Por María Juliana Caballero Mendoza – mcaballero671@unab.edu.co – Estudiante de Licenciatura en Educación Infantil UNAB

Mientras la ciudad descansa, ellos se encargan de trabajar para abastecerla. La sucursal de Centroabastos de Bucaramanga se ilumina todas las noches para recibir a sus trabajadores y despachar más de 3.000 toneladas de frutas y verduras diarias a territorios nacionales, clasificando como la tercera sede con más flujo de comercio en el país. Entre las 7:00 y 8:00 p. m., el personal de seguridad abre las puertas para permitir el ingreso de numerosos trabajadores que descargan y cargan camiones con diversas frutas o verduras.

Fruta vendida en el local 152 bodega 7, cultivada en Curos, Piedecuesta. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.
Elkin realiza inventario de la mercancía que entra al local para que todo esté organizado durante la noche. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.

En el local 152, bodega 7, llamado “La Julianita”, labora Elkin Caballero, quien, años atrás, en su afán de crear su propio negocio, deambulaba por diversos comercios para hallar cuál le resultaba fructífero; tras pasar por huevos, guanábana, fresa y uva, encontró la mora, con la cual había estado en contacto previamente en varios intentos, solo que esta vez aplicaría las enseñanzas aprendidas durante el camino recorrido y la convertiría en su fuente de ingresos certeros.

“Para este trabajo hay que ser muy fuerte y, sobre todo, tener mucha agilidad en las manos”, dice Fabián, quien trabaja en “La Julianita”. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.
La intensidad del color de la mora se impregna en la piel por varios días y no es posible removerla fácilmente. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.

En 2020, con la llegada del covid-19, Elkin se vio en la obligación de seguir trabajando con normalidad a Centroabastos, ya que era la única fuente de ingresos con la que contaba su familia. Fue aquí, en la ausencia de fuertes comerciantes debido a la pandemia, cuando Elkin logró posicionarse en el mercado y todas sus noches de insomnio, de cansancio y de arduos cálculos hallando la fórmula perfecta para que su negocio funcionara, dieron frutos; y fue así como en el año 2021, el negocio comenzó a ser estable.

Cada camión se despacha con aproximadamente 2.000 y 2.500 kilogramos de mora. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.
Cada envío va empacado con precaución para que llegue a su destino en óptimas condiciones. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.

Actualmente, Elkin tiene cinco empleados denominados coloquialmente “moreros”, quienes le ayudan diariamente a despachar mora a Barranquilla, Cartagena y Santa Marta. Los lunes, miércoles, viernes y sábados, los trabajadores llegan al local a las 7:00 p. m. para bajar del segundo piso todas las cajas y prepararlas para cuando sea el momento de empacar el producto. Con la llegada de los camiones, dos de los trabajadores bajan las canastillas de mora mientras sus compañeros empacan paquetes de una libra, media libra, pesa y 12 onzas, obteniendo cajas con 10, 11 y 12,5 kilogramos. Luego de que las cajas están llenas, otra persona se encarga de sellarlas para evitar que se derramen durante los largos viajes.

Por otra parte, la contabilidad del negocio la lleva la mano derecha de Elkin, Leidy. Ella es quien registra la mercancía que reciben de cada proveedor y la que despachan a sus clientes, así como las inversiones y ganancias producidas por “La Julianita”. Ella anota estos números en una libreta y luego otra empleada los digitaliza para analizarlos e implementar estrategias que incrementen las ganancias.

Para evitar errores en la contabilidad, Leidy escribe la mercancía vendida y las ganancias en una hoja y luego las pasa a una versión definitiva. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M
“Algún día seré dueña de un local aquí, algún día”, dice Deyaneira Mendoza. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.

Pese al gran esfuerzo que conlleva trabajar en horas nocturnas y con cargas pesadas, el ambiente en Centroabastos es filial y se siente el apoyo entre colegas. Es común observar que los comerciantes se presten mercancía y esta sea repuesta el siguiente día de mercado. En especial, Elkin lleva una relación afable con sus empleados y los motiva a trabajar animados con chistes entre ellos o música amenizadora. Además, la ternura de los gatos que frecuentan las bodegas los ayuda a mantenerse activos, ya que están maullando y pidiendo comida constantemente. Al preguntarle a Elkin qué siente al ver su negocio, expresó: “Me siento muy orgulloso de que todo mi esfuerzo haya valido la pena. Gracias a eso, trabajo tranquilo y no debo esforzarme mucho físicamente, a comparación de mis trabajadores. Únicamente es necesario que tenga mi celular a la mano, pues puedo estar al pendiente desde la distancia y disfrutar mi tiempo haciendo deporte, diligencias familiares o viajando.

En el mercado habita una gran cantidad de gatos, los cuales son alimentados por los trabajadores. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.
Elkin es una persona risueña y suele contar chistes a sus empleados. /FOTO MARÍA JULIANA CABALLERO M.