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El modelo educativo: errores y aciertos en la inclusión

La falta de métodos de aprendizaje basados en la diversidad para los que requieren necesidades educativas especiales sigue siendo un reto, pese a que la legalización colombiana se ha hecho cambios importantes.

La convivencia entre los estudiantes del Colegio Gimnasio Aldebarán es fundamental para estimular el respeto por la diversidad. / FOTO SOFÍA CARVAJAL

En Colombia existe la Ley General de Educación o Ley 115 de 1994, encargada de brindar educación formal a niños, jóvenes y adultos. Después de esta norma, el sistema educativo ha sido reestructurado en diversas ocasiones.

En una de estas reformas se encuentra la resolución 2565 de octubre 24 de 2003, en la que se incluyen los criterios del servicio para la población con necesidades educativas especiales. Mediante esta resolución, se aprobó la Ley 1618 del 27 de febrero de 2013, que garantiza los derechos de las personas con discapacidad. Ante la falta de compromiso y eficacia que esta ofrecía, el Ministerio de Educación expidió el decreto 1421 del 29 de agosto de 2017, que reglamenta la educación inclusiva, -como aquella que incorpora a personas con discapacidad, (intelectual, física, sensorial, psíquica) con quienes no presentan diagnóstico-, y ordena a las instituciones implementar un proceso pedagógico que reconozca la diversidad de los estudiantes.

Los planteles educativos públicos y privados en Santander deben acatarlo. Sin embargo, la mayoría de instituciones no han acogido un modelo de aprendizaje que se adapte a las necesidades de esta población.

“Se necesita que las leyes sean acordes a la realidad y capacitar a los profesores. Los padres de familia no están trabajando para que sus hijos entren a un aula regular y los colegios no cumplen las necesidades de estos chicos, además los docentes tampoco están trabajando en el tema”, afirma Luis Fernando Cuéllar Perea, director de la fundación Sin Límites.

Otro panorama

A pesar de la dificultad que las personas con discapacidad cognitiva tienen para asociarse con las metodologías tradicionales en las instituciones educativas, algunos planteles trabajan bajo modelos de educación basados en la diversidad.

El Colegio Gimnasio Aldebarán, ubicado en la finca Caracolí, vereda Guayana-Los Cauchos de Floridablanca, es una comunidad educativa que vincula la inclusión con el propósito de dejar a un lado el sistema de formación habitual y ofrecer a sus estudiantes una educación alternativa que reconozca la diversidad y establezca el respeto en cada uno de los integrantes de la institución. “Trabajamos pedagogías alternativas que buscan que el estudiante sea un ser integral, que sirva en la sociedad y pueda aplicar estrategias para desarrollar su potencial”, expresa Sergio Andrés Calderón, docente.

El vínculo afectivo que se crea entre los alumnos fortalece los valores aplicados por la institución. / FOTO SOFÍA CARVAJAL

Por medio de valores, enfocados principalmente en el respeto, los estudiantes crean un vínculo como que afirma el propósito de educar a todas las personas con las mismas oportunidades, abarcando la igualdad como derecho fundamental.

De esta manera, la educación reconoce al alumno como un ser único, capaz de emplear y transmitir conocimiento, acoplándose a los diferentes ritmos de sus capacidades y dificultades. Silvia Gualdrón, docente del plantel, afirma que “mediante la observación nosotros podemos identificar el tipo de aprendizaje que tiene cada uno, que, si son visuales, auditivos o kinestésicos, así podemos apreciar eso y de esa manera poder impartir la clase”.

Educar con visión productiva

La discapacidad en cualquiera de sus tipos representa una barrera, -no imposible- para quienes la padecen. Además de incorporar la educación como base fundamental del aprendizaje, los estudiantes del Colegio Aldebarán llevan a totalidad sus capacidades, incluyendo habilidades que a futuro brinden autonomía e independencia como proyecto de vida distinto a la educación superior.

Del conocimiento a la práctica, los estudiantes egresados de este colegio junto con alumnos provenientes de otras instituciones llevan a cabo una técnica laboral que recibe el nombre de Eco Aldebarán, vinculada al proyecto Ondas de Colciencias, con la dirección del químico ambiental y docente de la institución Jean Helbert Ríos, “la cabeza del grupo” como lo llaman sus pupilos, Rosi Rincón, Nicola Di Marco, Floren de Jesus Peñalver, Sebastián Pinilla, Juan Camilo Prada y Óscar Mauricio Ortíz.

Este programa inició en los primeros días de septiembre del presente año con el fin de desarrollar sentido ambiental y una propuesta de emprendimiento que les permita proyectarse a futuro con la idea de su propia empresa. Tiene como fin la elaboración de abono con base en los residuos sólidos orgánicos que los mismos integrantes del grupo traen de sus casas. Este tratamiento orgánico se realiza en varias etapas principalmente experimentales que facilitan el aprendizaje mediante la valorización y selección de los residuos.

El grupo Eco-Aldebarán es el encargado de incentivar el cuidado del medio ambiente y construir nuevas oportunidades de emprendimiento. / FOTO SOFÍA CARVAJAL

Tres días a la semana, de 1 a 4 de la tarde (lunes, martes y jueves) este grupo se reúne en las instalaciones del colegio para adelantar la producción de abono. “Estamos esperando que nos traigan las máquinas para hacer el proceso más rápido y ofrecer el producto. Esperamos recolectar fondos para ayudar a la gente y a nuestra familia, o las personas que estén interesadas en colaborarnos”, aseguran Floren Peñalver y Rossi Ricón, integrantes del grupo Eco-Aldebarán.

Esta práctica laboral logra incentivar un proyecto de vida empresarial en el que puedan implementar su funcionalidad y sustentarse por medio de su propio conocimiento y práctica. “El campo laboral para estos chicos no es muy abierto, esto es una oportunidad para que ellos mismos sepan hacer esto que es muy fácil, es algo que pueden hacer no tan tecnificado, pero sí están haciendo un aporte y un impacto social. Sería espectacular poder comercializar o tener una marca que sea de ellos”, así lo manifiesta Ríos.

La elaboración del abono requiere un tiempo estipulado de ocho meses para su comercialización, la idea de este grupo es tener resultados en dos meses mediante el uso de máquinas y demás elementos para su producción.

“Queremos que aprendan bajo parámetros lo más alejado posible de lo tradicional. Los beneficios de estar juntos es que todos se benefician, si tu aprendes desde niño a llevar la diversidad, a vivirla y respetarla vamos a tener ciudadanos más justos”, concluye la rectora Adriana Jiménez Vargas.

Por Bridget Serrano

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Universidad Autónoma de Bucaramanga