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Guerra y prensa: memorias del conflicto armado

Los periodistas de Santander que ejercieron su labor en el conflicto armado están exiliados o trabajan desde oficinas. Hoy solo narran sus aventuras e incluso, revelan que hay imágenes que quieren olvidar.

Jairo Morales Ávila se autocensuro al contar la acontecido en Málaga, Santander. /FOTO JAVIER AUGUSTO FERREIRA JIMENEZ

Hoy dirige el canal Televisión Ciudadana (TVC). Tiene dos hijos y una esposa con la que se casó a sus treinta años. Cuenta con un pregrado como abogado, con especialización en derecho constitucional, y todavía cree firmemente en Dios, “por él sobrevivimos a todo eso”, asegura Reinaldo Pérez Flórez, quien añade que su labor en el periodismo empezó “arrastrando cables” en el noticiero Tv Hoy. Luego fue reportero gráfico, su ejercicio ha sido totalmente empírico.

Fue el primer corresponsal en llegar el 16 de mayo de 1998 a Barrancabermeja, a la masacre del barrio Divino Niño. Tras la orden de alias ‘Camilo Morantes’ (comandante de las Autodefensas Unidas de Santander y el Sur del Cesar, Ausac), alrededor de 50 hombres ingresaron al municipio, asesinaron a 11 personas y secuestraron a 32. Luego, por medio de un comunicado, Carlos Castaño Gil confesó el asesinato e incineración dc 25 de esas 32 personas.

Al hacer visible el hecho, los periodistas recibieron amenazas que los obligaban a estar yendo y viniendo del municipio. En uno de esos viajes, cuenta que acababa de bajar del monte una célula de la guerrilla y estaban haciendo un retén. “Paraban carros, bajaban gente de esos carros y yo empecé a grabar como loco”. Como consecuencia retuvieron a los reporteros del Noticiero 24 Horas (en el que Reinaldo trabajaba). “La situación era tensa, no sabíamos si era para matarnos o no”, añade.

Hoy, agradece conmovido a Germán Caro, el chofer, quien tomó las riendas de la situación e hizo un comentario sagaz apostando por su vida: “Es muy sencillo, ¿usted ve esta casetera? Desde acá se emitió la noticia y es la única copia que existe”.Gracias a este comentario, hoy Pérez puede seguir contando el cuento.

El camarógrafo todavía tiene presente dos imágenes: una mano con tres dedos, los que sobraron al detonar un explosivo, que amenazaban diciendo: “¡Usted lo hizo, usted se queda!”. La otra, el motivo que lo hace odiar la sopa de menudencias: “ver cómo una gallina escarbaba la cabeza de uno de los guerrilleros muertos es imposible de olvidar”.

‘El Gomelo’, (nombre puesto por un guerrillero durante su primer ecuestro) quizá ya no recuerda con detalle ese día, pero sí que vestía una camisa blanca, un bluyín y unos zapatos deportivos. También, que el equipo de trabajo por el que casi lo asesinan fue una cámara tres cuartos con casetera de 3CCD.

Con la lápida al cuello

Desde 1997, Néstor Augusto Jerez Ardila no cubre información sobre actores armados. En la actualidad es el jefe de prensa del Área Metropolitana de Bucaramanga.

De manera esquiva trata de no compartir su historia, cuenta con detalles otros secuestros, como el del político Argelino Durán Quintero, las consecuencias y las aventuras vividas para destapar la muerte, pero de los propios solo dice que ya lo tiene “libreteado”. Lo particular de este caso es que fue amenazado por otro actor, el Ejército Nacional.

Como periodista empezó haciendo sus prácticas en el periódico Vanguardia Liberal hasta que llegó a la sección Judicial, lo que lo hizo acreedor de contactos tanto guerrilleros como del Ejército. Mientras trabajaba en un noticiero del mediodía junto con el camarógrafo Marcos Quintero fueron testigos de la liberación de 48 secuestrados entre funcionarios, militares y empleados petroleros. Según recuerda, estaban retenidos en el monte, distribuidos en cinco campamentos,
unos en el Catatumbo, otros al sur de Bolívar y en San Vicente del Chucurí. Esta no fue la única liberación, pero sí la que le hizo merecer, por parte del general Harold Bedoya Pizarro, el título “jefe de prensa del cura Pérez”. Y asegura: “El comentario me puso la lápida al cuello”.

Las palabras tienen poder, o eso dicen. Por esa frase empezó a recibir coronas fúnebres en casa, tuvo intervenido su teléfono, y algunos de sus sobrinos fueron intento de objeto de secuestro.

Jerez Ardila enunció públicamente a su labor en el foro: ‘El periodismo en zona de conflicto’, en Barrancabermeja, 1994, en el que señaló al Ejército de la Segunda División y la Quinta Brigada como causantes del hecho.

Por el otro extremo, de los cuatro secuestros que vivió, cuenta el que le ocurrió durante 1998, cuando trabajaba para Vanguardia Liberal. Lo llevaron al campamento ubicado en el sector de Alto Grande de la vereda Llana Fría (San Vicente de Chucurí), donde estaba el campamento central comandado por el jefe del Eln, ‘Pablo Beltrán’. Resalta que no les hicieron nada, que caminaban mucho y no comían durante días. Eran herramientas de negociación, y su única arma fue la acción humanitaria y el derecho a la información.

El montaje

Jairo Morales Ávila es el director del magazine “Sobre Ruedas”, emitido por el canal Televisión Regional del Oriente (TRO). Lo que cuenta, pero quizá no lo que más recuerda, es el porqué de su autocensura. Fue tras escuchar las pláticas de los soldados durante un combate en la provincia de García Rovira. El Ejército, según cuenta, comandado por el general Agustín Ardila Uribe, “avisa la dada de baja de unos guerrilleros que habían sido capturados antes de tomarse el municipio de Capitanejo”. En un helicóptero, de esos de camuflado militar, se desplazó Morales y otros periodistas hasta Málaga y al aterrizar esperaron la llegada del general.

En el lugar los hicieron esperar la llegada de unos cuerpos, “nos dicen, ustedes no vayan por allá que no hemos asegurado la zona. Ya vienen los muertos para que hagan ustedes las imágenes”, comentó Morales.

Se trajeron cuatro cuerpos, pero se requería acción Lo que necesitaban los camarógrafos era grabar combate: “Nosotros dijimos que esto había sido en combate, tenemos que ver acción, tropa y movimiento”. Sus órdenes fueron cumplidas. El general, con esa voz militar de difícil contradicción, dijo: “soldados, plomo a ese cerro”.

Los camarógrafos grabaron el tiroteo, mientras Morales Ávila escuchó la charla entre los soldados. “El Ejército llegó, los encontró dormidos, los mató y los vistió”. Y así no más esos cuatro cuerpos, personas, amigos, hijos o papás se convirtieron en guerrilleros.

Esa noticia no se contó. No es viable que un periodista, que tiene como prueba una charla, haga quedar mal a una institución que ejerce poder en el país.

Otros actos cometidos por el ELN en los santanderes: Uno sucedido el 12 de abril de 1997, tras la explosión de dos bombas en las oficinas de TVCable, de Bucaramanga. Otro que causó la muerte de un técnico de radio y heridas en un locutor, cuando dos bombas impactaron, el 17 de
octubre de 1997, las instalaciones de Radio Cadena Nacional y Radio Monumental, ubicadas en Cúcuta.

Por Azarith Acuña Gómez
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Universidad Autónoma de Bucaramanga