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Handpoke: de vuelta a las raíces del tatuaje

En la antigüedad los tatuajes cumplieron una función de integración social. Hoy, las sociedades contemporáneas asumen este fenómeno como un factor de diferenciación que construye su identidad.

/ FOTO SUMINISTRADA CAMILO MARULANDA

Por María Paula Barreto Durán. 
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Los tatuajes sin máquina, también llamados handpoke, son una técnica que está en auge en la escena underground colombiana. Sin embargo, en Bucaramanga, son pocos los artistas que la realizan. Esta consiste en plasmar diseños permanentes a través de la introducción de tinta en la segunda capa de la piel (dermis), sin necesidad de intervención eléctrica; solamente se requiere de una aguja, tinta para tatuar y la destreza del tatuador. 

La práctica del tatuaje tiene orígenes tribales y ancestrales, lo que indica que se desarrolló en diversos pueblos alrededor del mundo y definir su lugar de origen es complejo. Se conoce que, en la antigüedad, las comunidades utilizaban principalmente agujas, que se elaboraban a partir de huesos, y pigmentos provenientes de plantas y minerales.

Según el recuento histórico, el tatuaje comenzó a popularizarse en el antiguo Japón y la antigua China, luego pasó a América del Norte, las islas de la Polinesia y el Caribe, hasta llegar finalmente a América del Sur. Según el libro Tatuajes, el cuerpo decorado de Pedro Duque, la palabra tattoo proviene de los indígenas de la isla de Tahití, en la Polinesia, quienes apodaban esta práctica “TaTau”, ya que ese era el sonido que producían las herramientas durante el proceso.

A finales del XIX, específicamente en 1880, Samuel O’Reilly, un tatuador neoyorquino, patentó la primera máquina de tatuar eléctrica, una herramienta que cambió el universo del tatuaje, pues agilizó el proceso. Sin embargo, actualmente el handpoke ha vuelto a situarse como una técnica recurrente, pues para muchos, al ser tan “casera” y rudimentaria, reconecta el proceso con sus raíces ancestrales.

“Me he hecho tatuajes con ambas técnicas, con máquina y handpoke, y me gustó mucho más la experiencia con los tatuajes sin máquina, siento que hay una magia particular en el proceso; es menos doloroso y, a pesar de que toma más tiempo, se siente más amigable con la piel”, comenta Santiago Almeyda, arquitecto de 26 años, quien se tatuó por primera vez con handpoke este año. 

Exponentes santandereanos

Aunque en Bucaramanga esta técnica apenas está emergiendo, ya hay tatuadores santandereanos reconocidos, tanto en el departamento como a nivel nacional. Entre ellos está Camilo Marulanda Díaz, quien se dedica a este estilo desde hace cinco años

Camilo, “The Camilo MD”, conoció y aprendió sobre esta técnica gracias a Juan Echeverri “Pasado Oscuro”, un tatuador de Bogotá, quien le enseñó las bases en Medellín, ciudad en la que está radicado. 

“No decidí dedicarme al tatuaje, sino fue algo que se fue desarrollando. Siempre quise aprender a tatuar, se dio la oportunidad y me ‘encarreté’. Empecé a hacerlo con mucho juicio, tatuando a mis amigos, y así poco a poco fui creciendo y aprendiendo”, comenta.

Para Camilo, “esta técnica de tatuar es más tranquila que la tradicional, también influye el hecho de que no hay ruido de ninguna máquina, ya que eso puede perturbar”. Resalta que es una forma menos invasiva, lo que permite que la piel se recupere más rápido; aunque hace énfasis en que el proceso de cicatrización no solo depende de la técnica, sino de la naturaleza de la piel del cliente.

“Cada lugar del cuerpo tiene una piel diferente y eso varía en cada persona; depende de la técnica y de la manera de tatuar del artista. Una diferencia significativa con el tatuaje con máquina es que toca estar pendiente del voltaje, de la vibración y de un montón de cosas. En cambio, en handpoke, eres tú con tu mano y no hay ningún instrumento eléctrico que esté traduciendo el movimiento, entonces el contacto con la piel es más directo”, asegura Marulanda.

“El primer tatuaje que hice en esta técnica fue a mí mismo y fue una copa de vino en mi tobillo izquierdo”, recuerda Sebastián Santamaría. / FOTO SUMINISTRADA SEBASTIÁN SANTAMARÍA

En términos de estilo, Camilo cuenta que construir uno propio, que sea reconocible a nivel gráfico, es quizá una de las partes más importantes y complejas. “Siempre me ha parecido muy complicado autodenominarme, pero digamos que en términos de tatuaje existen varias escuelas y pienso que mi estilo encaja más en una nueva que se llama ignorant style, que se traduciría como estilo ignorante. A pesar de que suene peyorativo es muy interesante porque cabemos todas las personas que no tenemos una formación tradicional en el tatuaje”. 

El antiestilo de tatuaje, o ignorant style, es un estilo simple y sus trazos suelen ser poco detallados, sin que esto signifique que no tenga un propósito artístico. No se rige por normas estéticas estrictas, sino consiste en líneas “descuidadas”, fluidas y sencillas. / FOTO SUMINISTRADA CAMILO MARULANDA

Frente al handpoke existen muchos mitos causados por la desinformación, por ejemplo, que los tatuajes duran menos, que son carcelarios, que se borran con facilidad o que duelen más, lo cual depende del umbral de dolor y de la zona que se tatúe cada persona, según explica María José Zúñiga, estudiante de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana, y tatuadora desde hace dos años. 

María José aprendió esta técnica hace tres años y medio cuando se fue a vivir a Bogotá. “Siempre había tenido la ilusión de aprender, desde el colegio, pero en ese momento no tenía el dinero para invertirle. Luego en internet encontré información acerca del handpoke y llegué a un artículo de Vice donde un tatuador explicaba el paso a paso, me fui a una tienda de tatuaje a comprar lo que necesitaba y empecé a experimentar en mi cuerpo, porque nunca practiqué en frutas ni en cueros, sino directamente en mi piel”. 

Para Zúñiga lo especial de la técnica es el nivel de concentración, meditación y paciencia que requiere, así como la oportunidad de ver cómo se construye el tatuaje punto por punto. “Al principio es un poco catastrófico aprender, requiere de mucha práctica. Cuando comencé lo dejé porque no estaba enfocada, pero luego mis amigos me pidieron que les hiciera algunos diseños sencillos y eso me motivó a seguir explorando la técnica”.

Este arte le ha permitido a María José plasmar en la piel de otros sus diseños. “Me gusta destruir la idea de perfección que siempre ha estado implícita en los tatuajes, porque son ‘eternos’, pero el cuerpo no es eterno ni perfecto, entonces en mi proceso he intentado desdibujar esa idea, explorando lo imperfecto, lo feo, divertido y tierno”.

“Algo bonito de esta técnica es que la línea no es perfecta, ni exacta, sino que refleja unos ritmos distintos en la imagen, y se construye de una forma más orgánica. Esto ya es un gusto estético personal”, expresa María José, “Chanda tatus”. / FOTO SUMINISTRADA MARÍA JOSÉ ZÚÑIGA

El más reciente exponente de esta técnica en la ciudad es Sebastián Santamaría, cocinero profesional y tatuador desde hace dos años, quien, al igual que los dos artistas anteriores, jamás pensó que terminaría dedicándose al tatuaje. 

Su aprendizaje fue de manera autodidacta. “Vi muchos videos de distintos tatuadores para ver cómo hacían las cosas y empecé a practicar en piel de cerdo, frutas y algunos amigos. Lo que más me costó fue la falta de información que hay respecto a esta técnica, pues hace que el aprendizaje sea a punta de ensayo y error”.

Su identidad gráfica se caracteriza por el puntillismo, la geometría y las líneas delgadas. Sebastián sostiene que el tiempo de realización de un tatuaje depende de factores como la zona a tatuar, la piel del cliente, el tamaño de la pieza y, sobre todo, la complejidad de la misma, “puede tardarse desde una hora hasta 10 horas, depende de lo que aguante el tatuador y la resistencia del cliente”.

Los materiales utilizados para esta técnica son: agujas para tatuar -de diferentes calibres-, tintas, recipientes, toallas absorbentes, jabón para limpiar, vaselina, guantes de nitrilo, tapabocas, papel hectográfico -para calcar los diseños- y crema transfer. / FOTO SUMINISTRADA CAMILO MARULANDA

Que esta técnica esté siendo acogida en Bucaramanga brinda la oportunidad de experimentar una nueva forma de tatuarse, la cual reconecta con los orígenes propios de esta práctica. De esta manera, se abre paso a nuevos estilos y estéticas que nutren la cultura y el arte del tatuaje en el departamento y alrededor del país.

Universidad Autónoma de Bucaramanga