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El ensayo en nuestra América

Con los años, el ensayo ha logrado un lugar importante en el pensamiento y en la literatura latinoamericana. Aunque desde el punto de vista comercial este género no ha alcanzado el lugar que merece, cada vez adquiere más notoriedad en el ámbito académico; allí se presenta como herramienta fundamental para plasmar ideas importantes de pensadores y críticos de todas las latitudes.

52864add9689c150ac959466a38d443bEn Latinoamérica, el ensayo logró su apogeo durante el siglo XX. En siglos anteriores, ya se observaban vestigios estéticos, argumentativos y literarios en la escritura ensayística de personalidades que dejaron huellas imborrables. Figuras como Juan de Espinosa y Sor Juana Inés de la Cruz, por ejemplo, supieron dar cuenta de su propia realidad, de su manera particular de vivir y padecer su entorno social a través de la escritura de ensayos; sus formas literarias evidenciaban la majestuosidad de pensamientos incendiarios e influyentes.

En Espinosa encontramos a un examinador capaz de analizar las obras literarias de manera argumentada. Este clérigo peruano comentaba las obras alejándose de sus posturas religiosas y privilegiaba el diálogo entre la poesía latinoamericana y los clásicos de la literatura universal.

Asimismo, en Sor Juana Inés hallamos la percepción íntima y vital de una pensadora y poeta que lucha consigo misma y con lo establecido por los patrones de conducta de una sociedad religiosa y patriarcal. De ella, valoramos que en sus escritos sabe describir el sufrimiento propio de una manera poética y muy humana. Debe enfrentarse con ella misma, con sus intereses y pasiones literarias y, además, con las costumbres de un entorno que define a la mujer como un ser marginado y doméstico.

Junto a estos dos autores, podemos hallar a un grupo de pensadores, escritores o poetas que fueron capaces de asumir una postura crítica frente a las letras y el pensamiento de su tiempo. Entre los más relevantes permanecen Tomás Valero, Jacobo de Villaurrutia, Félix de Azara, Francisco José de Caldas, Antonio Nariño y Camilo Torres. Todos ellos dejaron testimonios de la historia cultural durante los siglos de la Colonia.

Durante el llamado “siglo de las evoluciones tecnológicas”, aparecieron pensadores que desplegaron toda su inteligencia. En Uruguay surgió José Enrique Rodó con su ensayo “Ariel”; en Perú, el discutido y considerado precursor del Modernismo americano, Manuel González Prada con “Horas de lucha” y “Nuestros Indios”; en República Dominicana, Pedro Henríquez Ureña con “Seis ensayos en busca de expresión”, “Ensayos críticos” y “Las corrientes literarias en América hispana”; en México, Alfonso Reyes con “Capítulos de literatura española”, “La experiencia literaria”, entre otros; y en Colombia, Baldomero Sanín Cano con “Crítica y arte”, “Divagaciones filológicas y apólogos literarios”, “Letras colombianas”, entre otros.

Sin duda, hay otros ensayistas de la segunda mitad del siglo XX que han aumentado el valor y la importancia de este “centauro de los géneros”.  Figuras como Octavio Paz, William Ospina, Iris Zabala, Gabriel Zaid, Mario Vargas Llosa, Elena Poniatowska, Rosario Castellanos, Juan Villoro, Beatriz Sarlo, etc., son referentes innegables en este género de géneros.

Afortunadamente, han aparecido compilaciones que han intentado mostrar un esbozo de los principales ensayos de las letras hispanas; por ejemplo: el historiador norteamericano John Skirius publicó en 1981 “El ensayo hispanoamericano del Siglo XX”; y el escritor y profesor colombiano Oscar Torres Duque escribió en 1977 “Antología del ensayo en Colombia”. Estos textos son indispensables para cualquier amante del ensayo.

En suma, en cada uno de los países hispanohablantes han surgido pensadores con gran talento crítico y literario, los cuales han logrado convertir el mundo y todos sus elementos en una especie de pensamiento. Son seres interesados en salirse de los lugares comunes, de las ideas que no transforman. Estos ensayistas nos ofrecen una visión más reflexiva, más crítica y más humana de nuestra América.

Por Julián Mauricio Pérez G.
jperez135@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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