Mientras en la costa norte los vallenatos clásicos son el deleite, en el sur occidente el Pacífico marca su tono propio y en los llanos orientales el joropo estampa la identidad llanera, en el centro y nororiente del país, tiple, requinto, guitarra y guacharaca, hacen armonía en las manos campesinas para dar vida a la música carranguera.

Los labriegos de la región Andina de Colombia escuchan en sus radios la música carranguera, cuyas letras “plasman el día a día del campesino, la cotidianidad y las vivencias del sentir, del vivir del campo”, relata Roque Julio Vargas, intérprete de música carranguera.

Si a los campesinos de Santander y Boyacá se les preguntara quién es Roque Julio Vargas, seguramente nadie sabría; en cambio, si se les indagara sobre ‘El Tocayo Vargas’, lo reconocerían por ser uno de los símbolos de la música carranguera en la región.

‘El Tocayo Vargas’ nació en Bolívar, Santander, el 14 de noviembre de 1969. Es uno de los principales exponentes del género característico de la región. Así describe el panorama histórico de esta música: “Nuestra música del interior, de tierra fría, se desprende de las rumbas criollas, cuando los españoles hacían sus fiestas y era la música de ‘alta gama’, digámoslo así; se va desprendiendo desde ahí con sus ritmos, los pasillos, bambucos, torbellinos y guabinas. Entonces todo eso hace una gama de la raíz de la música. Con el tiempo ‘Guasca Campesina’; sonaban las músicas pero no era algo definido”.

Jorge Luis Velosa Ruiz fue quien unificó hace cerca de cuatro décadas el género, y dio paso para definir el estilo que se ha convertido en la forma de vida de campesinos intérpretes que intentan seguir sus pasos. ‘El Tocayo Vargas’ describe cómo fue el momento en que Velosa se hizo célebre: “Él (Jorge Velosa) hacía esta música y le llamaba guasca también.

En su momento un empresario pasó por Chiquinquirá y escuchó la lora que daba el maestro por las emisoras y le paró bolas a eso y le puso el ojo a ese sentir, a esa poesía, a ese coplerío mezclado con música, y le sonó. Entonces como por esa zona hay personas que comercializan los animales ya en un estado de vejez o que tengan alguna incapacidad y que los sacrifican para las salsamentarias, a estos se les llaman carrangueros”. De ahí nacería el nombre del género.

Carrangueros, así se les conoce a los intérpretes y grupos de que encuentran en esta música la identidad propia de la cotidianidad rural. El periodista Javier Sanabria Vásquez, describe al carranguero como lo que “no pasa solamente por un baile o por una música, sino es propiamente un estilo de vida. Ese estilo de vida en el concepto de muchos que hacemos parte de este gremio es: el amor por la naturaleza, el respeto por la familia, y la continuidad de las tradiciones”.

Roque Julio Vargas, más conocido como El Tocayo Vargas, es uno de los principales representantes de la música carranguera en el país. /FOTO SUMINISTRADA
Roque Julio Vargas, más conocido como El Tocayo Vargas, es uno de los principales representantes de la música carranguera en el país. /FOTO SUMINISTRADA

Con el sentir campesino de la región se han conformado en el país cerca de 800 grupos de este género musical. Usualmente las agrupaciones son dinastías, es decir, familias con la habilidad de intérpretes.

Orlando Silva Castro, autor, compositor e intérprete de música carranguera, describe que el 100 % de los músicos campesinos son empíricos. “El arte como don viene de familia, entonces ocurre que, por ejemplo, el nono (abuelo) era músico, entonces es muy normal encontrar que uno de sus descendientes salga siendo músico. Después de él viene el hermano, el sobrino o el tío.

Ahí empiezan a darse cuenta de que tienen la vena artística y así arrancan los grupos”. La composición de esta música parte de la jocosidad y la cotidianidad rural. Con ello, se enlazan versos rimados o coplas que marcan la tonalidad básica.

Silva Castro se refiere a esta como elemento indispensable del género musical. “La mayoría de los que escribimos músicas campesinas casi siempre partimos de la copla, pocas veces se usa prosa o décimas. La copla hace parte fundamental de la composición y estructura de la música campesina, entonces la copla se ha convertido en la forma de la expresión y vivencia de las familias”.

La cultura carranguera no distingue estratos. La clase popular la baila en las fiestas de pueblo, y los acomodados (estratos altos) disfrutan de los relatos pintorescos que solamente a los labriegos les podría suceder. Así, el género y el oficio carranguero constituyen un marco social incluyente, en el que todos se vinculan para apropiarse de su identidad.

El componente social es parte de la motivación a componer, pero su mayor deleite es la pasión por interpretar. “La satisfacción más grande de los que interpretamos música campesina no es el dinero que nos podamos ganar haciendo música, no es recibir una estatuilla por ganar un concurso, lo más importante es que hace parte de nuestra vida”, concluye Silva Castro.

Actualmente los grupos carrangueros hacen parte de las minorías musicales; aunque con arraigo particular en las emisoras comunitarias, tienen el reto de hacerse sentir en otros espacios.

Javier Sanabria Vásquez afirma que con dificultad la carranga ha podido ocupar espacios en la radio dado que los filtros que existen en los programadores de las emisoras son muy altos y esto muchas veces impide que agrupaciones de veredas lejanas puedan llegar a sonar. “El reto que tenemos es que una canción que surgió en un yucal, en un cafetal, en una quebrada, llegue finalmente a la radio, a constituirse en un fenómeno musical y a transmitirse una cultura, una tradición o una vivencia de un campesino”, explica.

Los concursos de música campesina han fomentado el surgimiento de nuevas agrupaciones, además de ser la motivación para evitar que el género desaparezca. Así, en municipios de Santander y Boyacá, anualmente se dan cita los intérpretes para demostrar su talento y amenizar el ambiente en la población.

El principal certamen de música carranguera del oriente colombiano es El Guane de Oro, que este año cumple su trigésima versión. Se realizó en San Gil (Santander) el 10 de diciembre. Es considerado como la cumbre de las agrupaciones en este género musical.

“Hemos buscado siempre que el Guane de Oro sea esa plataforma para que los artistas puedan exponer o dar a conocer sus creaciones tanto a nivel de coplas como de obras musicales. El Guane de Oro incentiva no solamente con premiación, sino también con difusión”, afirma Sanabria Vásquez, quien hace parte del equipo organizador del evento.

La música carranguera define una cultura propia, que los campesinos construyen cuando en sus ratos libres dejan las herramientas y toman los instrumentos para plasmar sus vivencias, amenizar el ambiente y con la picardía de las coplas complementar sus relatos. De esta forma construyen piezas musicales que enaltecen las labores del campo, y con ruana, sombrero y mochila puestos, demuestran talentos heredados o adquiridos.

Por Cristian Eduardo Beltrán V.
[email protected]

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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