Por Emily Pineda / epineda551@unab.edu.co

En un mundo donde lo que proyectas en lo personal se ha convertido en un lenguaje universal, Yury Marcela Gómez Calderón ha sabido tejer su propia narrativa con hilos de elegancia, autenticidad y sutileza. Desde sus primeros pasos en el mundo de lo estético, Yury entendió que su labor no se limitaba a peinar, cortar o maquillar, sino que su verdadera misión era transformar vidas a través de la imagen. Para ella, cada persona es un lienzo en blanco, una oportunidad para crear algo único, algo que no solo refleje su físico, sino también su esencia.
Descubrió su pasión por la moda y el estilismo desde muy temprana edad. A los 17 años comenzó a estudiar cada detalle de ese universo y, con el paso del tiempo, con una determinación que desafiaba su juventud, y siendo mamá de dos niñas, que son su adoración y motor en el día a día, empezó a trabajar en una peluquería local, añadiendo en su agenda la atención a sus clientas en sus casas. Allí, entre tijeras, peines, esmaltes y tintes, comenzó a moldear su futuro. Lo que para otros podría ser un simple trabajo, para Yury era un arte. Cada corte de cabello, cada color aplicado, cada estilo creado, era una expresión de su creatividad y su conexión con las personas que atendía. Una a una fue atendiendo a sus clientas, ganando su cariño y, poco a poco, fue logrando un espacio en el corazón de cada una, convirtiéndose en una integrante más de sus familias.
Pero no se conformó con lo básico. Sabía que ser estilista era mucho más que dominar técnicas de peluquería o maquillaje. Era entender a las personas, sus personalidades, sus sueños y sus miedos. Era saber combinar colores, texturas y formas para crear looks que no solo fueran estéticos, sino que también transmitieran confianza y autenticidad. Para ella, cada cliente era un desafío, una oportunidad para demostrar que la imagen personal es una herramienta poderosa para transformar no solo el exterior, sino también el interior.
Con el tiempo, su talento innato y su dedicación comenzaron a dar frutos. Su familia, que desde siempre había notado su habilidad para combinar colores y crear estilos únicos, no dudó de que Yury estaba destinada a triunfar. Actores, artistas, médicos y personas comunes llegaban a ella en busca de su toque mágico, de esa capacidad que tenía para entender lo que necesitaban, incluso antes de que ellos mismos lo supieran.
Yury Marcela Gómez Calderón no solo es una estilista; es una creadora de identidades. En sus manos, una melena desordenada se convierte en una declaración de estilo, un rostro sin maquillar se transforma en una obra de arte, y una persona insegura se convierte en alguien que camina con la cabeza en alto. Su trabajo va más allá de lo superficial; es un acto de empatía, de conexión humana.
Hoy, sigue fiel a su lema: estilo, elegancia y sutileza. Cada día, con cada cliente, reafirma su compromiso con la belleza y la autenticidad. Para ella, el estilismo no es solo un trabajo, es su forma de vida, su manera de dejar una huella en el mundo. Y en ese camino, Yury no solo ha transformado a otros, sino que también ha encontrado su propia identidad: la de una artista que, con tijeras en mano, pinta el mundo de colores y sueños.





