EL SALTO DE UN ÁNGEL

La mañana del 5 de agosto de 2024 será recordada como una de las más gloriosas en la historia del deporte colombiano. Por primera vez, en la historia de los juegos olímpicos, un deportista colombiano obtuvo una medalla en gimnasia.

Por Juan Sebastián Riaño / jriano771@unab.edu.co

En una jornada llena de emoción y orgullo, Colombia celebró su primera medalla en los Juegos Olímpicos de París 2024 gracias a Ángel Gabriel Barajas, un joven cucuteño, quien, con tan solo 17 años y disputando sus primeras Olimpiadas, se alzó con la presea de plata de gimnasia en la modalidad de la barra fija.

Una gesta histórica que no solo ha puesto el nombre de Ángel en los titulares de todo el país, también fue un momento de inmensa alegría para su familia, especialmente para Nubia Vivas, abuela del atleta.

Un día histórico

Ángel Barajas haciendo su rutina durante la final olímpica de gimnasia en la modalidad de la barra fija masculina. / FOTO SUMINISTRADA POR: Vanguardia.

Aún no cantaba el primer gallo mañanero y la casa de la familia Barajas Vivas en Cúcuta, poco a poco, comenzó a llenarse de familiares y amigos. La tensión se apoderó del ambiente. Los presentes, expectantes y ansiosos por lo que vendría, esperaron el inicio de la competencia.

“Estoy despierta desde las 4 de la mañana”, comentaba Nubia. “A las 5 empezaron a llegar los de la televisión, los de la prensa. Había hasta 70 personas en la casa. Estuvo toda la familia aquí reunida. Vino el señor alcalde y también el director del IMRD”.

La campaña olímpica del cucuteño comenzó el 27 de julio cuando el talentoso gimnasta de Norte de Santander se presentó en el Bercy Arena de París para enfrentar a los mejores del mundo. Disputó la ronda clasificatoria de la barra fija y obtuvo un puntaje de 14.466, consiguiendo la sexta posición, lo que le permitió un cupo en la final.

Ya en la gran final, consiguió una puntuación de 14.533, empatando con el japonés Oka Shinnosuke. Quien se llevó el oro al superar al colombiano en el puntaje de ejecución, sin embargo, ningún otro gimnasta pudo desplazar a Barajas de la segunda posición.

La gesta se había consumado, era cierto. El sueño, que alguna vez tuvo un niño que pasaba sus tardes saltando y correteando por su casa, se había vuelto realidad. La casa estalló en gritos y lágrimas de alegría. Nubia, con el corazón acelerado, sentía una mezcla de orgullo y alivio al ver cumplido el gran anhelo de su nieto.

Desde muy temprano la familia y los amigos de Ángel Barajas se reunieron en la casa de Nubia Vivas en el barrio Trigal del Norte, en Cúcuta, para apoyar al joven deportista en la lucha por su sueño olímpico. /FOTO SUMINISTRADA POR: La Opinión

Los abrazos, las felicitaciones y las risas llenaron el aire, y por un momento, todo el sacrificio y esfuerzo parecían haberse materializado en ese trozo de plata colgando del cuello de Ángel. “Él siempre decía que iba a ir a los Olímpicos y que se iba a traer la medalla. Y Dios grande y poderoso le consiguió ese sueño. Las lágrimas son inevitables, es un sentimiento indescriptible, alegría total para mí, para toda la familia, para toda Colombia. Este es el triunfo de todos” agregó emocionada la abuela del ahora medallista olímpico.  

Con aquel segundo lugar, el joven de Cúcuta no solo cumplió una gran meta, también rompió un récord de 34 años de antigüedad al convertirse en el atleta sudamericano más joven en ganar una medalla olímpica con 17 años y 358 días. Ángel superó al brasileño Jorge Fernandes, quien, en 1980, con 18 años y 11 días, obtuvo la medalla de bronce en la prueba de relevos 4×200 metros libres en los Juegos Olímpicos de Moscú.

Ángel Gabriel Barajas subcampeón olímpico en París 2024. / FOTO SUMINISTRADA POR: Olympics

El niño maravilla

Para doña Nubia describir a su nieto es sencillo. “Ángel es un niño muy noble, muy juicioso, muy obediente y humilde”, dice con orgullo. Desde pequeño, mostró una inclinación natural hacia la gimnasia. “Él desde chiquitito empezaba a hacer volteretas. Se encaramaba en todas partes, se subía a las rejas, brincaba, se subía encima del escaparate, era desesperante, pero a él le encantaba”, recordó.

Curiosamente, una figura clave en la infancia de Ángel fue Sportacus, el personaje de la serie infantil LazyTown. Nubia, entre risas, relata cómo Ángel imitaba los movimientos de su héroe, realizando volteretas y acrobacias por toda la casa. “Le colocaba el muñequito de Sportacus y él hacía lo que el señor le decía. Él nació con ese don porque desde muy chiquitito era capaz de hacer todo eso”.

«Ángel admiraba a Sportacus, se disfrzaba y se ponía a saltar. Él hacía lo que el señor (sportacus) hacía». Comentó Nubia Vivas, abuela del medallista, en entrevista con Periódico 15. FOTO SUMINISTRADA POR: La Opinión

“A nona tiene mieo, A nona tiene mieo” era lo que le decía un muy pequeño Ángel Barajas a su abuela al verla angustiada por sus “maromas”. “Era desesperante, yo le decía “no papi, mire” y me lo llevaba para la tienda y lo trataba de embobar para que no saltara, él solo se reía”.

La familia Barajas Vivas

La familia enfrentó numerosas dificultades. A los seis años, Ángel ya no vivía con su padre y la situación económica era precaria. Su madre, María Angélica Vivas, había trabajado como manicurista y en una panadería, pero siguiendo el consejo de su madre Nubia, decidió enfocarse en la crianza de Ángel y sus hermanos, Jeison y Youri.

En ese tiempo, Jeison era el único que aportaba ingresos trabajando en una pizzería. Ambos hermanos comenzaron a trabajar a los 13 años para contribuir al sustento familiar. Ahora, la familia se ha establecido en la casa de la abuela Nubia, ubicada en el barrio Trigal del Norte, en Cúcuta.

El éxito de Ángel no habría sido posible sin el constante apoyo de su familia. Nubia destaca el papel de su hija, Angélica, la madre de Ángel, en el cuidado y la disciplina del joven atleta. “Ella siempre ha estado pendiente de él, que él se acueste temprano, que coma bien. Él sabe que a las 7:30 de la noche ya tiene que estar dormido”, dice Nubia.

Aquel compromiso ha sido clave para que el joven pueda dedicarse completamente a la gimnasia, incluso estudiando de forma virtual en la Institución Kuepa, de Bogotá, para ajustarse a sus exigentes horarios de entrenamiento.

Ángel Barajas compitiendo en una prueba de modalidad de piso a los 12 años. / FOTO SUMINISTRADA POR: Redes sociales Ángel Barajas

Un día en su vida empieza a las 5:00 a. m., cuando su madre lo despierta. Tras una ducha rápida y un desayuno ligero, se dirige al Coliseo Menor Eustorgio Colmenares Baptista para su doble jornada de entrenamiento, la primera de 7:00 a.m. a 12:00 m. y luego de 1:00 p.m. a 3:00 p.m., además de dos horas extra de gimnasio. Después de una larga jornada de práctica, regresa a casa para sentarse a estudiar entre las 6:00 p.m. y las 7:00 p.m., luego es hora de comer y a acostarse temprano para hacer lo mismo el día siguiente.

Su madre, María Angélica Vivas, jugó un papel crucial, asegurando su alimentación, descanso y recuperación, aspectos que su entrenador Jairo Ruiz destacó como el 50% de la preparación de un atleta en una entrevista con Noticias Caracol. Este «entrenamiento invisible» fue fundamental para alcanzar el resultado.

Con tan solo 17 años, Ángel Barajas inmortalizó su nombre en los libros de la historia grande del deporte colombiano.

¿Qué es lo que sigue ahora? Jairo Ruiz lo resume bien. «Aquí no ha terminado esto, es solo un paso más. Aquí hay que mejorar y trabajar sobre ello, hay que fortalecernos todos y es muy importante seguir creciendo». Con esto dicho, el futuro de Ángel y su equipo promete ser aún más brillante. Y mientras tanto, solo podemos esperar con ansias el próximo salto del ángel de la gimnasia.