Por María Camila Monsalve Martínez / mmonsalve131@unab.edu.co
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y para Diego García, su vida cambió el día que decidió que su mejor arma para ejercer el periodismo serían las caricaturas.
“¡Viva el Búcaros y el periodismo!” son las palabras que me dejó escritas en su último libro, Rumbo a Bucaramanga, minutos antes de pasar al auditorio, donde lo esperaba ansioso el público bumangués.

Pero espere tantico y echemos reversa, como diríamos en la Ciudad Bonita, porque no fue de un día para otro que este artista —más santandereano que la Kola Hipinto— logró posicionarse a nivel nacional con sus dos libros y 152.000 seguidores (si sumamos todas sus redes sociales).
Siendo un pelaito…
Diego, ¿quién fue tu primera influencia artística? le dije, mientras él me sonreía con una mirada llena de curiosidad por lo que habría de preguntarle…
Sin dudarlo, respondió de inmediato: “Mi primera influencia artística fue mi papá”. Me contó que a su papá le gustaba dibujar y, aunque nunca ejerció como dibujante, desde muy pequeño lo veía en casa de sus tías dibujando una que otra cosa y ayudándole con tareas del colegio.
Y sin duda, su niñez forjó al Diego que es hoy, pues se define como un rebelde con la realidad: “A mí me echaron de tres colegios por mamar gallo”. Más que pleitos o conflictos, sus llamados de atención surgían porque no estaba de acuerdo con ciertas burocracias que, para él, eran inútiles. Por ejemplo: ¿de qué le servía guardarse la camisa dentro del pantalón para su futuro?
Su viaje por la radio…
Fue a los 16 años cuando Diego empacó sus maletas, soltó la arepa santandereana y la cambió por un abrigo para viajar a Canadá, donde vivió gran parte de su vida. Allí fundó y dirigió, durante cuatro años, la primera estación de radio para la comunidad latinoamericana de Montreal.

Y fue esta experiencia la que forjó en él distintas habilidades que hoy hacen parte de su oficio: la curiosidad por estar actualizado todo el tiempo y la capacidad de precisión al comunicar, esencia principal de cada una de sus caricaturas.
El arte de “dar papaya”…
Era 2016 cuando Diego tomó la decisión de lanzarse a hacer caricatura política en Facebook. Su primer tema: Uriel Ortiz, exconcejal del Partido Liberal, al que se le criticaba por controlar la Secretaría de Educación como si fuera suya, con cientos de OPS.
Empezó desde lo local, en su querida Bucaramanga, abriéndose paso junto a Vanguardia Liberal, hasta adentrarse en el ámbito nacional. Aunque él mismo resalta que al principio mantener el equilibrio no fue fácil: “Si uno se pudiera clonar y tener más manos…”. Porque, como él mismo dice, en este país no hay político que se salve: todos dan papaya.
Y claro, sus caricaturas con el ingrediente principal del humor siempre dan en el punto justo para tirar la puya y cuestionar los escenarios que nos afectan a todos. Sin miedo, sin titubear, y sin dar el brazo a torcer, ya lleva nueve años dedicados a este arte, que lo ha expuesto a amenazas y uno que otro enemigo… todo por amor al periodismo.
Rumbo a Bucaramanga…
15 de junio de 2024. Bumangués que se respete tiene esa fecha marcada en el alma y el corazón. Para Diego, fue un momento que nos unió como nunca: a la ciudad, al departamento y al país, todos apoyando a Santander. “Esa vaina me pareció lo máximo, como nunca lo había sentido así”.
Para él, fue una celebración en familia y también el anclaje perfecto para la historia que estaba dibujando en ese momento: el libro que publicó en diciembre de 2024.

“Yo ya sabía todo lo chévere de Santander que quería contar, pero aún no sabía cómo morirme”. Para quienes ya lo leyeron —y para quienes no—, este libro relata el viaje de Diego junto a San Pedro, después de morirse, mostrándole todas las razones por las que merecía volver a la mejor tierra del mundo: Santander.
Y aunque el libro ya estaba casi terminado, no sabía cómo había muerto. Fue entonces cuando la estrella del 15 de junio le dio sentido a todo. “Y creo que esa también hubiese sido la historia, incluso si el resultado del partido hubiese sido diferente”.
En esas páginas refleja lo que para él era una deuda con su tierra: el agradecimiento por haberlo forjado como es, con el amarillo y el verde a donde sea que va, en sus palabras y en su forma de ser.
La arepa santandereana es su principal aliada. En cada viaje carga con su tártara, Kola Hipinto, obleas, tamal, hamburguesa de Camacho’s, carne oreada, pepitoria… cada pedazo, cada historia, cada rincón de Santander hace que Diego sonría.
Por eso, cuando le hice la última pregunta, su respuesta fue clara:
—¿Y si pudieras llevarte algo de Santander para mostrarle al mundo, qué sería?
—Mi libro —me dijo sonriendo.
Y ahí sí, como diría el dicho: Está pintao’.





