Inicio D.D.H.H “El líder social en Colombia es visto con total indiferencia”

“El líder social en Colombia es visto con total indiferencia”

Aseguran que recibieron amenazas durante la campaña a la presidencia y que las denunciaron ante las autoridades. Pese a esto, no temen seguir adelantando su labor por las comunidades.

Rosalba Pedraza Porras, Helí Fernández Pinzón, Dioselina Ríos Tangua y Fabián Aguillón Ballesteros. En San Gil han trabajado conjuntamente en temas ambientales, sindicales, en la defensa de los servicios públicos y en denuncias sobre corrupción política. / FOTO NÉSTOR MANCILLA

Su baja estatura es compensada por su espíritu indomable y voluntad inquebrantable. Dioselina Ríos Tangua, de 62 años, fue presidenta de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud y Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia y militante de la guerrilla del M-19. Lleva 40 años “al servicio d las causas sindicalistas, ambientales, sociales y políticas, que me motivaron la injusticia social, el pueblo toda la vida ha sido manipulado, pedimos respeto”, según comenta mientras Helí Fernández Pinzón, Rosalba Pedraza Porras y Fabián Aguillón Ballesteros, también líderes sociales, la escuchan contar su historia.

Como sus compañeros, admite que son soñadores sin remuneración: “lo que uno persigue es un bienestar social, liderar a la comunidad para encontrar la justicia y la equidad social”, un objetivo difícil en este país.

Expresa que las amenazas no la atemorizan ni temerle a la muerte, “me da miedo por mis hijas, mis nietas, que por hacernos daño paguen ellas. Le tengo terror a la tortura porque la sufrí de alguna manera”.

Percibe el cambió de sus allegados, “les da miedo juntarse con nosotros porque de pronto vienen a hacer limpieza”, asegura Ríos. Situación que hace más profunda la sensación de soledad e incertidumbre.

Los cuatro residen en San Gil y han recibido amenazas de distintos sectores. Las más recientes fueron durante la campaña a la presidencia. Aseguran las intimidaciones llegaron a través de un panfleto que se dio a conocer por el Messenger de la red social Facebook, el cual se atribuían los grupos de Águilas Negras.

Todos hicieron la respectiva denuncia ante las autoridades y como les expresó el coronel, Jaime Alberto Escobar Henao, comandante de Policía Santander, dichos grupos no existen en esta zona del país. No obstante, tampoco se descartó que haya sido por simpatizar con la propuesta de Gustavo Petro, quien estuvo en la recta final junto al presidente Iván Duque.

“Le tengo pavor a la tortura”

Durante la reunión que se tuvieron con Periódico 15, Helí Fernández Pinzón, abogado pensionado y comerciante que ha dedicado 40 de sus 65 años a la causa social, contó que una de sus fuentes de inspiración fue el sacerdote liberal José Pascual Afanador, quien fue exiliado por enfrentar a los políticos y la burguesía sanguileña en 1854. “No necesitamos que nos llamen y digan que vayamos, nos nace porque en las venas nos corre sangre humanista”, asegura.

Ser amenazado de muerte no es lo que más le preocupa. “Le tengo pavor a la tortura. Dicen ser democráticos cuando matan selectivamente a las personas para generar miedo”.

No siente que el Estado esté interesado en la protección de él y sus colegas. “La administración (del municipio de San Gil) nos ve como carne de perro, no nos quieren para nada”, aunque tampoco le interesa agradarle a la clase política colombiana.

Helí Fernández no se arrepiente del camino que tomó, está orgulloso de haber aportado en lo que para él es el camino a un mejor país. “El futuro de Colombia lo veo muy positivo. Tienen que darse varias revoluciones, la primera la estamos dando con el cambio mental, con un pensamiento más crítico”. La responsabilidad de un mejor mañana se la entrega a los jóvenes como herederos de las riendas del país.

Ante la indiferencia

Rosalba Pedraza Porras recuerda que en 1977 San Gil vivió un gran paro de maestros. Algunas estudiantes de último grado del Colegio la Normal Superior se sumaron a las protestas, lo que significó que el plantel se opusiera a su graduación. Esa primera experiencia despertó en ella el deseo de combatir situaciones similares en las comunidades de su región. Es por esto que, 41 años después y a pesar de las amenazas, no se arrepiente de su trabajo en las Juntas de Acción Comunal.

Un líder social es “una persona que se preocupa por las necesidades de los demás”, como afirma. A pesar de eso la entristece la reacción de las personas tras conocer los mensajes que llegaron contra en julio, añade que en ocasiones la desalienta más cuando la gente la llama “guerrillera”.

Culpa a la “extrema derecha” por propagar este discurso y comenta que son los responsables de relacionarlos con grupos al margen de la ley: “es irresponsable que hagan esas declaraciones en nuestra contra. Si una persona nos quiere hacer daño, no importa con quién vayamos o dónde estemos.

Sobre la investigación que adelantan las autoridades sobre los panfletos, expresa que es poco optimista. “A la fecha no han dado respuesta alguna, el mismo día que salió la noticia la Policía dijo que no existía ningún grupo sin hacer ninguna investigación; por eso la gente empezó a decir lo inventamos”.

Para ella el futuro está en las manos de los jóvenes, que deben tomarse las instituciones públicas para hacer cambios profundos que lleven al progreso.

Hace falta debate

Fabián Aguillón Ballesteros tiene 33 años. Este sicólogo, comerciante y activista social es el más joven del grupo. Asegura que no le gusta el calificativo de líder social porque lo han criminalizado y que su principal preocupación en relación con la pasada campaña presidencial es que alentó a la juventud a la polarización y la alejó un poco del trabajo social. “Los medios de comunicación usan los estigmas para determinar si una persona está en un bando o en el otro. En Venezuela protestan los estudiantes y son héroes defendiendo la democracia. Aquí los estudiantes que protestan son vándalos, terroristas pagos por organizaciones criminales”, expresa.

Dice que es preocupante que las autoridades desestimen las intimidaciones, ya que esto permite que sigan ocurriendo. “Que a una persona la amenacen de muerte es grave para una sociedad, eso genera zozobra. Hace que las personas no quieran participar de nada comunitario ni social”.

Piensa que el único camino para el progreso es la superación de la violencia, no solamente desde mesas de negociación sino en la ciudadanía en general. “Nuestra sociedad le hacen venía a personajes como Popeye, Pablo Escobar. Esto en una sociedad sana no pasaría, la violencia no se justifica de ningún modo”, concluye.

Por Néstor David Mancilla

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Universidad Autónoma de Bucaramanga