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Entre las cuerdas del “llanero eléctrico”

La combinación del joropo central y llanero con géneros como el rock, el jazz y el pop conforman la propuesta musical de Germain Coronado. Un Barbacoense de la región central de Venezuela que lleva dos años en Colombia.

Germain Coronado ha participado en otros proyectos como “Los Corotos”, una agrupación que combinaba el hip hop y el joropo. Además ha fusionado el joropo con otros ritmos como el reggae, el punk y el ska. /FOTO LAURA FERNANDA BOHORQUEZ

El músico de 42 años, Germain Coronado, se ha dedicado a este oficio desde que era niño. Creció en la región central de Venezuela, donde aprendió a interpretar los ritmos llaneros de su cultura. Su afición por tocar el cuatro y escuchar rock lo llevaron a idear una propuesta que uniera ambos géneros. Actualmente, es uno de los 935.593 venezolanos, según cifras de Migración Colombia en agosto de 2018, que se encuentran en el país.

Maracas, cuatro y rock

Jackson Germain Coronado Flores nació en 1976 en Barbaoas, un pueblo ubicado en el estado de Aragua en Venezuela. El mismo en el que nació Simón Díaz en 1928, el compositor de “Caballo Viejo”. “Un referente de la música llanera”, asegura Coronado.

Por influencia de su abuelo materno Tiburcio Orozco, músico cuatrista, comenzó a tocar las maracas en agrupaciones a los tres años, poco a poco aprendió a tocar el cuatro y a los diecisiete le enseñaba a los niños de su pueblo. El oído y la memoria, fueron las herramientas que utilizó para recordar los tiempos de distintos ritmos de la región llanera venezolana. Aunque no se considera ‘rajao’, o llanero de raza pura, describe estas costumbres como su “herencia cultural”, pues para él “la música popular se aprende de tradición de unos a otros”, como lo hizo su abuelo, a quien recuerda como el maestro que le “dejó las bases para dedicarse a este oficio toda la vida”. Entre los refentes de este género destaca al venezolano Ángel Custodio Loyola y al colombiano Rafael Martínez Arteaga, ‘el cazador novato’. Además, manifiesta que no hay diferencias entre la música llanera de ambos países pues, según él, se trata de “una misma cultura y no existen fronteras, en ese sentido”.

“Rockadencia y la música que sacudió y sacude al mundo”, eran productos radiales de la 92.9 FM, emisora que le permitió a Coronado conocer “lo mejor del rock venezolano y mundial”. Pasaba las tardes escuchando bandas internacionales como: The Beatles, The Rolling Stones, The Doors y Nirvana, y bandas de su país como: La Leche, Caramelos de Cianuro y La Puta Eléctrica. Como no tenía guitarra utilizaba el cuatro para estudiar las canciones. A la edad de 23 años se mudó a Caracas a estudiar Educación Musical, allí recorría los pasillos de la Universidad Pedagógica de Venezuela interpretando “Come As You Are”, en español “Ven como eres”, del compositor estadounidense Kurt Cobain. Su acento llanero y la forma de utilizar el cuatro para tocar grunge, un subgénero del rock alternativo, fue la razón por la que sus compañeros le apodaron “el llanero eléctrico”. Lo que significó, también, la creación de su marca personal y el retiro de la universidad cuando cursaba sexto semestre.

La mezcolanza

“Guayabo Sifrinero”, es el título que el llanero eléctrico le dio a la adaptación en joropo de la canción “Creep” de la banda británica Radiohead. Hoy en día el video suma 400.000 reproducciones en Facebook. / FOTO LAURA FERNANDA BOHORQUEZ

De la propuesta de combinar el rock y el joropo nació la agrupación “Toberías” en 1998. El nombre responde al uso de tobos, o baldes, y tapas de olla para crear una batería. “Alguien, una vez nos dijo que eso no era una batería, sino una tobería y así decidimos llamar el grupo”, recuerda Coronado. “El joropo central se interpreta con arpa, maracas y buche”, dice, refiriéndose así a la voz del cantante. En joropo y rock, el arpa es reemplazada por el teclado, y se acompaña de la guitarra y el bajo eléctrico, la batería y las maracas.

Para realizar las mezclas utilizaba la fonética de la letra de las canciones y construía una historia nueva. Luego pasaba la melodía del rock al joropo, al contrario o en combinación. Por ejemplo, su tema “Ni con flux”, está basado en la letra de “Break on through to the other side”, en español “Ábrete camino hacia el otro lado”, de la banda estadounidense The Doors, es una fusión de joropo y rock que recrea la historia de un llanero, Jackson Germain Coronado, que sale de su pueblo natal para irse a la ciudad, y pasa por anécdotas jocosas y divertidas. “Para Eleonora”, por su parte, es un joropo basado en la letra de “Eleanor Rigby”, de la banda británica The Beatles, y cuenta la historia de una mujer que siempre soñó con ser pintora, pero que se dedica a vender empanadas en el terminal para mantener a su familia.

En junio del 2008 “Toberías” subió al escenario del Festival Nuevas Bandas Venezuela, un evento que, para “el llanero eléctrico”, podría relacionarse con el Festival Rock al Parque en Colombia. “Después de diez años de haberse realizado el concierto, aún hay gente que lo recuerda”, dice, pues fue la primera vez que una banda que combinaba el folclore con el rock se presentaba allí. “Gente vestida de negro, con crestas y botas intentando bailar joropo en una especie de pogo. Saltaban, zapateaban y gritaban: ¡Venezuela, Venezuela!”, relata. Medios de comunicación locales empezaron a seguir el trabajo de la banda, recorrieron todo el país y fueron nominados a Los Premios Pepsi Music Venezuela como mejor agrupación de música folclórica. Pero, la banda llegó a su fin en 2014.

El trajín

La Fundación Sur de Aragua Cultural, fue creada por Coronado Flores, su esposa y una socia en 2013. Buscaban hacer de esta una escuela que brindara servicios de formación artística a niños y jóvenes del pueblo. De este proyecto surgió la orquesta infantil sinfónica, el coro, el programa Alma Llanera, del que era director y tenía como fin enseñar música popular y tradicional venezolana, y un semillero de rock. Apoyados, también, por el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. Sin embargo, dos años después, Coronado dejó la escuela pues la crisis de su país dificultó la financiación y algunos estudiantes se vieron obligados a migrar.

Por el desabastecimiento y el aumento de la violencia en Barbacoas, Coronado decidió migrar a Colombia en 2015, pero, solo hasta 2016 logró salir del país, puesto que tardó un año en conseguir los pasaportes para su familia. Llegó a Cúcuta en diciembre con $150 mil bolívares en sus bolsillos, cifra que hoy, luego de dos años, equivale a dos mil pesos colombianos. “Fueron las tres semanas más duras”, cuenta, pues mientras su esposa trabajaba arreglando uñas, él “tocaba en donde fuera”, con tal de conseguir dinero. Lo poco que traían les alcanzó para viajar y mantenerse dos días en Cúcuta, no más.

De Cúcuta pasó a Bucaramanga. Expresa que se ha mudado 14 veces en lo que va del año. Hasta el viernes vivió en un hospedaje ubicado en la carrera 17, entre calles 34 y 35, en el centro. Todos los días, desde las 11 am se reúne con Los Malibú, una agrupación que creó en la ciudad en la que toca la batería. Conformada, también, por: Oliver González, en el bajo; Javier González, en la guitarra eléctrica, ambos venezolanos. Se ubican a lo largo de la calle 35 y trabajan “hasta que la lluvia les corra la gente”, dice Coronado.

Por María Paula Rincón M.

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Universidad Autónoma de Bucaramanga