El sábado 6 de junio en el barrio Quinta Oriental, de Cúcuta, un sicario asesinó al periodista Cristian Hernando Herrera Nariño, disparando una ráfaga de nueve tiros, de acuerdo con el reporte forense. Cristian es el líder social número 66 asesinado en lo corrido de este año, según cifras de Indepaz. En su trayectoria profesional expuso temas de corrupción y crimen organizado en el Catatumbo y en Norte de Santander. 

Por Javier Ferreira – jferreira4@unab.edu.co y Selene Valencia – tvalencia722@unab.edu.co

In memoriam

El lunes 29 de julio de 1996, Cristian llegó a la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, a vivir su primer día como estudiante de periodismo. Era uno más en la lista de 50 primíparos que ese semestre ingresaron a la entonces Facultad de Comunicación Social. Tenía 20 años y con su risotada estruendosa dejó su primera impresión en sus compañeros y profesores. También se caracterizó por su acento nortesantandereano que soltaba un “toche” cada tres palabras. El sábado 6 de junio de 2026, el periodista de 50 años llegaba a un almuerzo familiar cuando fue asesinado por un sicario en moto en el momento en que se bajaba de su carro. Hay treinta años de diferencia entre uno y otro acontecimiento, y toda una vida de planes, sueños, metas cumplidos y otras que se quedaron pendientes por culpa de la violencia que sigue cobrando vidas en este país.

En el viaje del curso de fotografía, en septiembre de 1996, en Villa de Leyva, con sus compañeros Rocío Murgas, Óscar Hernández, Adriana Pico y Javier Ferreira /FOTO ARCHIVO

Cristian dedicó la mitad de su vida al periodismo. Se desempeñó como reportero en el diario La Opinión, de Cúcuta, el mismo en que por años su papá, don Hernando, trabajó como fotógrafo. Ahí se obsesionó con la crónica, la investigación y la denuncia. Siempre contestatario e incómodo ante los poderes y la violencia. Se abrió espacio en la redacción y en el público lector del medio impreso, y empezó también a hacer parte de las listas de perseguidos por uno y otro bando. El periodista Daniel Samper Pizano, en su exilio en Madrid, en 1989, citando a “un escritor guatemalteco”, señaló que “los periodistas latinoamericanos que trabajan bajo determinados regímenes solo tienen tres destinos, el encierro, el entierro o el destierro”, a Cristian le correspondió el entierro. Es uno de los precios por ser lo que en Colombia se conoce como “un periodista incómodo”, esos que preguntan, que indagan y que no se entregan a las mieles de ser aliados y amigos de las figuras de poder. Cristian prefirió el barrio y los tenis al traje y los cocteles.

Le sobreviven sus hijos Cristian y Gabriela, un adolescente y una joven futura maestra en artes audiovisuales, y su esposa Karla Gabriela Niño Claro, quienes estaban más que acostumbrados a la manera jocosa que tuvo él para concebir la vida y vivirla. Y ahora a lo mejor se preguntan cómo van a alimentar las sonrisas diarias bajo el techo familiar.

«Para mí, Cristian es una persona imposible de olvidar: carismático, frontal, valiente y comprometido con la verdad. Lo considero uno de los mejores cronistas judiciales de Santander, capaz de descubrir entramados de corrupción gracias a su agudo olfato periodístico. A lo largo de su vida enfrentó amenazas, exilio y constantes riesgos por sus denuncias, pero nunca renunció a sus convicciones ni dejó de luchar contra lo que consideraba injusto. Por eso exijo justicia por su asesinato y que las investigaciones sobre los hechos que denunciaba no queden en la impunidad. Su muerte deja un enorme vacío en quienes tuvimos la fortuna de conocerlo.» Johnatan Nieto, Periodista y amigo de Cristian

“El ‘Gordo’ Cristian fue un niño en cuerpo de gigante, de abrazos cariñosos, con un toque de picardía y humor, decía y hacía las cosas, el complemento perfecto para nuestro grupo de amigos, “los Chocolocos”. Gracias a él conocí su natal Cucuta. Con la excusa de realizar trabajo de campo en las plazas de mercado de la ciudad fuimos a lugares que siempre consideró ricos en información y noticias. Probé los pasteles de garbanzo y recorrimos a pie la ciudad, pues, según él, así es que se conocen los sitios”, recuerda su compañera de clases, Regina María Vega Rojas. Y a los recuerdos se suma Yenny Consuelo Lozada Galvis: “Recordar al ‘Gordo’ Cristian sin una sonrisa es imposible. Siempre fue una persona llena de alegría, nobleza y un profundo amor por su profesión y por sus amigos. Recuerdo que, en nuestra época universitaria, necesitaba ayuda en una materia porque dependía de un ensayo para pasarla. Muy a su modo de ser no dudó en ofrecerse a trasnochar haciendo el suyo y, además, ayudarme con la redacción del mío. Ese era Cristian: un ser humano lleno de bondad, generosidad y cariño”.

Dio sus primeros pasos en el periodismo desde las aulas y estudios de televisión de la Unab, en el entonces Centro de Producción de Televisión, CPTV como camarógrafo, una faceta que disfrutaba y en la que se especializó. Hizo parte del proyecto audiovisual “La Pipol” desde las cámaras y la edición, junto a los periodistas Luis José Galvis y Wilson Vega. Y en ese recorrido sumó y sumó amigos, como su colonia cucuteña, integrada por los periodistas Johnatan Nieto y John Jairo Jaimes Montes, compañeros de residencia universitaria, y su amigo Juan David Arboleda Vergara.

“En Cúcuta compartimos jornadas, conversaciones, risas y también los desafíos de esta profesión que tanto amamos. Hoy siento un profundo dolor por tu partida y una enorme tristeza al pensar que ya no volveremos a encontrarnos. Lo recordaré siempre como un gran periodista, pero sobre todo como un gran amigo: noble, sincero, solidario y comprometido con lo que hacía. Gracias por cada consejo, por cada momento compartido y por la huella que dejó en nuestras vidas”, rememora su colega en la capital de Norte de Santander, a principios de este siglo y compañero de aulas a finales de los noventa, Óscar Gerardo Hernández Rodríguez.

«Cristian fue un periodista comprometido con el derecho de la ciudadanía a estar informada y un referente en la denuncia de la corrupción y de los vínculos entre actores políticos y grupos violentos. Su trabajo y su asesinato evidencian los graves riesgos que aún enfrenta el periodismo en Colombia. Además de sus investigaciones, dedicó parte de su vida a defender la libertad de prensa y los derechos de los periodistas. Lo recuerdo también como un amigo alegre, espontáneo y apasionado por el periodismo desde sus años universitarios. Por eso considero fundamental que su caso no se olvide y que el Estado garantice condiciones seguras para quienes ejercen esta labor.» César Baeza, miembro de la Coalición por el Fortalecimiento de la Libertad de Expresión (CoFLE).

«Desde Reporteros Sin Fronteras hacemos un llamado a combatir la impunidad en los crímenes contra periodistas en Colombia, donde cerca del 80 % de los asesinatos y el 98 % de las amenazas permanecen sin resolver. El caso de Cristian Herrera evidencia los riesgos que enfrentan quienes ejercen el periodismo en regiones complejas como Cúcuta, marcadas por la presencia de grupos criminales, actores armados y altos niveles de corrupción. Cristian dedicó más de veinte años a informar bajo amenazas constantes y, al igual que otros periodistas, denunció presuntas relaciones entre sectores políticos, institucionales y organizaciones criminales. Su asesinato, al igual que el de otros comunicadores, genera miedo y favorece la autocensura, por lo que es fundamental fortalecer las redes de denuncia y garantizar que estos hechos no silencien el periodismo ni las investigaciones sobre corrupción en la región.» Fabiola León Posada Encargada de investigación de América Latina de Reporteros Sin Fronteras

El lunes 8 de junio se realizaron sus honras fúnebres, con la presencia de cientos de personas, entre amigos, colegas, familiares e integrantes de organizaciones sociales y de Derechos Humanos, en la catedral de San José, con globos blancos como símbolo de su vida y del valor de la reconciliación. Organizaciones como la Flip, de la que era corresponsal desde 2019, se sumaron a los homenajes con la realización de un evento en su memoria, el martes 9 de junio, en la Casa del Periodismo, en Bogotá.