Cielo Patricia Sánchez Puccetti siempre lleva la foto de su hijo, Rafael Andrés Plata Sánchez. También viste una camiseta con la misma imagen. Es una fotografía que le tomaron el día de la primera comunión, cuando apenas tenía nueve años. / FOTO LUIS ÁLVARO RODRÍGUEZ BARRERA

Por Xiomara K. Montañez / [email protected] y Luis Álvaro Rodríguez / [email protected]

«Estoy buscando una palabra en el umbral de tu misterio” canta Silvio Rodríguez en su tema “Quién fuera”. Es la frase que nos lleva a recordar la tarde del viernes 15 de noviembre de 2019 en una oficina de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, cuando Cielo Patricia Sánchez Puccetti (Cúcuta, 63 años) decidió sentarse a hablar con pocos detalles y recuerdos de Rafael Andrés Plata Sánchez, su hijo. No quiso recibirnos en su apartamento ubicado en Girón, vía a Chimitá, zona industrial del área metropolitana. Marcando el acento, pegando una palmada sobre la mesa y mirándonos a los ojos, expresó que ese lugar no le gustaba, que allí no se sentía bien, y que prefería salir.

Dos horas después –y ahora recordando al cantante cubano-, descubrimos que es “un corazón que se esconde, que está en fuga, herido de dudas de amor”. Cielo –le gusta más que la llamen Patricia-, aún no encuentra la melodía de su vida. Nos habló con la rabia que no se despega de sus sentimientos, que pareciera, no la deja empezar de nuevo y la encierra en la pesadilla de perder un hijo cuando este apenas alcanzaba la mayoría de edad. También nos miró con el cariño con el que una madre mira a sus hijos y les da consejos, y nos abrazó con la esperanza de un reencuentro, pues asegura que volveremos a tener noticias suyas, que no descansará hasta que el caso de su hijo sea reconocido como un crimen de lesa humanidad.

Una cosa más nos dijo, luego de discutir sobre el papel que cumple la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que “es un lugar donde reina la impunidad. Los militares que mataron a mi hijo están llegando allá a contar lo que ya contaron en las audiencias en los procesos de justicia ordinaria”, dice al voltear la espalda. De nuevo fue un corazón en fuga, “en medio de un mar de delirios”, como cantó Silvio.

¿Justicia “a medias”?

Sala 39 de audiencias del Palacio de Justicia de Bucaramanga. 31 de octubre de 2019. Quince días antes del encuentro en la Unab. Con la mirada clavada en el juez: así permaneció durante hora y media Cielo Patricia mientras escuchaba el fallo condenatorio contra dos miembros del Ejército por la muerte de su único hijo, Rafael Andrés Plata Sánchez, y de dos jóvenes más: Carlos Mauricio Nova Vega y otra persona sin identificar.

Audiencia del 31 de octubre en la que fueron condenados a prisión el teniente del Ejército, Daniel Felipe Estepa Becerra, y el soldado profesional, Yefri Danilo Coronel, por los delitos de homicidio en persona protegida y secuestro. En total son 47 años y seis meses de cárcel los que deben purgar. / FOTO LUIS ÁLVARO RODRÍGUEZ BARRERA

Permaneció sentada en primera fila, impaciente hasta que escuchó el término “condenados a prisión”. De inmediato soltó el vaso plástico con tinto, sacó su celular y empezó a hacer cuentas: 570 meses que se traducen en 47 años y seis meses de cárcel para el teniente del Ejército, Daniel Felipe Estepa Becerra, y el soldado profesional, Yefri Danilo Coronel, por los delitos de homicidio en persona protegida y secuestro. Lo anterior como parte de un caso de ‘falsos positivos’ ocurrido el 25 de agosto de 2008 en la vereda Islitas del municipio de Hacarí, Norte de Santander, ubicado a 272 kilómetros de la capital de Santander.

No se demoró en guardar el dispositivo cuando se conoció una nueva decisión: Estepa Becerra estará en manos de la JEP, pues según el juzgado es necesario suspender la orden de captura por una resolución que involucra al teniente con esa justicia especial.

Cuando llegó el turno para que su abogado Leonardo Díaz interviniera, la mujer cucuteña esperaba con su mano izquierda apoyada sobre el mentón y su pierna izquierda montada sobre la otra. Una a una iba escuchando las razones de la apelación. La petición principal era que el crimen fuese declarado de lesa humanidad.

El sentir de una madre

No quiso tomar bebida alguna. Se quitó las gafas oscuras, las guardó en el estuche y se dispuso a hablar. Se veía tensa, pero confesó que se sentía tranquila hablando lejos de su casa. Recordó que la noche de ese lunes 25 de agosto había acordado encontrarse en la noche con su hijo: “íbamos a comer”. Cansada de esperar y sin razón de su paradero, salió a buscarlo a pie por todo el centro de la ciudad. Hasta que le dieron las cuatro de la mañana del día siguiente. Agotada regresó a su casa sin razón de su ubicación; lejos de sospechar que su hijo, de tan solo 18 años, ya había sido asesinado.

Cielo Patricia Sánchez Puccetti conoció al reclutador de su hijo, Alexander Carretero Díaz, encargado de coordinar el traslado de las víctimas de ‘falsos positivos’ en casos emblemáticos como la muerte de 14 jóvenes de Soacha, Cundinamarca. / FOTO LUIS ÁLVARO RODRÍGUEZ BARRERA

“No teníamos una vida muy buena, pero de ese tema no me gusta hablar. Nos veíamos todos los días, a pesar de nuestros conflictos. Cogió malas amistades -baja la mirada producto de la tristeza que le produce recordar a Rafael Andrés- y entró al mundo de las drogas. Discutíamos, no le gustaba que lo aconsejara, me decía que le echaba la ruina, era desobediente. Alcanzamos a almorzar juntos. Fue la última vez que lo vi. Nunca me comentó nada del viaje”, relata.

Solo tiene una foto de su hijo, pero la tiene en todos lados: como fondo de pantalla de su teléfono, de perfil en su Whatsapp; también la tiene estampada en una camiseta blanca -que utiliza solo para este tipo de diligencias- y en una escarapela de cordón verde que permanece amarrada a su bolso de tela. Es un retrato de Rafael Andrés, de apenas nueve años, tomado el día en que hizo la primera comunión.

Hace parte de su cotidianidad llevarlo. Pese a que la gente la mira con algo de extrañeza, ella no lo percibe y tampoco le interesa lo que piensen. La imagen es un símbolo de su lucha y a la vez, una carga que la agota al responder por qué lo lleva aferrado a su pecho.

‘Reclutando inocentes’

Así denominó la Fiscalía el alegato inicial del proceso. En el camino fue sustentando su teoría basada en un testigo estrella: Alexander Carretero Díaz, el encargado de coordinar el reclutamiento y traslado de los tres jóvenes. Su testimonio compromete “seria y definadamente (sic)” a Estepa Becerra y Coronel, según la sentencia.

En la tarde del lunes 25 de agosto de 2008, los tres jóvenes se encontraban en el parque Centenario de Bucaramanga, según Cielo Patricia, su hijo no estaba compartiendo con los otros muchachos. En ese lugar fueron abordados y con falsas promesas de trabajo -así los sostiene el fallo- fueron engañados.

De la capital santandereana salieron en compañía del reclutador y en horas de la noche de ese mismo día llegaron a Hacarí, lugar en el que supuestamente iban a ser empleados.

El primer contacto con los militares fue a través del soldado Coronel, quien los recibió en Ocaña (Norte de Santander) y luego los condujo al punto de encuentro con el teniente Estepa Becerra en la vereda Islitas de Hacarí. Al sitio llegaron a las 9 de la noche.

En el mismo lugar, fueron asesinados Plata Sánchez y Nova Vega; el tercer joven alcanzó a correr, sin embargo, fue alcanzado por los impactos de bala y hallado en la madrugada del otro día a 70 metros de distancia de los otros dos cuerpos; fue el único al que no le encontraron documento alguno que permitiera saber su nombre. Los tres recibieron la mayoría de los impactos de bala en la espalda.

Aunque Carretero Díaz haya sido “reticente” durante las audiencias -sobre él pesan dos condenas a prisión: 17 años por estos hechos y 44 por el reclutamiento de 14 jóvenes de Soacha-, el juez reconoció su testimonio como único y veraz, al no encontrar contradicciones con el informe suministrado por el investigador Edgar Ramos Saldaña. El criminalístico llegó a la conclusión de que lo ocurrido no hizo parte de un enfrentamiento.

“Los hechos violentos donde resultaron muertos los señores Rafael Andrés Plata Sánchez, Carlos Mauricio Nova Vega y NN masculino, no son compatibles con aquellos casos comprobados de combate o enfrentamiento armado entre miembros de la Fuerza Pública y grupos al margen de la ley”, dice la segunda conclusión de la pesquisa, citada en la sentencia.

Al preguntarle por Carretero, esta mujer toma posición como en un campo de batalla. Sus argumentos son las armas para no dejar en el olvido a este hombre. “Carretero es un desgraciado. En Ocaña me pidió perdón. Es un perdón hipócrita”, cuenta mientras se acomoda la camiseta con la imagen de Rafael Andrés. “El día que reconoció lo que hizo, dijo que estaba ofendido porque al llevar a los jóvenes desde Bucaramanga hasta Hacarí, casi lo matan. El acuerdo que tenía con los militares era trasladarlos hasta el lugar donde los iban a matar, pero al parecer no se corrió del punto donde les iban a disparar, y casi lo matan”, relata la madre.

En esa audiencia ella también conoció detalles en los que no había querido ahondar para contener su dolor. Fue inevitable. El “reclutador” contó que los jóvenes se quejaron todo el camino porque viajaban incómodos, que constantemente preguntaban la hora y que se sentían cansados. Según Cielo Patricia, no dijo nada más. No obstante, ella, como otras madres, familiares y sobrevivientes de los ‘falsos positivos’, sabe que el cuerpo de su hijo fue vestido con pantalones camuflados, que tenía botas sin medias, de hasta dos tallas menos o más, y que no fueron puestas en el pie que era. “Dizque les ponen revólveres más grandes y letales que los que usan los militares”, agrega.

Además, asegura que no sabe de dónde su hijo conoció o cómo hizo contacto con este hombre. “Eso no lo sabe nadie. Hacen bien hechas las cosas, pero no perfectas, porque ningún homicidio es perfecto. Y tengo fe en Dios que un día caerán”, aseguró.

Aunque podría haberse presentado como un tercero civil que patrocinó acciones de uno de los actores del conflicto, y que podría ser incluido en el marco del caso 03 de la JEP en el cual se juzgarán los ‘falsos positivos’, se conoce que la solicitud de Carretero fue hecha como integrante de la Fuerza Pública, según reveló el diario El Tiempo.

No eran ‘Elenos’

A Plata Sánchez, Nova Vega y otra persona sin identificar, los presentaron como guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (Eln) muertos en combate en la operación ‘Alcatraz’, desplegada contra supuestos miembros del frente ‘Carlos Armando Cácua’.

Inicialmente, la Fiscalía pidió vincular al proceso a otros siete militares: el suboficial Hugo Andrés Ordóñez González y los soldados profesionales Willigton Ortiz Pineda, Manuel Ríos Moreno, Nelson Darío Castellanos Lizarazo, Alfonso Cubides, Jaider Sanguino Sarabia, Martín Rodríguez González y Raúl Antonio Durán Salcedo. No obstante, el juez los absolvió. Los uniformados pertenecían a la compañía Córdoba del Batallón de Infantería N° 15 ‘Francisco de Paula Santander’, adscrito a la Trigésima brigada de Cúcuta.

A pesar de esta decisión, la Fiscalía fue la única parte que no apeló la sentencia y estuvo conforme con la condena. Asimismo, el ente investigador tiene como plazo máximo hasta el 31 de enero de 2020 para conocer la identidad del tercer joven, según lo dispuso el juez.

Luego de casi cuatro horas de conversación y antes de partir, Cielo Patricia sale a caminar por el jardín de la Universidad. Aún no comprende por qué su hijo fue presentado como una “baja en combate”. Dice con firmeza que durante las audiencias no solo testificó sino que preguntó: “¿cuál guerrillero estuvo en centros de rehabilitación, cuál viene a la Fiscalía y va al Palacio de Justicia meses antes de su muerte a interponer una demanda en contra cinco policías por los golpes que recibió durante una requisa? Rafael Andrés se presentó al Ejército porque quería prestar el servicio militar. ¿Cuál es el guerrillero que hace eso? No pudo entrar porque presentó varicocele”.

Nadie le responde. Como cantó Silvio Rodríguez, se marcha y su corazón levanta muros y se va a la fuga de los recuerdos que prefiere guardar. “Creo en la reencarnación y me ha servido mucho entenderla. Algún día se me dará la oportunidad de volvernos a encontrar con Rafael Andrés en una próxima vida, pero antes hay un término que quiero oír: ‘crimen de lesa humanidad’”, concluye.

Universidad Autónoma de Bucaramanga