Por Catalina Gómez / mgomez781@unab.edu.co
Desde la segunda mudanza de Donald Trump a la Casa Blanca, el 20 de enero del 2025, parece que no hay tema, ni decisiones diferentes para hablar que no sean ‘los aranceles’. El nuevo ‘juguete’ de Trump, una herramienta que no dejará de usar hasta poner en riesgo las relaciones comerciales con otros países.
Sí, un juguete. Trump lo mueve de un lado a otro sin reglas claras: un arancel anunciado en la mañana puede desaparecer por la tarde, o incluso duplicarse al día siguiente. Este juego de prueba y error crea incertidumbre, asusta a los inversores y sacude los mercados globales.
Los aranceles son como un “peaje” que los países cobran por dejar entrar productos extranjeros. Es un impuesto que las empresas deben retribuir cuando importan algo del exterior y ese costo, muchas veces, termina afectando el precio que pagan los consumidores.
Donald Trump decidió imponerlos como una forma de proteger las industrias de Estados Unidos. Según él, muchos empleos en la manufactura y empresas estadounidenses se habían perdido porque las compañías preferían fabricar en países donde los costos eran más bajos, como México o China. Con los aranceles, Trump buscaba que las empresas volvieran a producir en lo local, fortaleciendo la economía local y creando más trabajos.
Además, veía los aranceles como una herramienta para negociar con otros países. Por ejemplo, si una nación vendía más productos a Estados Unidos de los que compraba, él consideraba que eso era injusto. Entonces, usaba los aranceles para presionar a esas regiones a adquirir más productos americanos y aceptar acuerdos comerciales que beneficiaran a su patria.
Aunque esta estrategia tenía como objetivo ayudar a la economía, también generó tensiones con países aliados, como Canadá y México, y aumentó los precios de algunos productos para los consumidores. Fue una medida polémica que buscaba priorizar los intereses de su ciudadanía, pero no estuvo exenta de críticas.
De ahí nace la guerra comercial con El país de la hoja de maple, de la toma de decisiones políticas y económicas. El dictamen inicial era de 25% en exportaciones canadienses, excepto la energía (de quienes son beneficiarios) que fue agravada con un 10%. Lo interesante en el caso es que la ex embajadora de EE.UU. en el territorio vecino del norte, Kelly Craft, advirtió que si Trump volvía a ser presidente en las elecciones del 5 de noviembre, la relación entre ambos podría tornarse más tensa. Por eso recomendó que se prepararan para posibles desafíos en su vínculo con la potencia norteamericana.
“Canadá necesita ponerse las pilas. El mundo entero debe ponerse las pilas porque el presidente Trump seguirá con sus políticas de 2016. Vamos a hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande y lo llevaremos de nuevo al lugar donde se encontraba bajo la presidencia de Trump.”
Kelly Craft, ex embajadora de Donald Trump.
Por ejemplo, en Canadá, uno de los países más afectados, si una persona quiere comprar una lavadora fabricada en USA, normalmente cuesta $1.000, pero si el gobierno canadiense impone un arancel del 25% sobre electrodomésticos importados, la empresa que trae la lavadora debe pagar $250 adicionales en impuestos para ingresarla a la nación.
¿Qué pasa después? La empresa importadora no quiere perder dinero, así que sube el precio de la lavadora para los clientes. Ahora, en lugar de costar $1,000, podría costar $1,250 o más. Esto afecta a las familias canadienses que necesitan electrodomésticos, ya que deben pagar más por el mismo producto.
Pero no solo los consumidores se ven afectados. Las empresas canadienses que dependen de partes importadas también sufren. En la industria automotriz, muchas piezas de autos provienen de EE.UU. Si Canadá impone aranceles en represalia, ensamblar un vehículo en el país se volverá más costoso. Esto podría llevar a los fabricantes a reducir su producción, trasladar operaciones o incluso despedir trabajadores para compensar el alza en los costos.
La situación se agrava con la reciente escalada arancelaria entre ambos países. El 11 de marzo, el presidente Donald Trump ordenó aplicar un arancel adicional del 25% al acero y aluminio canadiense, elevando el total al 50%. Como respuesta, Canadá mantiene sus propios aranceles de represalia y un recargo del 25% a la electricidad exportada a EE.UU. Además, Trump amenazó con imponer nuevos aranceles a los automóviles canadienses a partir del 2 de abril si el gobierno de Ottawa no cede.
Frente a esta escalada de tensiones, Canadá dio un paso firme y decidió presentar una queja formal ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). El 13 de marzo, el gobierno solicitó consultas oficiales a la OMC para denunciar que los aranceles de Estados Unidos son “incompatibles con sus obligaciones internacionales”. Este procedimiento de consultas busca resolver el conflicto de manera diplomática, pero si en 60 días no se llega a un acuerdo, puede pedir que un panel de expertos emita un fallo. Este recurso demuestra que, más allá de la indignación, la patria está dispuesta a usar los canales internacionales para defender sus intereses económicos y comerciales.
Este conflicto comercial no solo encarece la producción de vehículos, sino que también genera incertidumbre en el sector. Proveedores de autopartes, distribuidores y ensambladoras enfrentan costos en aumento, mientras que el nerviosismo en los mercados ya ha provocado caídas en el S&P 500 y el Nasdaq. La posibilidad de que la crisis se prolongue preocupa tanto a fabricantes como a inversionistas, que temen un impacto duradero en la competitividad de la industria automotriz canadiense.
Pero, ¿qué han hecho los habitantes de Canadá? En los supermercados los productos están siendo etiquetados con la bandera del país o nombre de los extranjeros. En redes sociales se han viralizado videos de personas rompiendo licores, cambiando sus productos tradicionales por nuevas opciones e incluso eliminando del mercado artículos estadounidenses como Jack Daniel ‘s. Esta medida se ha tomado como una opción de protesta.
Incluso muchos creadores han hecho videos dando alternativas de compras. Por ejemplo en productos lácteos como el queso Kraft, se sugiere comprar Saputo, Black diamond o Armstrong. Con el queso crema Philadelphia, se puede cambiar por Lactantia, Tre Stelle y Agropur. En el caso de empacados y snacks como las famosas papas fritas de Lay’s se sugieren las Dutch, Covered Bridge y Hardbite. Para reemplazar los Cheetos se puede usar Hawkins Cheezies. En condimentos como la mayonesa Hellmann’s o la mostaza French’s la opción sería President’s Choice para ambos.
A pesar de la creciente tensión entre ambos, aún es pronto para medir el impacto real de estos aranceles en Canadá, ya que su aplicación comenzó recientemente, el 12 de marzo. Queda por ver si esta guerra comercial continuará escalando o si Donald Trump decidirá buscar acuerdos que preserven las relaciones internacionales y reduzcan los riesgos para ambos mercados. El tiempo será clave para determinar el rumbo de esta disputa y sus implicaciones económicas y políticas.





