Inicio Bucaramanga Jotamario Arbeláez: “Escribiré la historia del nadaísmo”

Jotamario Arbeláez: “Escribiré la historia del nadaísmo”

Entrevista a Jotamario Arbeláez, poeta vallecaucano, quien recordó sus días junto al profeta Gonzalo Arango, y el papel que juega uno de los nadaístas más importantes del movimiento, Humberto de la Calle, en el proceso de paz.

Cada vez que recibe una invitación para conversar, recordar y reivindicar el movimiento Nadaísta, Jotamario Arbeláez alista su maleta y se transporta a su adolescencia. Aun- que ya no viaja en flota, tampoco vende libros en los parques ni participa en marchas por la “paz y el amor”, sube al avión cargado de anécdotas que comparte en espacios donde la cultura, el arte y la literatura le permiten llenarse de inspiración.

Asegura que una de las ciudades que más le gusta visitar es Bucaramanga porque aquí el Nadaísmo nunca ha desaparecido, al igual que Cali y Medellín, en las cuales se consolidó el movimiento liderado por el desaparecido poeta y escritor, Gonzalo Arango. Este año, como asegura, tiene muchos más motivos para viajar por Colombia. Se cumplen 40 años del fallecimiento del “profeta Arango”, comosuele llamar a su amigo, y tanto Arbeláez como “Pablus Gallinazus” (Gonzalo Navas), cantautor santandereano, y Richard Smith, hijo de Rosa Girasol (Rosie Smith), uno de las parejas del escritor, entre otros nadaístas, han emprendido una serie de actividades para recordarlo.

15 aprovechó su visita a la capital santandereana, invitado por la casa cultural El Solar. Habló sobre Gonzalo Arango; Humberto de la Calle Lombana, de quien afirma podría ser el primer presidente nadaísta de Colombia; la literatura y sobre la importancia que tiene para el país la paz.

Algunos afirman que el movimiento Nadaísta desapareció, incluso lo califican como algo descabellado. ¿Le produce esto nostalgia?

Esos comentarios no me producen ninguna nostalgia por la sencilla razón de que sigo viviendo en ese mismo presente. Una vez Gonzalo Arango en un reportaje para la revista Cromos me preguntaba: “¿Qué harás cuando se acabe el nadaísmo?”. Y le contesté: “Escribiré la historia del Nadaísmo”. Y es en eso en lo que me encuentro enfrascado en los últimos años. En 1992, en la editorial Aguilar, publiqué unas anti memorias llamadas “Nada es para siempre”, pero eran las anti memorias de mis movimientos vitales. En este momento estoy adelantando una serie de libros bajo el título genérico “Los días contados”, que son la biografía no de lo que he vivido, de lo que me ha tocado ver  vivir. Me tomo como testigo de las guerrillas, las drogas, los escritores, los libros, los viajes, los hippies, mis amores y la sexua- lidad desorbitada de una época generacional. Cada tema es un tomo. Tengo muy presente cada una de esas vivencias del Nadaísmo y me parece que fue ayer. Se fundó como movimiento en 1948 y han pasado 58 años. Gonzalo Arango desaparece hace 40 años y antes de desaparecer, declaraba cesante el Nadaísmo, pero los que quedamos hemos mantenido ese movimiento vigente.  Es extraño para la historia que un movimiento de vanguardia tenga tal duración. ¿Qué sucedió? Que no nació un movimiento más verraco que nos desbancara. No hemos colgado la lira y no hemos dejado de dar lora.

De ese grupo de nadaístas que aún hacen parte de este movimiento, ¿quiénes son las figuras más representativas?

El año pasado los sobrevivientes del movimiento, la mayor parte, elaboramos un manifiesto llamado “A la mierda con la guerra”. El subtítulo fue “Nadaístas por la paz”. Quienes lo redactamos y en cierta forma lo configuramos y lo ilustramos fuimos Pedro Alcántara, Pablus Gallinazus, Patricia Ariza, Elmo Valencia, Armando Romero Rafael Vega Jácome, Álvaro Medina y Humberto de la Calle. Este último es el único que participa en política y que a pesar de estar en la política hizo una profesión de fe Nadaísta. Precisamente por apoyarlo a él y porque Colombia no resiste más estar sin paz, hemos hecho esta acto de fe. Podría resultar, por lo menos sorprendente, que Colombia le deba la paz a un nadaísta. Es posible que también a un presidente nadaísta, porque usted sabe que después de la gestión que ha hecho, con mucho tino, es apenas lógico tener una primera magistratura que esté pendiente de los acontecimientos posteriores del posconflicto.

Jaime Ruíz Montes, Jotamario Arbeláez y Alfredo Ortiz en la casa cultural El Solar. Ortiz organizó una serie de conversatorios sobre el movimiento Nadaísta. / FOTO XIOMARA MONTAÑEZ
Jaime Ruíz Montes, Jotamario Arbeláez y Alfredo Ortiz en la casa cultural El Solar. Ortiz organizó una serie de conversatorios sobre el movimiento Nadaísta. / FOTO XIOMARA MONTAÑEZ

¿Qué recuerda de Humberto de la Calle en sus inicios en el nadaísmo?

Lo conocimos en 1960 cuando los dos nadíastas de Medellín, Gonzalo Arango y Amilcar Osorio, y los de Cali, Elmo Valencia y Jotamario (Cali y Medellín fueron las ciudades principales del nadaísmo como después lo fueron del narcotráfico) nos encontramos en Manizales para comenzar una gran gira nacional e internacional, para sembrar el nadaísmo en todas las consciencias juveniles. Encontramos a este muchacho y estaba terminando el bachillerato. Era el que nos pegaba los afiches, nos acompañaba por todas partes.

Un día, por un decreto de la Alcaldía de Manizales, nos expulsaron de la ciudad por el contenido de las conferencias que habíamos dado en la Universidad de Caldas. También nos emborrachamos frente al periódico La Patria donde quebramos los ventanales con botellas de cerveza en protesta porque habían escrito un editorial en contra de nuestra presencia. Y este muchacho nos acompañó con las maletas y los lacrimales húmedos a tomar nuestra Flota Magdalena rumbo al exilio a Pereira. Montábamos siempre en Flota Magdalena porque yo tenía la frase de que si “flota Magdalena, flota el Nadaísmo”, y así llegamos a Pereira. En ese tiempo había una gran rivalidad entre las dos ciudades, Manizales se puso “La ciudad de las puertas abiertas”, y Pereira tenía como eslogan “La ciudad sin puertas”. Llegamos y desde luego nos estaban esperando, se sabían que nos habían expulsados, había un joven en un transmóvil de Todelar perifoneando, “aquí llegan los nadaístas, los salvadores de Colombia”.
Era un joven de 17 años llamado César Gaviria Trujillo. Después de un momento dado es
el Presidente de Colombia. De modo que la presencia del nadaísmo en el devenir político y social de Colombia ha sido muy importante.

¿Qué cree usted ha mantenido al nadaísmo durante todos esto años?

En un principio para conmover a la sociedad colombiana nos presentábamos y decíamos que “nos convertimos en antisociales mientras llega el socialismo”. Éramos revolucionarios, pero más rebeldes. Buscábamos la revolución, pero más la revolución social para que la clase trabajadora se toma- ran el poder y para que cambiaran las costumbres del poder, porque así como estábamos en contra de la burguesía y el establecimiento, también estábamos en contra del trabajo, lo cual era escándalo para la sociedad de Medellín. Que estuviéramos en contra de la religión y el trabajo, eso era el horror para esa sociedad capitalista e industrial. Estábamos en contra de todo lo establecido, casi que en contra de la familia, por lo menos en los manifiestos; sin embargo, cuando no teníamos en dónde dormir, acudíamos al hotel mamá. Pronto empezamos a ser perseguidos por la Policía porque fumábamos marihuana, predicábamos el amor libre, cogíamos los semáforos a pedradas, simplemente con el ánimo de escandalizar. Cuando los medios de comunicación se dieron cuenta que hacíamos tantos escándalos empezaron a publicarnos en sus páginas dominicales, y así fue como nos tomamos los suplementos del El Tiempo y El Espectador que estaban dados para intelectuales y durante toda una década, a través de es comunicación, fuimos creando una nueva consciencia literaria que impregnó a muchos escritores así no se denominaran nadaístas. Actualmente, por ejemplo, se viene celebrando como en 15 ciudades del mundo (Madrid, Barcelona, México, Caracas, Bogotá, Cali, Medellín, Piedecuesta y Santa Rosa de Osos, entre otras) el cumpleaños de Gonzalo Arango. Gracias a las redes sociales, un hijo de la amante de Gonzalo Arango, Rosa Girasol, que vive en Nueva York, llamado Richard Smith, y que heredó el baúl del recuerdo de Arango, saca de allí grabaciones de conferencias, entrevistas, solo el audio, y les pone unas ayudas visuales. Hace un video que lo manda a todos esos sitios, a través de los muchachos que ha capturado mediante las redes. La celebración se hace por  lo general en bares, que terminan con unos recitales de poesía na- daísta, netamente nadaístas. He estado en los dos últimos años en la celebración de Bogotá y Cali y me parece maravilloso.

¿En esa época cómo se convocaban? ¿Habían recursos económicos para sus travesías? ¿Seducían a las mujeres?

(Risas) En realidad Gonzalo Arango cuando nos veía decía “estamos muy famosos para ser tan pobres”. Fíjate que con el eco que nos daban los periódicos, como los escándalos, la nueva literatura tan sorprendente que propiciábamos en las páginas culturales, el movimiento no se limitó a ser un grupo de 13 poetas nadaístas, sino que fue toda una generación. Habían momentos en los que uno viajaba a cualquier parte del país y le decían “¿ya conoció al nadaísta del pueblo?” Y así le dábamos la vuelta al país vendiendo un librito. Por lo general, el nadaísta del pueblo era el loco, el revolucionario, el homosexual, el tipo extraño dentro de las costumbres del lugar.

Por Xiomara K. Montañez M.
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Universidad Autónoma de Bucaramanga