Por: Sarid NiIkoll Rodriguez Mantilla | Srodriguez520@unab.edu.co

Los vicios, en particular el cigarrillo, suelen nacer de diversas razones, de la necesidad de sentirse acompañado, las influencias del entorno, la búsqueda de una salida, la distracción frente a un problema o sentimiento, o incluso encontrar un alivio momentáneo. Lo que comienza como una solución desesperada se convierte, muchas veces, en un hábito que acompaña a la persona durante gran parte de su vida. Eso es lo que le ocurrió a Domingo Mantilla.

El 30 de junio de 1993, en pleno ambiente de ferias y fiestas de Pamplona, Norte de Santander, Domingo Abel Mantilla Villamizar, con apenas 17 años, llevaba la vida típica de un adolescente, fiestas, rumba y diversión. Todo cambió esa misma noche, cuando en medio de una verbena popular se vio envuelto en una pelea callejera y terminó detenido por la policía local.

Durante los días de detención, un primo le entregó por primera vez una caja de cigarrillos con la idea de “aliviar” la soledad y la ansiedad mientras lograban sacarlo de ese lugar. Hasta ese momento, Domingo detestaba el cigarrillo debido a que su padre, Costantino Mantilla, era fumador, y él y sus 5 hermanos habían crecido entre el olor del tabaco, que siempre les había parecido desagradable.

Pero la situación en la que se encontraba era mayor que él, era menor de edad, estaba solo y sin saber cuánto tiempo permanecería encerrado, y esto se convirtió en la excusa perfecta para encender su primer cigarrillo sin entender el hábito que estaba a punto de adquirir “No sabía fumar, pero en la soledad, el estrés y la desesperación, pues me lo fumé” Recuerda.

Seis días después, cuando salió de prisión, no solo recuperó su libertad, también se llevó un vicio que lo acompañaría gran parte de su vida.

Ya en libertad, Domingo siguió metiéndose en problemas, hasta que un juez le dio un ultimátum “o se va a una correccional o se va a prestar servicio militar ” Y con 18 años, se enlistó.

En el ejército, su relación con el cigarrillo se volvió más intensa “Ya fumaba más seguido e incluso llegué a compartir el hábito en cualquier rato libre con mis compañeros”.

Tras cumplir su servicio, trabajó en varias empresas, pero el tabaco nunca lo dejó. Tres de sus hermanos comenzaron a fumar también, “quizás por mi influencia”, reconoce. 

Había intentado dejarlo muchas veces, pero siempre llegaban la ansiedad, el dolor de cabeza y la irritabilidad. Podía aguantar tres meses, pero cuando recaía, fumaba el triple. Así, nunca lograba romper el círculo.

A los edad de 43 años comenzó a notar las consecuencias “Empecé a perder piezas dentales. Fui a especialistas y una doctora me dijo que tenía un problema en las encías, y que fumar lo estaba empeorando. Por eso mi dentadura se deterioraba tan rápido”. Estaba decidido a tratarse, pero el costo era alto y no tenía los recursos, así que pospuso la decisión.

Durante cinco años dejó pasar el tiempo, hasta que su esposa y su hija lo convencieron y en julio de 2023, concretó la cita con la doctora Ingrid Villamizar y habló con el cirujano maxilofacial, el doctor Fernando. Él le advirtió que debía dejarlo al menos seis meses mientras se daba el tratamiento, para evitar complicaciones e infecciones durante la cicatrización.

El 14 de julio de 2023, Domingo tomó la decisión definitiva de dejarlo. Se sometió a la primera intervención el 20 de julio; fue dolorosa y traumática, pero exitosa. La segunda cirugía, el 12 de agosto, también resultó dolorosa, pero salió bien.

Pasados los seis meses de restricción médica, decidió que sería absurdo volver a un vicio que tanto daño le había hecho. Incluso relata que ya tenía la “tos del fumador», esa tos seca y persistente que es imposible de disimular.

“Gracias a Dios, después de tanto tiempo lo superé. Hoy llevo dos años sin hacerlo” afirma con orgullo. Ha notado cambios en su salud y en su interacción con los demás.

La ansiedad al dejarlo fue terrible. “Es como rehabilitarse de una droga. Al principio la combatí con dulces y caramelos, pero después, por temas de salud, dejé el azúcar y opté por comer maní, tomar agua, caminar y ver televisión” explica. Hoy siente que lo tiene superado, incluso en ambientes con fumadores.

Han pasado más de 30 años desde que encendió aquel primer cigarrillo en una celda, creyendo que sería solo para “pasar el rato”. Hoy, Domingo Mantilla sabe que su historia no es solo la de un fumador que dejó el vicio, sino la de alguien que logró salir de una adicción que amenazó con acompañarlo toda la vida.

Domingo Mantilla durante sus días en el ejército. 

Domingo junto a sus cinco hermanos en la celebración del cumpleaños número 50 de Jesús Alberto, el mayor de ellos. 

Domingo junto a su esposa, Gloria Ema Rodriguez, celebrando el grado universitario de su única hija Karoll Mantilla Rodríguez.