Por: Neidy Carrillo (Ncarrillo674@unab.edu.co)

En Colombia, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el 60 % de los hogares colombianos conviven con al menos un perro.

En un segundo piso del Conjunto Residencial Monviso de Bucaramanga, vive “Zeus”, un can que tiene más comodidades que incluso algunas personas. Diana Higuera, su dueña, explica la conexión e importancia que tiene para su vida: “Mi perrito ya tiene más de seis años con nosotros y lo veo como un integrante más de la familia. Él es una parte importante para nosotros; tiene su clóset con su ropita, sus alimentos, medicamentos y artículos de aseo”. 

Humanizar a nuestros amigos peludos: ¿Beneficio o perjuicio? / Foto suministrada por: Ropa de mascota.

Un hogar para todos

En la sociedad actual, los animales no son solo compañeros; han sido categorizados como hijos, con todas las implicaciones que esto conlleva. En algunas casas, las criaturas duermen en la cama de sus dueños, comparten la mesa durante las comidas, usan ropa similar a la de los humanos y son paseados en coches de bebé.

Mientras algunas familias celebran las festividades de sus hijos, otros conmemoran a sus peluditos, llegando al punto de no necesitar engendrar y conformarse con su compañía. En el caso de Zeus, sus dueños le compran ropa para fechas importantes como diciembre, cumpleaños o Halloween. Tiene camisas de equipos deportivos y lo visten diariamente. Es un canino que no solo ocupa un lugar en el hogar, sino en el corazón.

La voz de la razón

Sin embargo, estos comportamientos no son exclusivos de Colombia. Óscar Ortiz, un veterinario colombiano que vive en Brasil, explica las consecuencias que podría traer la humanización. “Un perro atacó a su dueña por celos al ver que tenía una pareja sentimental y no le brindaba toda su atención”.

Los gatos y perros pueden mostrar comportamientos instintivos y reaccionar agresivamente. Esta advertencia resuena en un contexto donde muchos dueños ignoran las necesidades básicas de sus cachorros. Ortiz enfatiza la importancia de equilibrar el cuidado con el respeto por las características propias de cada especie. “Es fundamental entender que los dueños deben ser responsables y necesitan informarse con un profesional del área”.

La falta de conocimiento puede llevar a situaciones problemáticas tanto para el canino como para su dueño; el veterinario es un faro que guía hacia una relación más saludable con los animales domésticos.

Celebraciones especiales para los compañeros no humanos. / Foto extraída de ropa de mascota.

Un vínculo emocional

Desde el ámbito psicológico, Paula Camargo, ofrece otras perspectivas. Ella sostiene que algunas personas humanizan a sus mascotas para llenar vacíos emocionales. “La consecuencia principal es un agotamiento físico y emocional, es decir, puede causar en los dueños estrés, ansiedad y frustración al esperar que sus compañeros no humanos actúen según esas expectativas que ellos tienen respecto a su comportamiento”.

¿Hasta dónde llega el amor por las mascotas? / Foto de Neidy Carrillo.

“Algunas personas creen que son sus hijos, porque así se suelen referir algunas familias hacia ellos y se les da como una identidad. Esta puede provocar duelos prolongados si el animal fallece”. Así, el amor por los domésticos se convierte en una espada de doble filo: una fuente inagotable de alegría y también una posible causa de sufrimiento.

La sociedad actual

A pesar de estas advertencias, la celebración de fechas especiales junto a los caninos continúa siendo una constante en muchos hogares. Es común observar en las redes sociales que a los perros les festejan los cumpleaños con pasteles especiales y globos, tienen medios y generan contenido como los humanos.

Diana concluye su relato con una sonrisa: “Zeus es demasiado consentido y esto se refleja a la hora de comer, sólo come si está acompañado y a veces se le insiste dándole en la boca”. Zeus ha aprendido a vivir en este mundo humanizado que le han creado.

Es crucial encontrar equilibrio entre el cariño y el respeto por la naturaleza del animal. Reconocer las necesidades de las mascotas no solo mejora su calidad de vida, sino que también enriquece las experiencias como dueños responsables.