Por Paula Camila Niño Ortiz – pnino190@unab.edu.co
La quiropraxia es una técnica que busca corregir desalineamientos articulares mediante manipulaciones manuales, con el fin de aliviar el dolor y mejorar el funcionamiento del cuerpo. Aunque en ocasiones se confunden con la fisioterapia, ambas tienen enfoques diferentes.
Según José Domingo Garrido Lozano, fisioterapeuta especializado en rehabilitación deportiva y quiropraxia, la diferencia entre fisioterapia y quiropraxia está en el enfoque del tratamiento: “La primera se centra en corregir desalineaciones osteoarticulares mediante manipulaciones para aliviar el dolor. La fisioterapia, en cambio, abarca la rehabilitación de lesiones osteoarticulares en áreas preventivas, deportivas, ortopédicas, de investigación, administrativas y docentes, con tratamientos adaptados según el rol”.
Ir a la raíz del problema
Antonio Moya, quiropráctico enfermero formado en Chile y especializado en Colombia, argumenta: “A diferencia de otros tratamientos fisioterapéuticos, la quiropraxia trabaja directamente en la base, es decir, en la articulación como tal. Una vez que se ajusta, el sistema nervioso periférico comienza a funcionar y a enviar sus señales correspondientes. Primero se trata la base, luego la parte muscular, y al finalizar esta etapa, el paciente empieza a sentirse mucho mejor, especialmente por el efecto de un drenaje linfático”.

“Cuando llega un paciente con miedo, hay que darle la confianza correspondiente, decirle que va a sonar la articulación, pero no va a sentir dolor”, afirma Antonio Moya. / FOTO SUMINISTRADA
La confianza como parte del tratamiento
Ambos coinciden en un punto fundamental: el manejo del miedo. “Es darle la confianza necesaria al paciente para que se deje y explicarle, sobre todo, qué tipo de lesión tiene y qué tratamiento se le va a realizar, para así aplicar un tratamiento idóneo y especializado para su lesión”, comenta Garrido.
En este mismo sentido, Antonio señala que la empatía es importante: “Cuando llega un paciente con miedo, hay que darle la confianza correspondiente, decirle que va a sonar la articulación, pero no va a sentir dolor. Y si empieza a sentirlo, que me avise, porque no duele. Se siente el ruido, pero no duele”.
El protocolo
Según Garrido, los factores para realizar una sesión adecuada comienzan con una buena evaluación clínica apoyada en exámenes radiológicos y pruebas semiológicas (son aquellas que permiten identificar síntomas y signos físicos mediante la observación y la exploración directa del paciente). Dentro de las pruebas radiológicas están, las radiografías, resonancias magnéticas y tomografías axiales computarizadas. Solo con este análisis previo se puede determinar el tipo de ajuste que requiere el paciente y evitar complicaciones.

Centro de rehabilitación de José Domingo Garrido ubicado en la esquina de la Calle 17 #32-06, Bucaramanga. / FOTO SUMINISTRADA
El especialista advierte que los errores más comunes en esta práctica ocurren cuando las técnicas son aplicadas por personas sin el conocimiento idóneo ni la formación profesional necesaria. “Eso produce mucha iatrogenia (daños causados por un tratamiento mal realizado o por error médico) o daños colaterales a la lesión”.
Más que una solución al dolor
Un concepto erróneo es la idea de que esto solo sirve cuando hay dolor. “Generalmente las personas van solo cuando realmente sienten dolor o quedan torcidas”, señala Antonio. “Piensan que solo cuando hay una contractura muscular el quiropráctico los puede ayudar”.
En realidad, esta es más una herramienta de mantenimiento que una solución inmediata: “Es para ayudarte a mantenerte en buenas condiciones, antes de un ejercicio, después de una competencia o esfuerzo”. Es un ajuste preventivo, no sólo correctivo.





