La lente del conflicto

Una mirada a la vida de Carmen Cecilia Pedraza Bermúdez, una periodista que ha enfrentado los desafíos del conflicto armado con valentía y determinación, desentrañando la verdad detrás de cada historia.

Por Catalina Gómez / mgomez781@unab.edu.co

Cuando se está en el monte, en medio del conflicto interno, con los paramilitares y la guerrilla, la vida se convierte como una montaña rusa que está llena de emociones y experiencias. Historias que se transforman en crónicas de vida, testimonios de valentía y búsqueda incansables de la verdad. 

Todo comenzó con el diario El Espectador, estuvo más de 20 años, hasta finales de los años 90 y comienzos del 2000 cuando llegó la crisis económica que lo llevó a su cierre, para luego convertirse en semanario, hasta regresar a diario y ser lo que hoy conocemos. Antes, Carmen Cecilia Pedraza Bermúdez era una joven reportera dedicada a cubrir partidos de fútbol, competencias de ciclismo, atletismo y temas relacionados con el mundo del deporte. 

Uno de los reporteros de este medio había sido trasladado para Bogotá, así que esta era su oportunidad. Decidió embarcarse en una travesía periodística que marcaría su carrera de forma imborrable. 

En la edición XVIII del Día del Fotógrafo y del Camarógrafo en Santander, Carmen Cecilia Pedraza recibió un homenaje por su reconocida valentía y profesionalismo durante sus cubrimientos en zonas de riesgo. /FOTO SUMINISTRADA

El periodismo de conflicto resonó en su corazón, despertó una mezcla de adrenalina y determinación, que la sumergió de lleno en una realidad que, para muchos, no les quita el sueño y para otros una herida abierta que parece no sanar. Además de que por este medio le permitía seguir con sus obras sociales que desde muy niña hacía. 

Recuerda cuando en una de las masacres que ocurrieron en San Pablo (Bolívar), cuando la llevaron y ubicaron todas las personas que habían fallecido, uno de ellos tenía el cerebro por fuera, su cabeza partida en dos, ella decide cogerlo y ponerlo de nuevo dentro de su cráneo. 

En este pueblo, a 96,9 kilómetros de Bucaramanga, tuvo que enfrentarse a la crudeza de las tragedias, la masacre, pero también, era la fuerza para buscar respuestas, para indagar más allá de las fuentes oficiales, de lo evidente. 

Hoy, aunque su nombre permanezca alejado de lo que ocurre en estos momentos con el conflicto, su legado como reportera gráfica perdura en cada historia que logró sacar a la luz, en cada injusticia y en cada verdad revelada. Esta es la historia de una mujer que decidió dejarlo todo, enfrentarse con lo que estaba ocurriendo e indagar -como muchos dicen- sin pelos en la lengua. 

¿Por qué cubrir el conflicto interno?

Cuando me llegó la oportunidad de El Espectador, me dijeron que era para cubrir conflicto armado y a mí me llamó la atención, ya que me gusta la adrenalina, el peligro. Fui criada de esa manera, viviendo cosas muy duras. Entonces lo veía normal. Debía ir a combates y ver muertos y a mí eso no me daba miedo o me aterrorizaba. Vi también una posibilidad de seguir con mis obras sociales, las que hacía desde niña. En algunas masacres a veces quedan niños huérfanos, mujeres y hombres viudos, entonces lo tomé como una manera de ayudarlos. 

Me iba al monte a cubrir conflicto, estuve en Vallecito, Serranía de San Lucas, parte de Arauca, Barrancabermeja, en la masacre del filo de Turbay, Cachirí, Santa Cruz de la colina… Hice acompañamientos con Bienestar Familiar y el Ejército, llevamos a sobrevivientes a revisión médica, para que se bañaran y a recibir ropita.

Esta fotografía hace parte de los recuerdos de Carmen Cecilia. Fue rumbo a La Guajira haciendo obras con la Fundación FUDESI. /FOTO SUMINISTRADA

¿Qué le dijo su familia cuando notaron que cubría el conflicto armado?

Yo me alejé de mi familia. No tenía familia en esos momentos, tenía que olvidarme de todo. Me alejé de mi mamá, de mi papá, de mis hijos, de mis hermanos, de casi todo el mundo, nadie sabía de mí. Incluso pensaban que yo era sola, que yo no tenía hijos. Hasta ahora se están dando cuenta, en pleno 2024. Ni sabían de dónde era. Pero yo no decía nada personal por seguridad, porque podían tomar represalias en algún momento y como uno no sabe qué le va a pasar.

¿Cómo fue la primera vez que cubrió el conflicto?

La primera nota dura, ¡uy! Barrancabermeja, a finales de los 90, en los barrios nororientales. Llegaban a un establecimiento y eso era un pozo de sangre, ver a la persona destruida ahí. En Pozo siete, allá era el matadero de todos. ¡Era una cosa impresionante en los barrios nororientales!, cuando quemaban los vehículos… en fin, esas son unas historias duras. 

¿Cómo se preparaba emocional y mentalmente?

Uno piensa por qué atacan a la persona más humilde, más pobre, más vulnerable y por qué no a los que de verdad tienen, que al menos tienen cómo responder o cómo poder ir a un médico. Desafortunadamente las víctimas son abandonadas por el Estado y nunca han sido reconocidas. 

¿Cómo manejaba ese equilibrio entre la objetividad periodística y la empatía con las víctimas?

Me ponía más en el lugar de la víctima, porque eran personas muy pobres. Mire, San Pablo (Bolívar) ahorita está avanzando, ya tiene ya calles pavimentadas, pero cuando lo conocí todos los niños y las señoras iban descalzos o con chanclas de tres puntadas. Eso era pura tierra y el polvero que levantaba un carro o una moto era impresionante. Demasiado pobre la gente. Si la mamá o el papá trabajaba, les tocaba a los niños quedarse solos en la calle, eso es una cosa muy dura. Entonces yo recogía ropita en perfecto estado, llevaba medicamentos, juguetes, mercados… 

Esta fotografía hace parte de los recuerdos de Carmen Cecilia. Está con sus amigas misioneras seglares Carmenza Cedido y Nidia. /FOTO SUMINISTRADA

En el contexto de un conflicto interno, palabras como paz, justicia y reconciliación a menudo tienen significados profundos y complejos. ¿Podría compartir su interpretación de estas palabras basadas en su experiencia?

La paz es lo que se trata de buscar, lo que se quiere alcanzar, pero como no hay justicia ni reparación a las víctimas, no hay la posibilidad de llegar a ella. Además, porque hay muchas personas que también se hacen pasar por víctimas y no lo son, simplemente lo hacen para conseguir el beneficio que les da el gobierno y sí dejan a las personas necesitadas en la misma pobreza.

¿Alguna vez ha enfrentado alguna amenaza o intimidación por su trabajo? 

Nunca demostré miedo. Afortunadamente nunca me pasó nada, sobre todo en el sur de Bolívar, donde de verdad estaba yo metida en el conflicto armado. Si estaba con los paramilitares y tenía que entrevistar a la guerrilla, entonces le decía al paramilitar: “Voy para donde la guerrilla, si no aparezco me buscan”; y al guerrillero le decía le decía lo mismo: “Voy para donde los ‘paracos’”. Ya tenía confianza con ellos, me chanceaba con ellos, sobre todo con los comandos, con los duros, porque tocaba estar al lado de ellos, ¿por qué?, porque llegaba el momento en que un paramilitar raso lo atacaba a uno sin motivos, entonces le decía: “Vengo a cubrir una noticia, voy a mostrar lo que está pasando acá. Ni quiero entrevistarlo a usted, ni quiero hablar con usted y menos tomarle una foto”. A veces les tomaba el pelo para que se rieran, para romper esa barrera.

¿Cuál es su análisis del trabajo en esas zonas?

Es una experiencia, para mí, muy enriquecedora. Porque me enseñó a valorar a la gente y a quererme, valorarme y respetarme. 

Saqué una conclusión: ¿qué busca un guerrillero o un paramilitar cuando hacen esa clase de crímenes? Buscan protagonismo. Quieren ser importantes y nosotros, los medios de comunicación, caemos como bobos, como tontos en llevarles la cuerda. Pensaba, ¿por qué tengo que resaltar y felicitar a los tipos que matan? Ellos son los primeros que buscan el periódico para ver qué les publican y hacen fiesta cuando publican.

  • ¡Uy, mire!, mojamos primera página…
  • ¿Sí ve?, salimos en Caracol, en RCN… Somos protagonistas.

Yo trataba de hacer una noticia diferente. El medio sí exigía que llevara la foto del muerto, de la persona llorando encima del cajón… Pero también trataba de mostrar otras cosas.

Universidad Autónoma de Bucaramanga