El infierno verde: testimonio de una venezolana en el Darién

La búsqueda de un futuro mejor ha llevado a muchos latinoamericanos a emprender la aventura del “sueño americano”. Son diversos los métodos que se usan para llegar al destino final: Estados Unidos, uno de ellos es atravesar la Selva del Darién; debido a que es un recorrido terrestre, lo hace más “económico” que tomar un avión, pero… ¿a qué costo?

Por Mariana Parra Flórez / mparra326@unab.edu.co 

De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, en 2023 se censó un total de 520.00 migrantes que habían pasado por “el tapón del Darién”. Las nacionalidades que significaban mayoría en esa cifra eran de Colombia, Venezuela, Ecuador y Haití. Los venezolanos significaban el 64 % de esa cifra, es decir 332.800 personas. 

En esta ocasión, Periódico 15 entrevistó a Maykerlin León, una inmigrante venezolana de 20 años que cruzó el Darién y logró la meta de entrar a Estados Unidos, actualmente reside en Chicago con Yuglis León, su madre, y aunque contó con suerte, no recomienda esa travesía. 

¿Qué factor la llevó a tomar la decisión de migrar a otro país y tomar esa ruta que, de acuerdo con los medios, es peligrosa y difícil de concluir?

No me sentía cómoda donde estaba. Vivía con mi abuela, pero nuestra relación no era muy buena entonces en un momento me sentí desesperada y me dije: “Tengo que irme de aquí sea como sea”. Entonces mi mamá me sugirió que, si yo quería, me podía ir, así que fue totalmente mi decisión. Viajé completamente sola, no conocía a nadie. Pero como mi mamá ya había pasado, me sentí confiada. 

Como “pasadías turísticos”, así son las manillas que identifican a quienes cruzarán de manera ilegal desde Colombia a Panamá por el Darién. / FOTO SUMINISTRADA

Sobre esa travesía por el Darién se ha hablado de que las mujeres son las más vulnerables…

En el cruce por Cartí, donde iniciaba el camino hacia la selva, era una hora en moto hasta un campamento donde se organizaban las personas que pasaban en la selva y te preparaban para salir a las cinco de la mañana, había un montón de gente en ese lugar, y así todos los días. 

Mi mamá me había contado que por ahí abusaban de las mujeres, las secuestraban, sobre todo a las niñas en las noches. Gracias a Dios a mí no me pasó y no escuché de alguien que le haya pasado cuando estuve ahí.

¿Y sobre gente que se pierde o es abandonada a su suerte? 

Un día vi a un niño pequeño, como de unos 4 años, al que lo había mordido una serpiente venenosa y el niño a las pocas horas murió. Los padres lo tuvieron que dejar ahí, porque cómo iban a hacer para cargarlo hasta que salieran de la selva, aún faltaba mucho camino por recorrer. También vi cómo un haitiano, en una de esas bajadas de esos ríos tan peligrosos, se cayó y se golpeó en la cabeza, no volvió a salir del agua, supongo que murió. Ahí todos vimos, pero nadie se va a detener a ayudar o a hacer algo. Todos van en su mundo y no se preocupan por ayudar a los demás.

En cuanto a gente abandonada, pasé una situación muy triste. Encontramos a una señora, ya de edad, la habían dejado sola las personas con las que iba. Quienes estaban conmigo, intentaron ayudarla, pero como todo el mundo va a su ritmo, y pues la señora ya mayor, estaba cansada. La tuvimos que dejar y seguir con el camino, porque cada minuto contaba. Yo intenté ayudarla y acompañarla, pero en un momento me vi sola, ya iba a caer la noche y era mi grupo el que tenía la carpa y comida, entonces lamentablemente me tocó a mí también seguir mi camino. Al día de hoy le pido perdón a Dios por eso, porque de verdad que fue muy feo haber hecho eso, me imagino podría ser mi abuela, ¿sabes?, me acuerdo y se me arruga el corazón.

De acuerdo con Unicef, el 24 % de los migrantes son niños, niñas o adolescentes.

¿Sentiste algún tipo de rechazo de los residentes de los países por los cuales pasaban?

Hubo una situación en México. Creo que estábamos en Ciudad de México, y teníamos que coger un autobús que nos dejaba cerca de la frontera. Mi mamá había comprado los pasajes, los mostramos en la taquilla, pero la muchacha decía no, que no podíamos subir en ese autobús, que era solo para mexicanos. Había un bus específico solo para migrantes. El conductor nos advirtió que teníamos que tener cuidado porque en el camino podrían parar el vehículo y pedirnos una cuota, por ser inmigrantes y que si no pagábamos, nos secuestraban, y quién sabe qué tipo de cosas nos podían hacer. Decían que eran los carteles los que manejaban ese negocio en las carreteras.

Así fue el reencuentro entre Maykerlin y su madre. Actualmente reside en Chicago y cuenta con residencia legal permanente. / FOTO SUMINISTRADA

¿Siente que valió la pena esa travesía?

No se lo recomiendo a nadie. Es muy fuerte, la verdad. Hay partes en las que prácticamente no se puede ni caminar y tienes que tener mucho cuidado porque si no, te vas por un risco, con una caída súper fuerte, es de suerte sobrevivir, hay muchos pasos en falso. 

Mucha gente se ilusiona y cree que porque un amigo, un conocido, un familiar cruzó es sencillo. Pero vivirlo es otra cosa. Yo tuve suerte, pasé apenas un mes. Pero, por ejemplo, tengo un tío que lleva ya cinco meses encerrado. No sabemos nada de él. Migración no le dice si le admitirán la entrada o lo deportarán a Venezuela. Y es que imagínate, cinco meses sin poder bañarte ni el cuerpo ni la boca, comiendo puras manzanas y ‘paqueticos’. Sin dormir bien, porque no es muy cómodo que digamos el lugar. Eso es demasiado duro de tan solo imaginar.

Universidad Autónoma de Bucaramanga