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El don de un Rey vallenato: Wilber Mendoza

“No todo lo que se toca con el acordeón es vallenato, yo puedo ponerle acordeón a un rock de Estados Unidos y acompañar a los rockeros con mi instrumento, pero eso porque lleve acordeón enseguida no será vallenato”: Wilber Mendoza.

Wilber Mendoza es miembro de una dinastía vallenata que, con talento y disciplina, ha entregado mucho al folclor vallenato para que hoy sea música nacional. Foto: Diana Mendoza.

Por: Diana Carolina Mendoza Jiménez/dmendoza661@unab.edu.co

Wilber Mendoza nació el 24 de enero 1964 en el seno de la dinastía que lideró su padre, Nicolás Elías “Colacho” Mendoza. Sin duda, en sus genes llevaba la música vallenata y con talento y disciplina llegó a coronarse Rey vallenato en 2013. Nació en Valledupar y gateó entre cajas, guacharacas y acordeones. Hoy es una voz referente del folclor nacional y sus pases e interpretaciones así lo confirman. Periódico 15 viajó hasta Valledupar para charlar con este Rey.


¿Cómo recuerdas tu infancia, tu casa y tu familia? Descríbenos un poco esos primeros años. 

Realmente lleno de música, de los cantos de Rafael Escalona, de Leandro Díaz y de los acordeones de Colacho Mendoza y de Luis Enrique Martínez, porque mi casa era su hotel, él se bajaba en mi propia casa cuando venía a Valledupar y ahí se armaba la parranda que tenía mucho de charla, sancocho y memorias vallenatas. 

La música estaba en tu familia, pero cómo fue tu encuentro con el acordeón. ¿Lo agarraste, te lo pusieron o se te presentó? 

Realmente la música siempre ha estado. Mi papá contaba que mi abuelo, Julio Mendoza, también tocó acordeón. Entonces, el encuentro mío con el acordeón fue en Valledupar, en la sala de mi casa, en el seno familiar.

¿Cómo aprendes o quién te enseña a mover los dedos y hacer cantar a ese fuelle nostálgico? 

El acordeón es un instrumento que es de oído y que también es de academia. Se estudia, se lee y se escribe, pero, yo lo aprendí solo, de autodidacta escuchando a mi papá. Imitaba lo que él hacía y poco a poco saqué mi sello. 

¿Quién te dio tu primer acordeón?

El primer acordeón me lo regaló mi papá cuando yo tenía trece o catorce años. Recuerdo que él estaba con Jorge Oñate en el año 1974, él usaba diferentes acordeones más o menos cinco o seis, ya que se usaban diferentes tonos para acomodar la voz del cantante y uno de esos acordeones me lo regaló a mí, fue mi primer tesoro.  

¿Qué se siente ser hijo de uno de los acordeoneros más grandes del folclore vallenato?

Por supuesto, mucho orgullo, porque mi papá, Colacho Mendoza, fue -modestia aparte- uno de los mejores intérpretes del acordeón en Colombia y en el mundo, si se le puede decir. Era un tipo muy talentoso, tenía un oído de prodigio y unos dedos muy melodiosos.

¿Qué enseñanza te dejó tu papá a través de la música?

Me dejó que hay que ser correcto, serio, puntual con las cosas, tocar el acordeón de manera corta y muy alegre. Eso trato de hacerlo cada vez que toco.

Después de intentarlo en cinco oportunidades, fuiste coronado Rey vallenato profesional en el 2013. ¿Sentiste que verdaderamente ya merecías la corona?

Bueno, uno cuando hace las cosas bien, creo, que merece el premio. Siempre le puse interés a las veces que me presentaba. A veces por las mismas circunstancias eso no se da, los festivales vallenatos son así, se pierde o se gana. Se pierde tiempo, se pierden otras cosas, pero al menos logré ganar en esa edición del año 2013.

En su casa de Valledupar, Wilber Mendoza tiene diferentes recuerdos de su padre, el gran Nicolás Elías Colacho Mendoza. Aquí, un retrato de dos reyes vallenatos. Foto: Diana Mnedoza.


Eres muy fiel a tu propia agrupación vallenata, “Colacho Mendoza y clásicos vallenatos”, ¿por qué se caracteriza está agrupación? 

La idea es conservar el vallenato ortodoxo, que se mantenga la esencia de una manera pura y original. No es que tenga algo contra las nuevas formas vallenatas, pero me gusta lo autóctono, los orígenes de nuestra música de La Guajira, el Magdalena, el Cesar, etc.   

Y te vimos en otra faceta, ¿cómo te sentiste actuando y haciendo el papel de tu padre en Diomedes El Cacique de La Junta?

Esa otra faceta fue una sorpresa, sigue siendo otro arte porque para mí la música va de la mano con la actuación. Yo nunca estudié actuación, ni arte dramático, creo que eso nació conmigo, tenía esa cualidad escondida y la demostré. La ejecuté bien ejecutada y fui felicitado por Herney Luna, quien fue el director de la novela y me catalogaron como actor natural.

Tocaste y tocas con muchos cantantes, de los clásicos y de la Nueva ola ¿con cuál de todos te has sentido más cómodo?

Con cantantes de la Nueva ola he tocado con Peter Manjarrez, Martín Elías Díaz, que Dios lo tenga en su gloria, y muchos más. De los viejos, con muchísimos, pero me quedo con los de la antigua generación, por supuesto, a mí me gustan más.

¿Cuál es tu ritmo favorito en el acordeón y por qué? 

Me identifico con el paseo vallenato, porque allí, con cada interpretación, uno logra demostrar la destreza como intérprete del acordeón.

Hay nuevas generaciones que, por lo tanto, traen cambios en muchos aspectos, ¿qué piensas de que muchos jóvenes hayan convertido el vallenato en lo que es hoy?

Estamos de acuerdo con respecto a que las generaciones van cambiando, todo se va modernizando, pero hay que intentar no degenerar las letras antiguas. Hay que respetar las raíces. No todo lo que se toca con el acordeón es vallenato, yo puedo ponerle acordeón a un rock de Estados Unidos y acompañar a los rockeros con mi instrumento, pero eso porque lleve acordeón enseguida no será vallenato. Entonces es eso, han tratado de mezclarles cosas que hacen que se vayan por otros caminos que no representan el verdadero género.

Estamos en época decembrina y se vienen las Cuatro fiestas. Cuáles son los cinco vallenatos fundamentales que no pueden faltar en una parranda tuya

“La creciente del Cesar” de Alejo Duran, “Mírame” de Tobías Enrique Pumarejo, “Simón viejo” de Emiliano Zuleta, “De la junta pa’ la peña” de Colacho Mendoza y “Alma enamorada” también de mi papá, un gran paseo que grabó con Diomedes Díaz.

¿Cómo describes, justamente, esa batalla vallenata de tu padre con los grandes y que lo coronó Rey de reyes en 1987?

Yo estaba esa noche ahí, estaba jovencito, cuando Colacho Mendoza en la final peleaba el puesto con Alejo Durán. Ese 30 de abril del año 1987, la batalla fue en la Plaza Alfonso López. A doña Consuelo Araujo se le da por hacer el Rey de reyes con veinte reyes y en esta edición sale Colacho Mendoza triunfador con esa corona. Fue un enorme orgullo para toda la familia. Me acuerdo y se me llena la garganta.  

Para finalizar, imaginémonos una parranda vallenata original. Tienes que invitar a cinco personajes pa’l sancocho, la fría y el ron, ¿cuál sería tu lista? No importa si están con nosotros o ya viajaron al cielo de los acordeones. 

Sin duda, Rafael Escalona, Emiliano Zuleta Vaquero, Leandro Díaz, Lorenzo Morales y Luis Enrique Martínez.

Universidad Autónoma de Bucaramanga