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El rostro de la docencia

Sandra González se esfuerza por no solo enseñar a niños y jóvenes, sino en convertirlos en personas más ‘humanas’ y serviciales. / FOTO ANDRÉS GALEANO

Por Andrés Julián Galeano Carrascal
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La docencia es una de las profesiones con mayor trascendencia social, pues no solo involucra la transmisión de conocimientos, sino la transformación de los individuos. De acuerdo con cifras de la Gran Encuesta Integrada de Hogares, realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, en Colombia en el 2019 había 920.436 docentes vinculados al magisterio, de los cuales el 63 % de estos eran mujeres que se dedican a la educación.

Una de esas docentes es Sandra González Román, una profesora de 40 años que ha dedicado toda su vida a la enseñanza. Se convirtió en maestra en el 2009, pero desde el primer semestre de su licenciatura en Español comenzó a trabajar en varios colegios de la ciudad. A lo largo de su carrera profesional ha sido profesora en escuelas, institutos tecnológicos y universidades, pero también se ha desempeñado como coordinadora y rectora. Esto le ha permitido “ir en una búsqueda continua de conocimiento y aprendizaje”.

Para la maestra Sandra González, la docencia es sinónimo de motivación, evolución, cambio y resiliencia. / FOTO ANDRÉS GALEANO

Sandra creció en una familia con muchas necesidades y por esa razón su motivación para ser maestra radicó en querer tener una mejor calidad de vida. Así fue como tomó la decisión para comenzar sus estudios a distancia en la Universidad de Pamplona. Su amor por la escritura y la lectura jugaron un papel crucial en esta decisión, pues en un principio quería ser profesora de Educación Física. “Fueron cinco años durísimos, pero me enamoré de mi carrera porque me enseñó a ser más ‘humana’”.

La profesora también cuenta con más estudios universitarios. En el 2017 hizo una maestría en Educación en la Escuela de Postgrado Norbert Wiener de Perú y un año después desarrolló otra en la Universidad Autónoma de Bucaramanga sobre políticas públicas y desarrollo. Dichas maestrías, “me llevaron a entender que las fallas en la educación no están en las instituciones públicas ni privadas, sino en quienes la dirigen y coordinan”. Por lo que esa fue su motivación para convertirse en magíster. 

Para la docente, la educación representa un pilar fundamental para la sociedad. Por eso, uno de sus sueños más grandes es llegar hasta la cúspide del sistema educativo de Colombia. “Yo sueño con ser Ministra de Educación y creo que cuento con todas las competencias para hacerlo, tengo la experiencia y los conocimientos para llegar hasta allá”. Su meta es poder opinar y tomar decisiones que cambien el panorama educativo actual y que, además, ayuden a los niños y jóvenes del país “a convertirse en mejores seres humanos”.

El nuevo curso de Sandra está conformado por 31 estudiantes y plataformas como Zoom han sido el medio por el cual se comunica con ellos. / FOTO ANDRÉS GALEANO

Por el momento, la docente labora desde hace cinco años en la Universidad Autónoma de Bucaramanga dictando materias relacionadas en la lectura y escritura, y desde el 5 de marzo del 2020 comenzó a trabajar como profesora de básica primaria en el Colegio José Celestino Mutis.  Pero considera que, con la llegada de la pandemia, el rol del maestro ha dado un giro de 180 grados y ha cambiado de manera drástica. “Ahora somos los maestros los que buscamos diariamente a los menores y no ellos a nosotros” para hacer las actividades.

De acuerdo con Sandra, la migración a la virtualidad fue de los retos que trajo la pandemia de la covid-19, pues anteriormente, el manejo de la tecnología no estaba tan relacionado con la educación. La maestra afirma que, a pesar de que muchas familias cuentan en sus hogares con computadores, celulares o tabletas, muchos padres de familia “no saben usar plataformas educativas y tampoco conocen el uso de herramientas como Word, Excel o PowerPoint”. Lo que la ha llevado a capacitar tanto a adultos como a niños.

Ante esta problemática, la profesora ha implementado diversas técnicas y metodologías tanto para los estudiantes del sector público como del privado. “Una de ellas ha sido la disposición de espacios lúdicos para mantener la atención y el interés de mis alumnos”. Dichas actividades (que se realiza una vez al mes durante el desarrollo de la clase) se centran en actividades tales como tardes de películas, cocina o ejercicio. Esto ha hecho que el vínculo entre ella y sus estudiantes sea más estrecho a pesar de la virtualidad.

Gracias a las donaciones de varias personas, cada vez más estudiantes se conectan a sus clases virtuales en los colegios públicos de la ciudad. / FOTO ANDRÉS GALEANO

Pero así como ha aumentado la carga académica, también lo ha hecho su cansancio físico y emocional. El hecho de estar sentada todo un día en frente de un computador, “ha generado que me sienta muy agotada y me ha producido un terrible dolor de espalda”. Por lo que considera que una de las soluciones es el regreso a las aulas de clases bajo la modalidad de alternancia, pero garantizando la calidad de la educación, el cuidado de los menores y el compromiso de los padres.

Aparte de esto, la profesora considera que dicha alternancia es una parte esencial en los procesos de formación ya que, durante gran parte del 2020, muchos de sus alumnos vieron interrumpidas sus clases por la falta de dispositivos e internet para conectarse. “Estuve buscando posibles soluciones. Yo quería igualdad. Así que hice una iniciativa que la llamé Celular Viajero”. La idea era permitirles a los alumnos de escasos recursos conectarse a las clases virtuales durante el transcurso de una semana.   Pero con la llegada del nuevo año escolar, la docente quiso ir más allá y crear una campaña de recolección de dispositivos móviles para que no solo los estudiantes de su colegio pudieran asistir a clases, sino para ayudar a diferentes familias santandereanas. “Recibí mucha atención de los medios de comunicación y pude recolectar 10 dispositivos entre celulares, computadores y tabletas”. De acuerdo con Sandra, su objetivo es seguir reuniendo más equipos y así llegar a más personas.

Universidad Autónoma de Bucaramanga