Entre pinceles y raíces: así se entreteje la memoria en Bucaramanga

La ciudad se vuelve un lienzo de memoria viva con la presencia del arte en forma de murales, que desde distintos lugares de Bucaramanga, invitan a las personas a reconectar con sus raíces. Se trata de “Vida y Memoria”, del colectivo CROMO, y “Rutas de la Memoria”, una obra realizada por los artistas John Medina “Caucho” y María Fernanda Tarazona.

Mural “Vida y Memoria” del colectivo CROMO / IMAGEN SUMINISTRADA POR JULIAN VILLAMIZAR

Un homenaje a los orígenes de Santander

El mural “Vida y Memoria”, ubicado en la carrera 27 con avenida González Valencia, busca rendir un tributo a los pueblos originarios, como los indígenas guane, y a los campesinos, quienes han construido el territorio con sus manos, asimismo buscaron resignificar el rol de la mujer.

“Por eso se van a observar los rostros de dos indígenas guane y también de una campesina santandereana vista desde la resignificación” afirmó Julian Villamizar Rincón, director creativo del colectivo CROMO.

Esto fue posible gracias a la convocatoría pública de estímulos 2024 ‘La ciudad bonita como lienzo para el arte urbano’, creada por el Instituto Municipal de Cultura y Turismo y la Alcaldía de Bucaramanga. 

La realización de este proyecto fue bajo la dirección artística de Julián Villamizar Rincón, diseñador, artista plástico y visual de Bucaramanga, y con la colaboración de destacados artistas como Wilmer Serrano «Mr. Willart», Camilo Andrés Correa, Jahzeel Villamizar, María Angélica Acuña «Angie Mur», Martha Cadena y María Nancy Rincón. “El mural fue concebido y ejecutado como un proyecto de creación colectiva, que une generaciones de artistas en torno a una misma causa: honrar la vida, la memoria y el patrimonio de nuestra región”, agregó Villamizar.

La apuesta del colectivo era conseguir transmitir ese sentimiento de pertenencia con lo que fuimos, con cada elemento que nos ha llevado a tener una cultura tan rica y poderosa. Para Julián, estos espacios son los que permiten que recordemos nuestras raíces, de donde venimos, pues es esta reflexión la que nos permite labrar un mejor porvenir como sociedad.

Allí también se retratan paisajes que muchos tomamos como referencia de nuestra región como el Cañón del Chicamocha y el páramo de Santurbán, espacios naturales que junto a los indígenas guanes y campesinos reflejados en el mural, pretenden hacer una lectura territorial.

Para ellos, el apoyo de los ciudadanos que pasaban por el lugar mientras se llevaba a cabo la intervención son la mejor manera de confirmar que su trabajo es valorado por la comunidad. “Las personas del común también se han vinculado, es decir, el ciudadano de a pie, cada vez que pasaban nos daban su voz de aliento y para nosotros eso significaba que les encantaba lo que estábamos haciendo”, expresó Julian Villamizar. 

Mural “Rutas de la memoria” de Maria Tarazona y John Medina / IMAGEN SUMINISTRADA POR MARIA TARAZONA

Un viaje íntimo al pasado familiar

Para María Tarazona y John Medina realizar esta obra artística fue una reflexión personal sobre sus ancestros, aquellos que en algún momento tuvieron que ser víctimas del desplazamiento del campo a la ciudad, de allí nació “Rutas de la memoria”. 

“Se gesta especialmente tras un interés creciente sobre las imágenes de nuestros álbumes familiares, sobre las personas, sobre los lugares que que veíamos y que no reconocíamos”, dijo Maria Tarazona, artista e ingeniera civil.

La idea de estas representaciones artísticas es cumplir un papel clave en los procesos de memoria y resistencia de los territorios en los cuales se realizan. Según Tarazona, se puede ver desde dos pautas, el primero sobre la lectura que se le da a la imagen y la segunda en base a la manera en que se lleva a cabo el proceso. 

“Considero que cuando la imagen se enlaza con un momento del pasado o del presente del lugar donde estás, logra generar como una extrañeza que irrumpe en el espacio y que posibilita las emociones, el diálogo y los cuestionamientos que transforman la forma en cómo habitamos este espacio. Por otro lado, también tiene que ver con la forma en la que trabajas, hay experiencias que requieren ser colaborativas en su hacer para poder apoyar al otro en la transformación.”, explicó Maria.

Ella manifiesta que el arte puede lograr ser una herramienta de reparación simbólica y social, la cual se necesita con mayor intensidad en un país como Colombia que ha atravesado años de violencia, silencio, privación e intimidación, situaciones que han generado una profunda desconexión de nuestra identidad y raíces.

Ambos murales han tenido una acogida positiva por parte de la ciudad, las personas no solo agradecen la transformación estética del espacio, sino la oportunidad de recordar quienes son y sentirse orgullosos de sus antepasados y paisajes naturales que embellecen el territorio.