Encuentros en La Luna

En el corazón del Diamante II, hay un lugar donde los relojes parecen detenerse y las historias fluyen tan libres como un café; un sitio para pasar el tiempo, tener con quien hablar o reír.

Por María Catalina Gómez Carreño / mgomez781@unab.edu.co

Cuando Neil Alden Armstrong inició la exploración de la luna, hace unos 54 años, marcando un nuevo capítulo en la historia humana; en Bucaramanga también se gestaba una que se entrelazaría con la vida de muchos en la carrera 24 # 89-03 en el Diamante II.

Fundada por don Ciro y doña Ester, en ese momento no se tenía una idea de cuál nombre podía llevar, decidieron nombrarla así, La Luna, en honor a ese inicio que lo fue para el grupo de astronautas y para una nueva familia. Se convirtió en más que un establecimiento comercial; se transformó en el alma del barrio. 

La calidez de “La Luna” y la amabilidad de la familia Jaimes han convertido esta tienda en un símbolo de hospitalidad y servicio en el corazón del barrio. /FOTO CATALINA GÓMEZ

Raíces y sueños

Orlando Jaimes Tarazona es oriundo de Guaca (Santander), un pueblo que queda a 96,3 kilómetros de Bucaramanga, 3 horas 11 minutos de camino. Estaba trabajando en Santa Helena de Opón, a 250,7 km de Guaca, un viaje de unas 9 horas. Allí era asistente técnico de agropecuaria, hasta que su papá le dio la noticia:

—Consígase una mujer y se viene para Bucaramanga. 

—Ahí fue cuando conocí a Carmen.

Carmen Celia Pardo Ariza, su esposa, nació en Santa Helena, en donde se conocieron. Juntos se vinieron a Bucaramanga, así es como llegaron a La Luna, su nuevo hogar hace 30 años. Israel Jaimes Beltrán, papá de Orlando, compró el lugar, “nos dijo: ‘Bueno empiecen acá’, ahí fue cuando nos vinimos con Carmen y nació Pollo y empezamos aquí. Ya con la tienda llevamos 30 años”, afirma.

En cada detalle de la vitrina se refleja el esfuerzo y la dedicación de La Luna por ofrecer un servicio excepcional. /FOTO CATALINA GÓMEZ

Tienen dos hijos, Israel Fernando (a quien le dicen Pollo de cariño) y Karen Tatiana Jaimes Pardo. En sus inicios había pocas tiendas, se vendían frutas, verduras, carne; con el pasar de los años se ha ido adecuando a las necesidades que ha visto de sus consumidores.

No solo clientes  

A quienes llegan a su negocio los atiende con una gran sonrisa y dispuesto a estar para ellos en lo que necesiten. María Consuelo Gómez, una vecina y clienta desde hace 30 años, dice: “El carisma de Orlando para atenderlo a uno es inigualable; él siempre está pendiente de si necesita algo más. Se asegura de que su tienda sea un espacio de encuentro amigable para la ciudadanía”.

Esta es La Luna, ubicada en la carrera 24 # 89-03, en el Diamante II. /FOTO SUMINISTRADA POR KAREN TATIANA JAIMES

Ser tendero es una de las profesiones más antiguas y nobles que se mantiene viva en el corazón de las comunidades alrededor del mundo. En cada barrio, la tienda de la esquina es un punto de encuentro, un lugar donde se entrelazan las vidas cotidianas de las personas.  Es, ante todo, un conocedor de su comunidad, sabe los nombres de sus clientes, sus preferencias y necesidades. 

No es simplemente un vendedor, sino un amigo, un consejero y, en ocasiones, un confidente. La tienda no es solamente un espacio comercial, también un lugar donde se comparten noticias, se celebran pequeñas victorias. Y se brinda apoyo en los momentos difíciles. La labor del tendero va más allá de la transacción económica, es un custodio de tradición, manteniendo vivas las costumbres y la cultura local.  

El fervor por el fútbol y el ciclismo se siente en cada rincón de La Luna, convirtiéndola en uno de los lugares favoritos para disfrutar de los partidos y compartir la emoción del deporte. /FOTO CATALINA GÓMEZ

Momentos difíciles

Cuando llegó la pandemia del covid-19, como todos, no esperaba que tuvieran que cerrar por tanto tiempo, fue una época difícil. “Durante la pandemia, todo eso cerrado, la superamos gracias al hijo que nos colaboró; Pollo fue el que nos ayudó aquí. Porque uno de qué vivía, si uno vive de la tienda”, dice Orlando.

La solución para tener más movimiento fueron los domicilios, sin embargo, esto empezaba a funcionar, pero llegó un momento en que la mercancía escaseó, se habían acabado las gaseosas, los paquetes, la cerveza y los camiones que a menudo traen la mercadería puerta a puerta, no llegaban por el encierro. Fue un momento difícil.

Orlando Jaimes Tarazona habla con Periódico 15. / VIDEO CATALINA GÓMEZ
Universidad Autónoma de Bucaramanga