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El haikú y la breve contemplación del mundo

Portada del libro/FOTO TOMADA DE INTERNET

En “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge”, Rilke afirmaba que para escribir un solo verso es necesario pensar y andar por nuevos y desconocidos caminos, hace falta conocer a los animales, es indispensable sentir cómo vuelan los pájaros o saber “qué movimiento hacen las flores al abrirse por la mañana”. Para él, escribir era una experiencia de vida en que el poeta es, ante todo, un ser sensible y racional. El buen poeta entiende que los versos no son sentimientos, sino experiencias.

Entonces, si pensamos en algunos poemas que parecen haber influenciado estas afirmaciones del poeta alemán, se nos viene a la cabeza el Haikú japonés. La editorial Endimyón publicó una bella compilación de estos breves poemas en un libro llamado “Antología del haikú japonés”.  En este, el razonamiento poético sabe contemplar al mundo con la sencillez y la profundidad de un sabio. Cada poeta es un viajero que contempla cada elemento del mundo y lo reconoce único e indispensable, pues comprende que la experiencia es fundamental para la creación de un verso.  Hay que ver, sentir, oler o rozar la naturaleza y la vida misma para hacerlas poema.

En el prólogo del poemario D. K Suzuki afirma que viajar es una de las acciones con más sentido espiritual para el ser humano. Mientras avanzamos hacia otro lugar, el viaje induce a la reflexión sobre el significado de la vida misma, pues “la vida es, después de todo, viajar de una incógnita a otra”. Viajar es una manera de comparar lo que hemos percibido una y otra vez con algo inusual o desconcertante.

Para explicar o demostrar este pensamiento el autor japonés toma algunos de los más espléndidos Haikús de Basho. En este análisis demuestra que el poeta abre los ojos y ve la realidad como si se tratara de una imagen única, como si con una sola imagen se pudiera ver la desnudez del mundo. En cada haikú, Basho mira con los mismos ojos el mundo, pero lo que ve es distinto.

Asimismo, en el libro se presentan versos de Otnisura, de Buson, de Shiki Masaoka y otros discípulos de Basho. Estos poemas son como suaves brisas que vienen a contarnos lo que han visto y sentido mientras viajaban. Para Otnisura “las flores solo hablan al oído obediente”. Buson nos dice que “El luchador, ya viejo/ cuenta a su mujer el combate/ que no debió perder”. Shiki observa cómo “Escapó el canario/ y el día de primavera/ llega a su ocaso”. Finalmente, Kikaru, discípulo de Basho, ve que “un perro bebe en el charco/ campanas en la tarde”.

Con una de las definiciones más memorables que se han escrito sobre este tipo de poemas Matsuo Basho decía: “Aprende de los pinos, aprende de los bambúes. Aprende quiere decir unirse a las cosas y sentir la íntima naturaleza de esas cosas. Esto es el Haikú”. Cuando reflexionamos el sentido de esta definición y lo comparamos con la afirmación de Rilke, entendemos por qué un poema logra conmovernos; por qué cuando lo escuchamos o lo leemos, cada elemento parece distinto o nuevo.  Sin duda, en la aparente simplicidad de cada objeto, de cada parte del mundo, se esconde una esencia única y singular.

Por: Julián Mauricio Pérez Gutiérrez

Docente del Programa de Literatura- UNAB

 

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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