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El taller que cambia vidas en el norte de Bucaramanga

Las actividades que se realizan los sábados en la Biblioteca Satélite ‘Gabriel Turbay’ motivan a los niños a que lean, escriban y hagan manualidades. Esto además ayuda en el rendimiento escolar mientras reflexionan sobre los valores.

En el grupo: de izquierda a derecha, Valery Camila Díaz Mendoza, Emily Yelitza Díaz Mendoza, Daira Juliana Cepeda Ramos, Yuliana Andrea Torres, Jhoan Santiago Ortiz Arenales, Sebastián Blanco Betancur, Jhossept Raúl Areniz Vergel, Juan David Robles Cañas, Laura Margarita Medina, Yuliana Andrea Torres, Luis Adolfo Carrillo, Nicolás Ferney Blanco Betancur, Raúl Isidro Areniz Vergel y Francisco Javier Areniz Vergel. / FOTO CAMILA CHAVARRIAGA

Por Paula Oliveros Hincapié
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Los libros pueden ser un motor de aprendizaje para los niños, las actividades y reflexiones que se crean a su alrededor sirven para la formación de un adulto capacitado, siempre y cuando vayan de la mano de un guía. Es claro en el taller de lectura de una de las cinco bibliotecas satélite Gabriel Turbay del Instituto Municipal de Cultura y Turismo (Imct), ubicada en el norte de Bucaramanga.

En uno de los salones de la Casa de Justicia del barrio La Juventud se encuentra la sede de la biblioteca pública. El salón cuenta con libros, juegos de mesa y una serie de talleres que brindan conocimiento de forma gratuita a los habitantes del sector. Este es un espacio de enseñanza y reflexión, pues los laboratorios de aprendizaje suelen incluir valores para sus estudiantes que están entre los tres y los diez años de edad.

Generalmente se ofrecen dos talleres, uno es para los adultos mayores, los martes, y otro para los más pequeños, los sábados. Ambos son similares en cuanto a la gestión, pero cabe resaltar el éxito del taller de los niños, que lleva siete meses recibiendo a un grupo que, por gusto, dedican tres horas de su tiempo libre a las manualidades, el dibujo y la lectura.

El taller se realiza los sábados de 9 am a 12 m y está a cargo de Laura Margarita Medina, bibliotecaria desde el inicio del programa en la Juventud. Ella dice sentir pasión y gusto por lo que hace, pues ha notado avance en sus alumnos. “En los inicios del taller, la gran mayoría no saludaban, ni decían por favor ni gracias, ahora me los encuentro en las calles y me saludan con felicidad y educación”. Además, muchos de los niños mejoraron en el colegio y hablan de los libros con amor.

Por lo menos así lo hizo Jhossept Raúl Areniz Vergel de 8 años, cuando se le preguntó por su libro favorito contestó con emoción una lista que incluye libros como “El león feliz”, “La niña bonita”, “El árbol de los recuerdos”, “Vendo a mi mamá”, “La bruja de la montaña”, y “La abuelita aventurera”, entre otros. También dice que leer le ha ayudado a aprender, haciendo más fácil su tarea del colegio.

La mecánica del taller
Ese día, iniciaron con una lectura colectiva del célebre libro infantil “El árbol de los recuerdos”, en la que se rodó el ejemplar mientras se hacían pausas para reflexionar sobre lo leído. Aunque la lectura es el objetivo principal del taller, cabe resaltar que no todos los niños la hacen, pues la bibliotecaria Laura Medina no los presiona para esto. Eso sí, deben estar concentrados en la narración y comprensión del cuento.

La lectura en voz alta se hace por voluntad por ejemplo, Juan David Robles es un niño con una limitación cognitiva, se le dificulta leer, escribir y hablar, no siempre quiere leer pero cuando es su deseo lo hace y todos atentos lo escuchan. La maestra asegura que allí son iguales y tienen las mismas oportunidades, aun cuando las capacidades son distintas. Ella cree que esta es otra forma de enseñarles de compañerismo y valores. Cabe también resaltar que aunque Juan David no sepa leer, tiene una excelente comprensión y asimila las historias que narran sus compañeros con su propia vida.

Después de la lectura siguen las manualidades. Inician retratando sobre cartulinas los personajes de los cuentos que acabaron de leer; los niños tienen la libertad de pintar lo que la lectura les transmitió. Allí, cuando dejan los lápices y colores, más o menos a la mitad de la clase, los estudiantes paran para tomar un descanso y comer el refrigerio.

Terminado el refrigerio sigue Tesoros Escondidos, una actividad de manualidades que busca formar figuras de animales con materiales reciclables, pinturas y colbón. La maestra advierte a sus alumnos sobre la doble finalidad de esta dinámica, pues lo que manejan allí “no es solamente el cartón sino la paciencia”. Además, enfatiza sobre el valor de los materiales y los recursos de la tierra. A veces este ejercicio es reemplazado por otros que también enseñan sobre creatividad, como cantar o crear macetas para jardines.

Los materiales para las actividades los entrega el Imct, pero algunos habitantes del barrio donan lápices, vinilos y colores. Medina se refiere a ellos como “ángeles” y cuenta que son profesores y vecinos que están a gusto con el notorio progreso de los niños.

Universidad Autónoma de Bucaramanga