Una de las películas que sorprendió al inicio de este año fue el musical “La la land, Ciudad de sueños”. Los musicales son películas que en estos tiempos son vistas con cierto recelo, tanto por productores como por los espectadores, debido en parte a que en el imaginario colectivo es considerado a veces como un género menor, en donde la narración está supeditada a las canciones y a las coreografías, y esto le resta importancia al contenido del filme.

De hecho, así fueron las primeras películas de este tipo. Pero, durante las décadas del 30 y el 40 en Hollywood, el musical llegó a su mágico esplendor y consolidó películas capitales para la historia del cine, con gran calidad técnica y con narrativas novedosas, entre ellas “Viva Las Vegas”, con Elvis Presley; “Alta sociedad”, protagonizada con Frank Sinatra y Grace Kelly, y la inolvidable “Cantando bajo la lluvia”, con Gene Kelly.

Los musicales históricamente han simbolizado al cine de Hollywood, por la espectacularidad de sus escenarios y la complejidad de sus coreografías, sin embargo, dentro de la Nueva Ola Francesa, también estuvo Jacques Demy, director que desarrolló parte de su obra en este género, incluso, en películas que denunciaban problemas sociales de su entorno, por ejemplo: “Los paraguas de Cherburgo”, con la bella Catherine Deneuve.

Hacia los años 60 el musical fue decayendo, salvo contadas excepciones como “Grease”, Mary Poppins”, “West Side Story” y más recientemente, “Moulin Rouge” y “Nine”. Por lo anterior, un primer reto del director de “La la land”, Damien Chazelle, fue apostarle de nuevo al musical para construir un relato contemporáneo sobre dos jóvenes que se encuentran en Los Angeles, California, y que intentan cumplir sus sueños: Mia (Emma Stone) es una actriz de provincia que trabaja en un café ubicado dentro de los estudios Warner, allí puede ver de cerca de las estrellas de Hollywood, al mismo tiempo que realiza audiciones para diversos castings buscando obtener un papel en el cine o la televisión.

Sebastián (Ryan Gosling) es un pianista de jazz que desea tener su propio bar, un lugar en donde la gente pueda disfrutar de auténtico jazz en vivo, aunque al parecer el género esté muriendo.

Esta parece ser una de las principales premisas del filme: cada vez hay menos espacio para el auténtico arte. Tanto Mia como Sebastián son artistas talentosos que buscan hacer su carrera en la ‘ciudad de los sueños’, Los Ángeles, pero la superficialidad y el frenetismo del entorno, inclusive de la industria del entretenimiento, hace que duden sobre su futuro. Al no encontrar fácilmente un espacio terminan cuestionándose sí realmente son talentosos, o simplemente si son alguien más dentro del gran grupo de gente que alguna vez pensó ser un artista cuando realmente nunca lo fue.

Este es el planteamiento de la cinta, dos artistas jóvenes que se encuentran por casualidad, y tratan hacer sus carreras, ahora, además de abrirse paso en la industria del entrenamiento, la pregunta que se plantea es si lo lograrán juntos, ya que en el camino se fueron enamorando.

Uno de los aspectos que más atrae de esta película es que a pesar de estar construida sobre una atmósfera idílica, romántica y algo fantástica, sin olvidar que, al ser un musical, parte de sus secuencias son elaboradas coreografías, Chazelle logra articular este mundo con la realidad.

La narración juguetea hábilmente con la alegría y el colorido que le otorga el musical, incluso se permite un gran tiempo de romanticismo puro y clásico (y de paso un homenaje a los musicales precedentes), pero una vez allí escalona un drama y aterriza sutilmente al espectador a la realidad entre lo que pudo ser y lo que realmente es, entre lo ideal y lo real. Da pistas sobre el espacio off del arte: En el caso de Mia, algunas audiciones apestan por la forma en como son tratados los actores, y en el caso de Sebastian, de qué sirve ser un músico virtuoso en una época en donde la pasión orgánica del interprete es reemplazada por sintetizadores y sonidos digitales.

Chazelle fue el director de la comentada “Whiplash” sobre la historia de un joven baterista que entra a una prestigiosa academia y allí se encuentra con un temible maestro. “La La Land” es su séptima película, y al igual que la anterior, en esta la banda sonora es exquisita, el jazz estalla en ambas películas.

René Alexander Palomino R.
rpalomino@unab.edu.co
@renepalominor
*Docente del Programa de Artes Audiovisuales de la UNAB.

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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