sugamoxi de Oro, que le fue entregado al interpretar “Ciudad de la Alegría”, de Pedro Nel Martínez, y “Bacatá” del maestro Francisco Cristancho.

Un punto de partida

Muñoz nació en San Gil en 1999. Es el menor de tres hermanos. A sus 22 años ha logrado cosechar varios triunfos a través del tiple y el requinto. Su padre, Ángel Muñoz Galvis, fue quien lo indujo al mundo del arte. Él recuerda escuchar desde que era un niño las melodías de Jorge Ariza Lindo, uno de los masificadores del torbellino en Santander. 

A este sangileño le ha pasado de todo en su carrera musical. Una de las experiencias que más recuerda con humor fue el día en que iba a hacerse unas fotos para el concurso Cacique Tundama y su tiple sufrió un accidente. “Ese día estaba con Nicolás González, y yo le dije que hiciéramos la foto del tiple en un árbol que estaba en la Casa de la Cultura, pero cuando fuimos a poner la cámara vimos caer el instrumento casi en cámara lenta, fue gracioso y doloroso a la vez”.

Ingresó a los siete años a la escuela de vientos de la Casa de la Cultura de San Gil en el 2006 y tres años después conoció al maestro Diego Alejandro Otero Villalba, quien lo invitó a ingresar a clases de tiple. Sin embargo, solo un año después pudo hacerlo porque no contaba con el dinero suficiente para pagar el curso. Durante ese año las escuelas de cuerdas y de vientos estaban en salones contiguos, y el infante “escuchaba el sonido de las cuerdas y esa sensibilidad se fue reproduciendo, por eso me incliné por el tiple”, menciona Muñoz.

Tiple de Edison Muñoz Camacho. / FOTO LUCÍA ESTUPIÑÁN

El profesor Otero, con más de 20 años de experiencia como tiplista y 12 como profesor, forma jóvenes desde el 2009 en el arte de la cuerda, ya sea de tiple o requinto. El maestro cree que es importante para los jóvenes ver personas entre su rango de edad que toquen este tipo de instrumentos culturales, ya que se sienten atraídos. “Yo llegué siendo un muchacho, entonces los jóvenes me creían más”.

En la actualidad la Escuela de Cuerdas es gratuita, Otero enseña a más de 100 personas, entre ellos 30 jóvenes, a tocar instrumentos de cuerda y a gestionar apoyo económico para participar en diferentes concursos. 

Justamente fue el apoyo de Otero, y el tiple en sí, lo que impulsó a Edison a interpretar y componer piezas musicales. Y es que la melodía que emite esta herramienta musical a través de sus cuerdas y caja es tradición en Santander y Boyacá.

El origen del tiple

Sobre su creación se derivan algunos mitos, aunque no se ha establecido a ciencia cierta su origen específico. En 1840, los soldados en Chitaraque, Boyacá, se reunían en sus ratos libres y cantaban y tocaban el tiple por diversión, así lo plasmó José Caicedo Rojas en un artículo publicado en 1849.

Sin embargo, la versión más conocida es la que dio Guillermo Uribe Holguín el 3 de agosto de 1923 en el Conservatorio de Bogotá, donde mencionó que el tiple es “una degeneración de la guitarra española, una guitarra sin las cuerdas ‘mi’ y ‘la’”. Aunque no es seguro de dónde proviene, es real que el instrumento es popular en la región.

Estas dos versiones, las de Caicedo y Uribe, están escritas en el libro Los caminos del tiple de David Puerta Zuluaga. 

El fruto de su esfuerzo

Edison ganó en el 2018 el premio “Pacho Benavides” como mejor tiplista en el festival El Gran Mono Núñez, en Ginebra, Valle del Cauca. En ese momento se dio cuenta de que personas fuera de su núcleo familiar esperaban grandes triunfos; sin embargo, Muñoz prefirió no pensar en eso y se alejó un poco de los concursos, “quise dedicarme a la búsqueda de mi propia voz”. El joven artista dejó de lado las expectativas de los demás y comenzó a hacer lo que él deseaba: sensibilizar con sus piezas musicales a través de temas del activismo.

En agosto del 2019 ganó el premio Campeón de Campeones, del Festival de la Guabina y el Tiple. “La música de cuerda es más cercana a mi identidad”, dijo Muñoz, quien no ha sido el único sangileño con grandes logros del tiple.

Las partes del tiple. / LUCÍA ESTUPIÑÁN

Apasionados por las cuerdas  

Carlos Augusto Vásquez Soto de 25 años es estudiante de Música de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, donde también estudia Muñoz Camacho. El tiple lo atrajo en el año 2010, cuando tenía 14 años: “Sentí amor a primera vista por la sonoridad tan dulce, tan expresiva, tan gigante del instrumento”.

La inspiración de Carlos es su abuela, Martha Cecilia Serrano, quien fue la promotora de su carrera musical. Ella le compró su primer tiple. Vásquez ha ganado varios premios, entre ellos el “Pacho Benavides” al mejor tiplista, y el premio al mejor solista instrumental en el Gran Mono Núñez 2019.

También hay influencia del tiple en personas más jóvenes, como es el caso de José Alejandro Pinzón Ortiz, quien tiene 15 años, dedica gran parte de su tiempo a mejorar sus interpretaciones, y sueña con dejar un legado en su tierra y ser escuchado en todo el mundo. “Siento mucha felicidad porque sé que voy a marcar la historia del tiple aquí en la región y voy a dejar una huella muy grande”, afirma.  

La familia y la música

Muñoz Camacho vive con un “enorme agradecimiento” hacia su padre, pues él le enseñó lo básico de un instrumento de cuerda, “los primeros acordes de guitarra”. El apoyo que le ha dado su papá ha sido fundamental para él. 

Mercedes Ortiz Ballesteros, madre del tiplista José Alejandro Pinzón, resalta que lo más importante es el tiempo que le dedica a su hijo. Ella se alegra de que los jóvenes estudien algún instrumento porque, según ella, “los recrea en otra actividad diferente a la académica., alejándolos de vicios y permitiéndoles explorar alternativas musicales y escenarios de cultura y arte”. 

El presente

Muñoz Camacho se caracteriza por ser una persona arriesgada y siente que ha sido provechoso fijarse más en sus metas que en las opiniones ajenas.

En enero de 2020 ganó el premio a mejor obra inédita en el Concurso Nacional de Requinto, en Tuta, Boyacá. Allí interpretó en el requinto “Cuna de Chivita”, una pieza musical dedicada a su perra de raza pinscher, Chivita, pues siente que la gente no les da importancia a los animales en el arte. Muñoz Camacho está culminando sus estudios de música en la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Dedica parte de su tiempo a componer obras musicales que generen conciencia ambiental. Sueña con recorrer el mundo mostrando su música y tocando el tiple. “Hay que estar en sintonía con el lenguaje del que uno proviene”, sostiene Muñoz, quien además cree que el tiple tiene todo para ser un instrumento universal, y seguirá trabajando para demostrarlo.

Universidad Autónoma de Bucaramanga