Por María Alejandra Godoy Torres mgodoy620@unab.edu.co

En el semáforo de la diagonal 15 con calle 56, diagonal a San Andresito La Isla, Zaideli Nataly García Ojeda se gana su sustento diario con un sombrero de paja cónico, un chaleco de cuadros, un corbatín, una nariz de payaso y una breve rutina de magia.

Zaideli Nataly llegó hace seis años a Bucaramanga desde Venezuela, buscando las oportunidades que su país le negó. Sin embargo, el rechazo y la falta de salida laboral la obligaron a encontrar un camino distinto: “Cuando llegué comencé buscando trabajo, pero en esos tiempos no aceptaban a los venezolanos, tenían que tener papeles y yo llegué indocumentada. Entonces, me tocó hacer magia, buscarme algo porque no podía estar sin hacer nada”.

La mujer de 26 años comenzó trabajando en los semáforos del norte de la ciudad, pero una oferta de hospedaje por parte de un amigo la llevó, junto con su esposo y sus dos hijos, a mudarse al barrio Real de Minas. Desde entonces, adoptó este cruce como su escenario diario.

Su esposo, que estudió artes escénicas, le enseñó los trucos de magia que hoy presenta. Cuando llegaron a Bucaramanga, Zaideli no tenía experiencia en este oficio. “Estudié Administración y no sabía nada de eso”, afirma la ‘semaforista’. Su pareja era quien hacía la rutina inicialmente. “Le dije: ‘Te voy a ayudar, enséñame que yo veo como hago’ y así fue”.

Chupita es el personaje que Zaideli García interpreta día a día para ganarse la atención de los bumangueses. /FOTO MARÍA ALEJANDRA GODOY T.

Por el momento, junto con su hermana Fabiana centran sus energías en el arte callejero, mientras que su esposo es conductor de inDrive por toda la ciudad. Sin embargo, el matrimonio hace un show en conjunto como los personajes “Chupita y Poroto” cuando les ofrecen actuaciones en eventos privados o teatros. 

Gracias a las redes sociales, el dúo ha logrado ampliar su alcance y atraer a clientes interesados en shows. En TikTok, donde acumulan más de 30 mil seguidores, comparten números de comedia y rutinas más elaboradas que las que presentan en los semáforos. “Él hace la comedia y yo hago la magia”, comenta García sobre la dinámica que mantienen en el escenario.

En el semáforo, la rutina se adapta. El espacio y la cercanía con el público limitan algunos trucos. “No todos los números de magia los puedo hacer aquí. Si los hago, la persona que está detrás puede ver el secreto; no son actos para la calle”, explica. Por eso, cada cierto tiempo, la maga renueva sus presentaciones para no aburrirse y mantener la atención de su audiencia.

Para resaltar entre los otros ‘semaforistas’ de la ciudad, las hermanas mandaron a confeccionar sus característicos trajes. “La mayoría de los que hacen esto vienen casuales, entonces quisimos salir de lo común”, justifica la ilusionista. 

Zaideli y Fabiana García utilizan prendas características para salir de lo común y atrapar la atención de sus espectadores. /FOTO MARÍA ALEJANDRA GODOY T.

Con casi cinco años trabajando en este lugar, Zaideli y su hermana se han ganado el aprecio de los bumangueses. Al principio, acercarse a los conductores resultaba difícil, pues pocos bajaban el vidrio o mostraban interés en sus presentaciones. Con el tiempo, la constancia y la familiaridad les permitieron ganarse la confianza del público, que hoy las reconoce y apoya con simpatía. 

La maga comienza su jornada a las seis de la mañana. Al llegar, asegura su bolso y empieza su rutina de magia. De lunes a sábado actúa en los dos semáforos de la esquina, los domingos solo hace uno “porque es muy rápido”. A la una de la tarde almuerza con su hermana y luego continúa hasta las seis.

A pesar de haber estudiado Administración de Empresas, Zaideli quiere seguir viviendo del arte. Su meta es tener una agencia de eventos y continuar sacándole sonrisas a la gente que pasa por su lado. “El arte de calle no es delito. No es fácil tener la atención de una persona que viene a veces molesto o estresado por el trabajo. Solo les pido, de todo corazón, que cuando se detengan me regalen un poco de su atención; si no tienen para darnos, no importa”, concluye.