Inicio Covid19 Formación en la web, una manera para ‘sacarle el jugo’ al aislamiento

Formación en la web, una manera para ‘sacarle el jugo’ al aislamiento

Capacitaciones, cursos, seminarios y talleres en salud, finanzas, educación e informática son algunas de las ofertas de variadas instituciones para facilitar una formación adicional y aprovechar el tiempo en casa durante el período de cuarentena.

Por Lucía Galvis Gómez / [email protected]

Sin saber que a la semana siguiente el país estaría en una situación de encierro casi total, y que su trabajo se pausaría indefinidamente, Marcela Esteban Rosas, una bumanguesa de 39 años, el 13 de marzo se dio a la tarea de buscar en Internet algo para estudiar ese mes, ya que, según ella, siempre ha sido importante ocupar su tiempo libre en ser lo más productiva posible.

Cuando inició la cuarentena nacional entendió que era importante aprovechar cada momento que iba a pasar en casa y así continuar con su interés por aprender algo nuevo en cada momento. Las opciones que más le llaman la atención son los temas relacionados con ejercicio y estudio. Plataformas como Zoom, Doméstica y Coursera lanzaron cursos gratuitos en diferentes ámbitos y disciplinas para que las personas que no disponen de recursos suficientes pudieran acceder. Aunque generalmente la mayoría de estos cursos eran gratuitos, algunos cobraban la certificación del curso aprobado.

Al trabajar o estudiar en casa lo mejor es adecuar un espacio exclusivo para estas actividades y así poder aprovechar el
tiempo y mejorar la concentración. Una de las plataformas más
usadas es Coursera, creada en 2011. /FOTOS LUCÍA GALVIS

Los motivos por los cuales muchos de los inscritos en las capacitaciones lo hicieron durante ese tiempo no fueron por aprovechar que no tenían costo, porque sus colegios, universidades o empresas lo exigieron, o porque sentían que debían hacer algo productivo aprovechando el tiempo libre, sino porque sus rutinas diarias no les permitían sentarse tranquilamente a capacitarse en algún tema de su interés, es una de las consideraciones que se plantea Marcela Esteban.

Daniel Andrés Bautista Robles, publicista de 22 años de edad, es una de las personas que ha aprovechado esta situación, pues tiene un un estilo de vida agitado y lleno de viajes, lo cual le ‘impedía dedicar tiempo a algún tipo de curso o actividad adicional a su trabajo’. Primeros días de encierro Esteban Rosas es administradora de empresas, trabaja en la organización La Esperanza, y afirma que le tomó por sorpresa todo este tema, en especial que hayan decidido enviar a sus empleados a vacaciones. “Yo soy una persona que siempre está muy activa, ocupada física o mentalmente, entonces me sentí bastante frustrada y no tenía idea de qué me iba a hacer”, dice.

Afirma que para ella todo esto fue un poco más fácil. Gracias a su gusto por mantenerse ocupada y capacitarse cada vez que le era posible, encontró más fácil la información que necesitaba a través de sus redes sociales. El 24 de marzo se enteró de algunos cursos gratuitos, de fácil inscripción y corta duración. Entre los que realizó hay uno de inmunología, y aunque no es precisamente algo relacionado con su carrera profesional afirma que por la situación de la pandemia por este coronavirus le llamó la atención inmediatamente para saber cómo podría fortalecer su sistema inmune.

Como Marcela muchos otros profesionales y estudiantes se apresuraron a inscribirse en talleres de su interés, pues lo vieron como una oportunidad de agregar algo positivo a su
formación como profesionales y un ‘plus’ en sus hojas de vida. Diego Fernando Ordóñez, estudiante universitario de 20 años de edad, afirma que, aunque su capacitación fue una exigencia, fue una experiencia que necesitaba porque “estaba muy aburrido desde el segundo o tercer día, ya no quería estar en mi casa y no tenía muchas cosas en la cuales entretenerme hasta que me inscribí en ese curso”.

Jorge Aragón Smith, un joven de 25 años, quien se dedica al comercio de elementos de seguridad, elementos de protección personal y ropa para el trabajo, a raíz de la cuarentena se vio obligado a “traer al siglo 21” la empresa de su familia, virtualizando el negocio y entrando al comercio electrónico y ventas en línea. En su casa cuenta con una habitación que ha convertido en su oficina. “Al principio no fue fácil, porque no se sentía el cambio de ambiente entre el descanso y el trabajo, pero poco a poco me fui adaptando a los espacios para cada actividad”, afirma.

Además, “como cualquier otro millennial, disfruto pasar tiempo en redes sociales y jugando videojuegos”. Para esto destinó su habitación, y su patio se convirtió en el espacio donde realiza dos de sus pasiones: el ejercicio y el boxeo. Así como la de Aragón Smith, Esteban Rosas y Bautista Robles, muchas casas y apartamentos se convirtieron en espacios productivos e interesantes donde se vieron obligados a repartir y organizar el tiempo de ocio y entretenimiento en un mismo lugar.

Más tiempo, más cursos

La cuarentena se fue extendiendo, y aquellos que habían finalizado su primer curso querían capacitarse más. Aprender cosas nuevas de manera virtual se hacía interesante, fácil, y en algunos casos, rápida, quizá porque no existía ninguna clase de presión al inscribirse en estos cursos gratuitos. Natalia Fonseca Motta estudia química en la Universidad Nacional de Colombia. Ella ha tomado este tiempo no solo para cumplir con sus deberes como estudiante de pregrado sino para capacitarse y complementar su estudio con cursos afines a su profesión. Dice que lo que más le ha gustado es que se trata de conocimientos que adquiere por gusto.

Dedicar tiempo a hacer cosas que les gusta crea una sensación de satisfacción y bienestar personal, es importante sacar ese tiempo en especial en estos momentos. /FOTO POR LUCÍA GALVIS

Marcela Esteban Rosas ya finaliza su segundo curso, esta vez en alimentación, y estaba por
comenzar un tercer curso, de pastelería saludable. Su espacio de estudio se fue convirtiendo poco a poco en una cocina profesional, como las de los programas de concurso de televisión, y sus redes sociales en la plataforma ideal para compartir con sus seguidores y amigos todos los conocimientos que fue adquiriendo. “La cocina, sobre todo la pastelería, me llama mucho la atención. Me gusta que puedo hacer pasteles que sean saludables. En cuarentena, cuando las personas salen poco a comprar productos de pastelería, estos cursos son una ventaja”, asegura.

Según las estadísticas de Google o ‘Google Trends’, la demanda de cursos online aumentó significativamente a nivel nacional desde principios de marzo hasta abril. Luis Guillermo Salazar Gélvez, estudiante bumangués de 25 años, hacia la mitad de la cuarentena realizaba su trabajo final para recibir su certificado y se preparaba para su segundo curso en liderazgo.

Recomienda hacer un curso corto o largo en cualquier plataforma ya que “brindan conocimientos que como base son muy buenos y sirven para posteriormente hacer algo más avanzado enfocado en el tema y más a modo de profundización. Las oportunidades como estas hay que aprovecharlas al máximo”, sostiene.

Siempre hay un lado positivo

“He entendido que, a pesar de estar en medio de una situación que genera agobio, preocupación e incertidumbre, pude ocupar mi mente con cosas como esas. Afortunadamente
muchos se dedicaron a abrir cursos de manera gratuita, pues me hicieron sentir activo, olvidando un poco tanto drama, estrés y angustia, De paso hice algo que también me encanta, que es estudiar, aprender cada vez más”, sostiene Esteban Rosas. “Definitivamente, un soporte emocional muy grande para mí en esta situación han sido los cursos virtuales”, añade.

Afirma que continuará distribuyendo su tiempo de tal forma que le permita trabajar y tomar cursos de su interés, independientemente de la situación, ya que gracias a la cuarentena se dio cuenta de que es posible distribuirlo entre su profesión y sus pasiones por el aprendizaje, especialmente en lo relacionado con bienestar y alimentación. Agrega que los que puedan sacar tiempo para aprender cosas nuevas deberían dedicarse y aprovechar ya que “el conocimiento no sobra”.

Universidad Autónoma de Bucaramanga